Twitter en el NYSE, por Garrett Heath, en Flickr (10779582136), con licencia CC by
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Cómo elegir a quién seguir en Twitter. Y a quién no.

Hace poco, un ex-compañero de trabajo me preguntaba que cómo podía hacer para seguir a tanta gente en Twitter. Mi respuesta fue: ¿Tanta gente? Sólo sigo a unas 1.900 personas. ¡Eso deberías preguntárselo a quienes siguen a 200.000!

Lo cierto es que no sigo ninguna regla rígida para decidir a quién sigo en Twitter y a quién no. Lo que sí hago es usar una serie de criterios y de prácticas en mi uso diario de Twitter que me permiten tener la casa más o menos ordenada (ahora entro en detalle en eso), pero suelo concederme libertad absoluta para saltarme esos criterios cuando me apetece o cuando encuentro a alguien realmente sorprendente, pero que no encaja en ningún patrón anterior que me hubiera llamado la atención. Al final, si eres más o menos coherente al elegir a quién sigues, seguir a 2.000 personas no es complicado si no aspiras a leer todas y cada una de las cosas que digan y si pasas por tu timeline con suficiente frecuencia.

Supongo que, como en tantas cosas, lo primero y fundamental es decidir qué quieres lograr con tu cuenta de Twitter. ¿Estar informado? ¿Darte a conocer? ¿Divertirte? Seguro que no habrá un único motivo, sino una mezcla de varios y, también, seguro que habrá motivaciones que no querrás verbalizar pero que ahí estarán, en mayor o menor medida: demostrar cuánto sabes de un tema, entrar en contacto con mujeres/hombres, acumular followers para sentirte importante… Sea lo que sea lo que persigas, lo importante es que analices si las personas o marcas a las que sigues en Twitter son coherentes con tus intenciones.

En mi caso, uso mi cuenta de Twitter con fines profesionales, con unos leves tintes personales. A lo largo del tiempo, me ha permitido lograr estos objetivos: >> Seguir leyendo Cómo elegir a quién seguir en Twitter. Y a quién no.

Gráfico de red, por yaph, en Flickr (8553577728), con licencia CC by-sa
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¿Qué son, realmente, los influencers?

Todos hemos oído hablar del término influencer. Lo que quizá no esté tan claro es qué es realmente un influencer y a quién podemos considerar como tal. En lo único en lo que parece haber consenso, en la actualidad, es que identificar a un influencer es mucho más complicado que el mirar un simple par de métricas.

Cuando se empezó a hablar de influencers, hace ya algunos años, rápidamente hubo que echar mano de cifras simplonas para poner el corte en algún sitio y poder decir “a partir de aquí, estos son influenciadores“. Si tenemos en cuenta que, en el año 2008 o 2009, tener más de 1.000 followers en Twitter era muy poco común (ojo, en España), en aquellos tiempos resultaba muy sencillo identificar a eso que se entendía como influenciador: sólo bastaba con poner el corte en la cifra que te pareciera más adecuada y contactar con quienes la superasen, que tampoco eran tantos. Incluso hubo un tiempo en que algunos te lo ponían muy fácil y se definían a sí mismos como influencers. Ahí es ná.

Por aquella época, surgieron herramientas (la más famosa, Klout, en 2008) que prometían mayor precisión y fineza, además de comodidad, al evaluar la capacidad de influencia de alguien. Estas herramientas, entre las que también hay que mencionar a PeerIndex o a Kred, se dedican a masticar los datos de la actividad online de un usuario y generan, básicamente, una puntuación que resume el nivel de supuesta influencia de esa persona. Grosso modo, esas puntuaciones se calculan usando como base las reacciones (likes, retuits, menciones, etc.) y sus métricas más básicas (crecimiento en seguidores, ratio seguidores/seguidos, la propia puntuación de sus seguidores, etc.). De estas herramientas ya hablé también de pasada en un artículo sobre el SIM Score, que es un concepto relativamente cercano a este que nos ocupa hoy. >> Seguir leyendo ¿Qué son, realmente, los influencers?

Texto en cirílico, por Quinn Dombrowski, en Flickr (5124057315), con licencia CC by-sa
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Mi nueva aventura profesional: Bitext

Hoy, os voy a hablar de unos tipos cualquiera. Unos tipos que trabajan en lo que, según algunas métricas, es una PYME, que es algo que sólo hacen los losers. Algunos de estos tipos incluso estudiaron carreras de letras, filologías y tal, de esas que sólo estudian los fracasados a los que no les da la nota para estudiar otra cosa.

Esos tipos trabajaron aquí y allá, siempre cerca de los ordenadores pero sin alejarse nunca del lenguaje, esa habilidad que los homo sapiens hemos aprovechado y pulido hasta niveles nunca antes vistos en nuestro planeta. Picotearon aquí y allá, en proyectos que seguro fueron muy interesantes y en otros que, también con certeza, lo fueron mucho menos. En su interior, sobre todo en el de uno de ellos, había un pequeño fuego que, quizá, no alumbraba demasiado, pero que ahí estaba, calentando de forma incesante sus pensamientos: hay una forma mejor de hacer esto que hacemos. La lingüística computacional ha estado siempre dominada por conceptos que provienen de su pata computacional, matemática, y, paradójicamente, no se ha prestado la atención debida a su vertiente lingüística. La lingüística computacional es, tradicionalmente, computación aplicada a resolver problemas lingüísticos. A esa tortilla, se le podía dar la vuelta: lingüística aplicada a resolver lo que la informática no es capaz de abarcar plenamente. La informática como herramienta, no como solución. >> Seguir leyendo Mi nueva aventura profesional: Bitext

Folleto del Programa Superior en Dirección Estratégica de Marketing y Ventas de IE Business School
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En febrero, nueva edición del Programa Superior de Marketing y Ventas del IE

Estudié en la primera promoción del Programa Superior de Dirección Estratégica de Marketing y Ventas (PSMV) de IE Business School. Ayer, asistí a la conferencia de presentación de la próxima edición, la tercera, que comenzará en febrero de 2015.

El objetivo de este programa es, básicamente, propulsar tu mente marketiniana a un nuevo nivel. Nada de las 5Ps del marketing y Unique Selling Propositions: aunque se repasan los conceptos básicos para asegurar que todos están en la misma onda, en este programa se busca profundizar en la realidad actual del marketing, cada vez más social, más global y, sobre todo, más tecnológico. >> Seguir leyendo En febrero, nueva edición del Programa Superior de Marketing y Ventas del IE

El nuevo SEO vs. el SEO casposillo
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El nuevo SEO vs. el SEO casposo (infografía)

El SEO ha cambiado mucho en los últimos años y parece que aún abundan quienes no se han enterado. Es un error habitual seguir diseñando estrategias SEO alrededor de palabras clave o de link-building masivo, en lugar de alrededor de experiencias de usuario y contenidos de calidad.

Aun a riesgo de sonar repetitivo (en los últimos meses, he hablado de mitos y malas prácticas SEO aquí, aquí y aquí), seguiré insistiendo en lo urgente que resulta abandonar de una vez por todas las burdas prácticas SEO que dejaron de ser eficaces hace ya tiempo (o incluso son ahora contraproducentes).

No debemos pensar que esas prácticas “anticuadas” son territorio exclusivo de “los más viejos del lugar”: hace un par de semanas, cayó en mis manos (e ignoré convenientemente) un “análisis SEO” hecho por un profesional diez años más joven que yo y que bien podría haber sido redactado en 2008. El mal SEO está ahí, esperando a que alguien recurra a él para quedarse contento y tranquilo con que ya ha hecho su trabajo. El buen SEO o, mejor dicho, el buen marketing online, sabe que las visitas son consecuencia de contenidos de calidad, relevantes para tu público, no de dar a Google lo que creemos, erróneamente, que espera encontrar en nuestro sitio.

>> Seguir leyendo El nuevo SEO vs. el SEO casposo (infografía)

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