Everything from:redes sociales

Síndrome postvacacional

La vuelta a la actividad laboral después del verano trae, año tras año, la cansina repetición de una dinámica, ya un patrón, en las redes sociales.

Todo comienza con personas que manifiestan su descontento con tener que volver al curro tras las vacaciones.

Habitualmente, estas quejas despiertan a su alrededor un coro de voces solidarias, unidas por el dolor que les causa la ausencia del olor a mar, la lejanía de la paella o el arrepentimiento por no haber llegado a visitar aquella pequeña aldea, cuyo evocador nombre apenas se distinguía en aquella señal desvencijada, porque les apartaba de la ruta principal de su viaje.

Hasta aquí, todo fluye con suavidad. Nos abrazamos virtualmente mediante la queja amarga por la lejanía de lo vivido. Nos damos palmaditas digitales en la espalda y nos animamos a mirar con esperanza hacia el año que viene, sabedores de que el camino es largo y lleno de piedras, pero también de que el verano siempre acaba volviendo.

Sin embargo, las dos piezas anteriores, enunciación y coro, suelen venir acompañados de una tercera, mucho menos armoniosa. El Grinch de septiembre.

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Nostalgia de otros tiempos

Hace unos días, me descubrí haciéndome esta pregunta: «¿cuándo fue la última vez que puse un vínculo a otro blog personal en algún artículo?«

Y la verdad es que no supe contestarme. Hace mucho, mucho.

Supongo que es normal pasar por momentos de nostalgia por los tiempos pasados. Pues a mí, estos días, me ha dado por echar de menos aquellos primeros años de «la web 2.0».

Sí, he dicho «web 2.0». ¿A que llevabas años sin oírlo?

Me refiero, por supuesto, a los tiempos previos a la hegemonía de Facebook, Twitter y un par más. Cuando los reyes de Internet eran Blogger y WordPress.com

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Me he puesto a dieta de redes sociales

Hace tres o cuatro semanas, decidí que se acabó.

Se acabó una costumbre que he ido desarrollando a lo largo de los últimos años y que me dificultaba concentrarme y aprovechar bien mi tiempo, tanto el de ocio como el de trabajo.

Esa costumbre consistía en llenar cualquier momento no específicamente ocupado por otra cosa con un vistazo a las redes sociales en las que tengo presencia.

Mandaba un email. Vistazo a las redes sociales.

Colgaba una llamada. Vistazo a las redes sociales.

Momento aburrido en la película. Vistazo a las redes sociales.

Momento de tranquilidad y placidez en la butaca. Vistazo a las redes sociales.

Momento cualquiera. Vistazo a las redes sociales.

Vistazo a las redes sociales. Vistazo a las redes sociales.

Así contado, quizá no parezca particularmente preocupante. Y, a ver, no nos engañemos: no estamos hablando de un problema grave de salud. Es, simplemente, una costumbre estúpida: demasiadas veces, me he descubierto abriendo una nueva pestaña de navegador y visitando Twitter o Facebook o LinkedIn para darme cuenta de que no había cambiado nada porque… no hacía más de 10 segundos desde mi visita anterior.

No he llegado a cuantificar cuántas veces a lo largo del día podía hacer el ciclo de «enciendo el teléfono, abro el navegador, voy a Facebook, miro las notificaciones, me muevo un poco por el timeline, cierro el navegador, abro la app de Twitter, me muevo un poco por el timeline, miro las notificaciones, cambio a la app de LinkedIn, miro las notificaciones, me muevo un poco por el timeline, apago el teléfono«.

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Y va Facebook y la lía

La noticia de la semana pasada fue, sin lugar a dudas, el anuncio por parte de Facebook de un cambio en el algoritmo que determina lo que ves en tu timeline.

Lo de la «muerte del contenido orgánico en Facebook» no debería sorprendernos, a estas alturas. Periódicamente, Facebook le da un meneo a sus algoritmos y, por el momento, todos han ido en la misma línea: más obstáculos a los contenidos de marca, con énfasis reciente en la lucha contra el contenido falso o de baja calidad.

El cambio de ahora afecta a marcas y medios sin distinciones, limitando el alcance de sus contenidos para dejar pasar sólo aquellos que realmente generan engagement en tu red y liberando el espacio para los contenidos creados o compartidos por tus amigos.

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Radiografía de un viral: el caso Tizón

Hace un par de días, publiqué un hilo en Twitter acerca de mi encuentro con Tizón, un perro pastor de Navacerrada (Madrid) que me maravilló con su «genio y figura».

Ese hilo se «viralizó» y la historia ha salido en multitud de medios, tanto online como en la radio.

Si no sabes de qué va la historia, quizá quieras leerla antes:

Voy a analizar los acontecimientos, tanto desde la perspectiva personal como, inevitablemente, desde la visión de un profesional del marketing.

Os cuento.

Lo primero: ¿es real la historia de Tizón?

Real como la vida misma. Lo que cuento ocurrió el 31 de diciembre, mientras iba en bici desde Colmenar Viejo hasta Cercedilla. Yo fui el primer sorprendido por descubrir que Tizón es un «viejo conocido» de la policía de Navacerrada.

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¿Retomamos las notas de Facebook?
Si os pasa como a mí, vuestros blogs personales están más desiertos que un páramo del estado de Nevada. No compensa publicar algo en tu blog y confiar en que lo lean tus pocas docenas de seguidores fieles.

La atención de la mayoría del público ya no está ahí: está en los feeds de notificaciones que les concentran y les presentan lo que quieren ver, filtrado por una selección previa (las personas a las que siguen o con las que están conectados) y dinámica (lo que los demás consideran más interesante en cada momento).

Por eso, ahora cobra fuerza el publicar fuera de tu blog, de tu propiedad, para alcanzar a las huidizas audiencias que ya no nos hacen ni puñetero caso. Dentro de poco, escribiré sobre lo abismalmente más eficaz que resulta, por ejemplo, escribir en LinkedIn Pulse. Otras opciones más abiertas, como Medium, son ya gigantes y siguen cobrando fuerza día a día.

Facebook se ha dado cuenta y se une a la fiesta resucitando una vieja función que dejó morir (o, más bien, mató) hace unos años: las “notas”. A lo que no eran más que “actualizaciones largas”, el equipo de Facebook le ha hado ahora un editor potente y sencillo muy al estilo de Medium o LinkedIn Pulse y un aspecto final también muy en esa línea. Todo ello, con el propósito de que blogueemos dentro de Facebook. A pesar del “miedo” que da el cross-posting, habrá que pensar en probarlo.

Si no encuentras el botoncito mágico en tu perfil de Facebook, ve directamente a https://www.facebook.com/notes

¿Qué sabe LinkedIn sobre ti?
Creé mi perfil de LinkedIn hace ya muchos años. Han sido muchas las cosas que he hecho allí: crear y participar en grupos, administrar páginas de empresa, compartir innumerables contenidos, complementar mi CV con archivos, responder a ofertas de empleo, hacer click en anuncios…

Durante todo ese tiempo, LinkedIn ha estado recopilando, con la paciencia de la que sólo gozan las máquinas, mis datos de actividad para usarlos en su negocio. Ahora, he podido descargarme toda la información de mi actividad en LinkedIn para juguetear con ella yo también.

A pesar de ser bastante activo en LinkedIn, desconocía que era posible descargarse toda la información que tienen almacenada sobre ti. He estado buscando y parece que es algo que anunciaron el pasado mes de septiembre. Conseguir el archivo con todo tu historial es sencillo y, una vez que lo solicitas, prometen generártelo en un máximo de 72 horas (el mío estuvo listo en menos de un día).Sigue leyendo el artículo…

Plague: una app para infectar el mundo con contenidos virales
Plague es una app que apuesta por una forma de compartir contenidos (texto, imagen, vídeo o enlace) distinta a lo que encontramos habitualmente en las redes sociales.

El punto de partida más común en las redes y medios sociales es la creación de una red de “contactos” (o amigos o seguidores o el nombre que se le dé en cada caso). Cuanto más extensa sea tu red de contactos, más probable es que lo que en ella compartes acabe siendo visto por un número elevado de personas. En Plague, sin embargo, no existe la posibilidad de crear ese “séquito” de seguidores o contactos. Todo contenido compartido por cualquier usuario cuenta, en un primer momento, con las mismas probabilidades de acabar “viralizándose”.

Además, la geolocalización de los usuarios es fundamental en Plague: cada contenido que compartimos es difundido a otros tres usuarios físicamente cercanos a ti que, a su vez, elegirán si ignorar ese contenido o si se lo enviarán a otros cuatro usuarios. Cada grupo de usuarios es elegido por su cercanía física con quien difunde el contenido y no hay forma de enviar algo a un usuario concreto. A medida que aumenta tu “índice de infección”, aumenta también el número de usuarios a los que se les envía lo que difundes.Sigue leyendo el artículo…