Sigo pensando en lo de Volkswagen y no deja de sorprenderme lo mucho que nos gusta hacer como el capitán Renault (no pun intended) de Casablanca.

No me refiero ya a que otros fabricantes de automóviles hagan lo mismo de lo que ahora se acusa a Volkswagen, que también, sino a cuántos engaños a clientes y administraciones llevan a cabo, a diario, empresas de todo tipo y de todos los tamaños. Y trabajamos en ellas “tan contentos” (o no), pero luego nos echamos las manos a la cabeza en cuanto pillan a otro.

No avanzaremos éticamente mientras no seamos capaces de señalar con el dedo lo cercano y familiar antes que lo lejano y sorprendente.