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¡Preparados! ¡Fuego! ¡Apunten!

La expresión “¡Preparados! ¡Fuego! ¡Apunten!” suele utilizarse para describir un sesgo cognitivo que está presente en demasiadas decisiones, tanto en las que tomamos individualmente como en las que se producen en entornos colegiados, como las organizaciones.

Esta forma de decidir viene dada por un exceso de apetito por la acción, en la (falsa) creencia de que la inacción es intrínsecamente mala, incluso cuando los datos apuntan a que lo más correcto sería tomar la decisión de no hacer nada. Este sesgo se plasma incluso en el lenguaje que suele rodear los procesos de decisión: normalmente, la gente se reúne para “decidir qué hacer”, no para decidir “si hacemos algo o no”, es decir, se asume que el resultado de un proceso de toma de decisiones es, necesariamente, una acción, sin abrir la puerta de antemano a que la decisión pueda ser no hacer nada. Seguir leyendo

El cortoplacismo no lleva a nada bueno: demostrado

Todos compartimos, de manera intuitiva, la idea de que el cortoplacismo es negativo en el largo plazo. Ahora contamos, además, con un estudio de la Harvard Business School (aunque aún es un working paper) que demuestra cómo el cortoplacismo, superado un determinado punto, lleva al desastre. Advertencia: las matemáticas y la ciencia económica pueden hacer que más de un gestor se avergüence de sus decisiones.

El trabajo de Nelson P. Repenning y Rebecca M. Henderson muestra un modelo que representa la relación entre las decisiones cortoplacistas para conseguir los objetivos y la capacidad (capability) de una empresa para lograr ventajas competitivas en el largo plazo. Concretamente, este estudio revela que es posible identificar un umbral a partir del cual la concentración en los resultados a corto plazo hace disminuir la capacidad, con lo que la empresa comienza un “camino hacia el fracaso”.

Pero… ¿qué es cortoplacismo?

Pongámonos de acuerdo, antes de continuar, en una definición de cortoplacismo. Esto es importante porque la etiqueta cortoplacista puede usarse con fines peyorativos para designar decisiones que, aun erróneas, no tienen por qué entrar realmente en esta categoría. Una definición de mi cosecha pero que encaja en el marco del trabajo de Repenning y Henderson podría ser: Seguir leyendo

El Cisne Negro: el impacto de lo altamente improbable

Leer The Black Swan: the impact of the highly improbable es un placer para el cerebro. En sus trescientas páginas, Nassim Nicholas Taleb analiza con minuciosidad las causas y consecuencias de una circunstancia aparentemente inocua: la dificultad que tenemos los seres humanos para identificar los eventos con escasísimas probabilidades de ocurrir o basados puramente en el azar. Nuestra percepción, limitada, y nuestra excesiva dependencia del conocimiento adquirido para realizar predicciones futuras nos convierten en presas fáciles de aquellos hechos que no encajan en nuestros patrones conocidos y manejables de pensamiento.

Recuerdo hoy este libro, de lectura imprescindible para quienes se muevan en el entorno empresarial y financiero y, desde luego, para quienes deseen profundizar en el pensamiento crítico, tras leer esta entrevista a Taleb en The McKinsey Quarterly. Ligerita, pero muy adecuada para quienes se acerquen a sus propuestas por primera vez.