La web social, por mkhmarketing, en Flickr (8468788107), con licencia CC by
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Toda empresa es una empresa de software. Y de comunicación, también.

Lo de “Toda empresa es una empresa de software” se ha convertido ya en un adagio. Aún quedan, es cierto, negocios que no tienen una elevada dependencia del software, pero son empresas que no han evolucionado, para las que el siglo XXI aún no ha comenzado y que tienen los días contados, inexorablemente. Para las demás, sus sistemas informáticos son la base de su actividad, la fuente de sus principales ventajas competitivas y una de las principales prioridades de inversión continua.

Tengo una mala noticia, no obstante: esa frase ya está anticuada. Quienes, en 2014, estén aún intentando convertirse en una empresa de software o acaben de darse cuenta del diferencial de valor que se consigue por medio de la tecnología tienen un serio problema. Deberían hacer todo lo necesario para alcanzar el nivel tecnológico adecuado en un tiempo mínimo y prepararse para el siguiente paso, pues muchos de sus competidores ya lo han dado.

¿Y cuál es el siguiente paso? Convertirse en un medio de comunicación. Como digo, muchos ya están allí: abundan las marcas que tienen, hoy, más capacidad de generación de contenidos que la que tenían muchos periódicos regionales hace una década. Y no sólo eso: muchas cuentan con audiencias notablemente más nutridas. A modo de ejemplo (y salvando las distancias conceptuales), hoy hay literalmente docenas de periódicos en España con menos lectores que “Me gusta” tiene la página de Coca-Cola España en Facebook. Además, las marcas tienen una capacidad natural para embarcarse en la redifusión de contenidos de terceros, cuando estos encajan en su territorio de comunicación, lo que las dota de capacidad no sólo de producción, sino también de amplificación y las iguala con cualquier medio al uso. >> Seguir leyendo Toda empresa es una empresa de software. Y de comunicación, también.

Gorras RSS, por Robert Scoble, en Flickr (3044172251), con licencia CC by
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Por qué no renovaré mi Feedly Pro

En el verano de 2013, Google Reader dejó de existir. Quienes usábamos con intensidad feeds RSS nos encontramos, de repente, en busca de una herramienta potente que nos permitiera continuar con nuestra costumbre diaria. Feedly supo aprovechar el momento y sumó más de ocho millones de usuarios en un par de meses desde el anuncio de cierre por parte de Google.

Poco después del cierre de GReader, Feedly anunció su versión Pro. Esta versión de pago proporciona, en teoría, beneficios como la integración directa con varios servicios bien conocidos, como DropBox o Evernote y otras funcionalidades, como la búsqueda en texto completo en los feeds, además de otras cosas aún menos destacables. A cambio, 45 dólares al año. Hace unos días me llegó el aviso de renovación y me he asegurado de darme de baja para evitarlo.

¿Acaso no me ha gustado Feedly? No es eso: claro que me gusta. Lo que no me gusta es Feedly Pro, a ese precio. No tengo la sensación de recibir suficiente valor por 45 dólares al año. La integración con Evernote la puedo hacer de maravilla a través de IFTTT (aun con algo menos de flexibilidad) y, sinceramente, no recuerdo las (escasas) ocasiones en que he aprovechado la búsqueda completa. Obviamente, que a mí no me termine de convencer no significa nada, en términos generales: puede haber cantidades ingentes de usuarios Pro que estén encantados. Dependerá del uso que cada uno le dé. Además, también hay que considerar otro factor: muchos usuarios pueden estar dispuestos a pagar para apoyar un negocio que les (nos) sacó de un problema cuando cerraba Google Reader.

Seguiré usando Feedly, sin duda. El producto básico no es nada malo y su gran base de usuarios hace que tenga presencia en IFTTT o que Evernote le preste atención como para facilitar la integración. Todo esto hace que pensar en pasar a otro producto, como Inoreader, suponga sacrificar demasiadas ventajas que juegan a favor de Feedly. Y, por supuesto, si dentro de unos meses me encuentro con que echo de menos las funciones Pro, no dudaré en volver a contratar la cuenta de pago.

  • Imagen: Gorras RSS, por Robert Scoble, en Flickr (3044172251), con licencia CC by
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Oficinas de Softonic, por Pedro Lozano, en Flickr (4058303719), con licencia CC by
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Softonic, ¿otra empresa más que ha olvidado quién es su cliente?

Ayer, saltó la noticia del ERE en Softonic, una empresa que había ocupado el primer puesto en no pocos rankings de mejores lugares para trabajar y a quienes era habitual ver en eventos técnicos captando activamente a los mejores profesionales.

La última vez que yo hablé sobre Softonic fue hace ahora unas tres semanas, con quien ahora es mi exjefe (acabo de cambiarme de trabajo). Hablábamos sobre el ambiente startup y sobre la dificultad de mantener a los buenos profesionales en la casa, contentos y motivados. Y salió Softonic en la conversación, como lugar paradójico: un sitio en apariencia muy atractivo para trabajar pero con un modelo de negocio realmente cuestionable. Pocos días antes, Softonic había intentado “timar” a José Manuel con multitud de trucos de interfaz cuando intentaba descargarse, atención, WinZip. En los últimos tiempos, es una auténtica gesta descargar algo desde Softonic sin incurrir en costes ni terminar con el PC lleno de adware y barras de navegador. >> Seguir leyendo Softonic, ¿otra empresa más que ha olvidado quién es su cliente?

Portada de Billage
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Análisis de Billage, herramienta de gestión para autónomos y pymes

Hace unos días, me llamó la atención una cuenta que me siguió en Twitter y que representa a Billage, una herramienta SaaS de gestión para pequeñas empresas. Unos días después, me he creado una cuenta de prueba para conocer más sobre la herramienta y contar aquí mi opinión.

Las cosas que más me han llamado la atención de Billage han sido estas: >> Seguir leyendo Análisis de Billage, herramienta de gestión para autónomos y pymes

Tu cliente, por 10ch, en Flickr (3313998177), con licencia CC by
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¿Qué son las customer personas?

Las customer personas son una herramienta de marketing que nos permite representar de una manera práctica y didáctica los distintos segmentos de clientes que se relacionan con nuestra marca (o que queremos que lo hagan).

Tradicionalmente, al acometer un ejercicio de segmentación de mercado, los conjuntos resultantes terminaban por recibir simples identificadores (A, B, C, D o alto, medio y bajo, etc.) Por no mencionar que, en la segmentación convencional, lo habitual es limitarse a la mera descripción sociodemográfica y de consumo de cada uno de los segmentos: que si tal edad, que si tal tamaño de población, que si tal sexo, que si tal nivel adquisitivo, que si tal frecuencia de compra…

Un ejercicio moderno de segmentación no puede limitarse a variables sociodemográficas, sino que ha de ir más allá y apoyarse en los insights del consumidor que hayamos podido desvelar: sus intereses (los evidentes y los menos verbalizables), las cosas que les preocupan, sus opiniones acerca de cuestiones que les resultan relevantes y otros patrones y hábitos de comportamiento que nos ayudan a entender por completo a nuestro consumidor.

Un customer persona o marketing persona consiste, simplemente, en ir aún más allá y, a cada uno de nuestros segmentos de mercado, asignarle una representación idealizada de un consumidor, con su nombre y apellidos y, habitualmente, incluso con una o varias fotografías, así como una narrativa más o menos extensa de sus intereses, hábitos y peculiaridades. Así, donde antes teníamos al segmento A y al B, ahora podemos tener a Juan Martínez y a Verónica Castro, como representaciones idealizadas de todos los miembros de sus respectivos segmentos.

Este podría ser un ejemplo (completamente inventado) de customer persona: >> Seguir leyendo ¿Qué son las customer personas?

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