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A vueltas con los diccionarios online

En mi vida diaria, hay un patrón muy habitual: con eso de chapurrear varios idiomas, a menudo me encuentro con que me falta alguna expresión o palabra para escribir algo en un mensaje, así que abro el navegador y, de pronto, me puede la pereza, así que en lugar de irme a alguno de los diccionarios online “buenos” que conozco, tecleo en la barra de navegación lo que estoy buscando, veo qué me ofrece Google y, entonces… se me cae el alma a los pies.

No nos engañemos, salvo honrosas excepciones, la mayoría de los diccionarios online y sitios de “traducciones” que hay por ahí sueltos no tienen ninguna intención de serte de ayuda: su único objetivo es seducirte en los resultados de búsqueda de Google para que hagas click. Una vez has caído en su web, lo más probable es que sólo encuentres montones de user-generated content en los que tendrás que bucear para, con suerte, encontrar lo que buscas. Eso sí, esquivando por el camino un buen montón de publicidad hábilmente colocada. Seguir leyendo

La web sufre de obesidad mórbida

A finales de julio, recibí un SMS de mi operador móvil, Movistar, en el que me informaban de que había consumido ya el 90% de mi tarifa de datos de 2GB.

Un par de días después, recién estrenado el mes de agosto, llegó el siguiente SMS, con la funesta noticia de que había consumido ya el 100% del plan de datos, con tan sólo 13 días transcurridos de mi ciclo de facturación.

Pasaba a convertirme en un paria digital, limitado a una velocidad de navegación más propia de los módems que usábamos en los años 90.

No te vayas: esto no va a ser un chorreo sobre los operadores de telefonía móvil y sus leoninas condiciones. El problema no está en mi compañía telefónica: todo ocurrió según el contrato y resolver la situación me resultó cómodo e incluso económico.

Analicé lo que había pasado y vi dónde estaba la causa: navegar por la web ya no es tan “económico en bytes” como en el pasado. Unos días de mayor dependencia del 3G pueden hacer que, incluso sin apenas ver vídeos o descargar música, consumas datos como si no hubiera mañana. El problema está en las webs que visitamos a diario.

Resulta que, actualmente, el tamaño medio de una página web es de más de 2 megabytes (2.099 KB, para ser exactos), medido en el millón de webs con más tráfico. Este tamaño medio se ha duplicado en los últimos 3-4 años y se ha multiplicado por 150 desde 1995.

Es cierto que, al mismo tiempo, también han crecido la potencia de nuestros equipos, el ancho de banda que disfrutamos o la eficiencia de nuestros navegadores, pero no parece que esas mejoras estén compensando por completo el sobrepeso de las páginas webs: según Radware, el tiempo de carga medio de las 100 principales webs de retail a nivel mundial ha pasado de 7,1 segundos en 2012 a 10,4 segundos en la actualidad. Esto último medido en PCs, no en los cada vez más importantes dispositivos móviles, donde hay, además, una enorme diversidad de capacidades de rendimiento en función de la gama de la que hablemos.

El desglose del peso de esa “página web media” de 2 MB es llamativo: más de la mitad de ese peso (1.310 KB) corresponde a imágenes, con los scripts en segundo lugar (329 KB), el vídeo en tercero (227 KB), el CSS en cuarta posición (63 KB) y, finalmente, en último lugar, el pobre y humilde HTML, que sólo aporta 56 KB a la suma.

Claramente, corren malos tiempos para el texto. Me pregunto si la forma de medir de HTTP Archive tiene en cuenta todo lo que esos scripts se descargan tras la carga inicial y de forma dinámica a medida que el usuario interactúa con la página. Apostaría algo a que no, porque eso no es fácil de conseguir por medio de bots. Seguir leyendo

El nuevo SEO vs. el SEO casposo (infografía)

El SEO ha cambiado mucho en los últimos años y parece que aún abundan quienes no se han enterado. Es un error habitual seguir diseñando estrategias SEO alrededor de palabras clave o de link-building masivo, en lugar de alrededor de experiencias de usuario y contenidos de calidad.

Aun a riesgo de sonar repetitivo (en los últimos meses, he hablado de mitos y malas prácticas SEO aquí, aquí y aquí), seguiré insistiendo en lo urgente que resulta abandonar de una vez por todas las burdas prácticas SEO que dejaron de ser eficaces hace ya tiempo (o incluso son ahora contraproducentes).

No debemos pensar que esas prácticas “anticuadas” son territorio exclusivo de “los más viejos del lugar”: hace un par de semanas, cayó en mis manos (e ignoré convenientemente) un “análisis SEO” hecho por un profesional diez años más joven que yo y que bien podría haber sido redactado en 2008. El mal SEO está ahí, esperando a que alguien recurra a él para quedarse contento y tranquilo con que ya ha hecho su trabajo. El buen SEO o, mejor dicho, el buen marketing online, sabe que las visitas son consecuencia de contenidos de calidad, relevantes para tu público, no de dar a Google lo que creemos, erróneamente, que espera encontrar en nuestro sitio.

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Por qué no renovaré mi Feedly Pro

En el verano de 2013, Google Reader dejó de existir. Quienes usábamos con intensidad feeds RSS nos encontramos, de repente, en busca de una herramienta potente que nos permitiera continuar con nuestra costumbre diaria. Feedly supo aprovechar el momento y sumó más de ocho millones de usuarios en un par de meses desde el anuncio de cierre por parte de Google.

Poco después del cierre de GReader, Feedly anunció su versión Pro. Esta versión de pago proporciona, en teoría, beneficios como la integración directa con varios servicios bien conocidos, como DropBox o Evernote y otras funcionalidades, como la búsqueda en texto completo en los feeds, además de otras cosas aún menos destacables. A cambio, 45 dólares al año. Hace unos días me llegó el aviso de renovación y me he asegurado de darme de baja para evitarlo.

¿Acaso no me ha gustado Feedly? No es eso: claro que me gusta. Lo que no me gusta es Feedly Pro, a ese precio. No tengo la sensación de recibir suficiente valor por 45 dólares al año. La integración con Evernote la puedo hacer de maravilla a través de IFTTT (aun con algo menos de flexibilidad) y, sinceramente, no recuerdo las (escasas) ocasiones en que he aprovechado la búsqueda completa. Obviamente, que a mí no me termine de convencer no significa nada, en términos generales: puede haber cantidades ingentes de usuarios Pro que estén encantados. Dependerá del uso que cada uno le dé. Además, también hay que considerar otro factor: muchos usuarios pueden estar dispuestos a pagar para apoyar un negocio que les (nos) sacó de un problema cuando cerraba Google Reader.

Seguiré usando Feedly, sin duda. El producto básico no es nada malo y su gran base de usuarios hace que tenga presencia en IFTTT o que Evernote le preste atención como para facilitar la integración. Todo esto hace que pensar en pasar a otro producto, como Inoreader, suponga sacrificar demasiadas ventajas que juegan a favor de Feedly. Y, por supuesto, si dentro de unos meses me encuentro con que echo de menos las funciones Pro, no dudaré en volver a contratar la cuenta de pago.

© 2018 Manuel Delgado Tenorio

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