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Me he puesto a dieta de redes sociales

Hace tres o cuatro semanas, decidí que se acabó.

Se acabó una costumbre que he ido desarrollando a lo largo de los últimos años y que me dificultaba concentrarme y aprovechar bien mi tiempo, tanto el de ocio como el de trabajo.

Esa costumbre consistía en llenar cualquier momento no específicamente ocupado por otra cosa con un vistazo a las redes sociales en las que tengo presencia.

Mandaba un email. Vistazo a las redes sociales.

Colgaba una llamada. Vistazo a las redes sociales.

Momento aburrido en la película. Vistazo a las redes sociales.

Momento de tranquilidad y placidez en la butaca. Vistazo a las redes sociales.

Momento cualquiera. Vistazo a las redes sociales.

Vistazo a las redes sociales. Vistazo a las redes sociales.

Así contado, quizá no parezca particularmente preocupante. Y, a ver, no nos engañemos: no estamos hablando de un problema grave de salud. Es, simplemente, una costumbre estúpida: demasiadas veces, me he descubierto abriendo una nueva pestaña de navegador y visitando Twitter o Facebook o LinkedIn para darme cuenta de que no había cambiado nada porque… no hacía más de 10 segundos desde mi visita anterior.

No he llegado a cuantificar cuántas veces a lo largo del día podía hacer el ciclo de “enciendo el teléfono, abro el navegador, voy a Facebook, miro las notificaciones, me muevo un poco por el timeline, cierro el navegador, abro la app de Twitter, me muevo un poco por el timeline, miro las notificaciones, cambio a la app de LinkedIn, miro las notificaciones, me muevo un poco por el timeline, apago el teléfono“.

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Y va Facebook y la lía

La noticia de la semana pasada fue, sin lugar a dudas, el anuncio por parte de Facebook de un cambio en el algoritmo que determina lo que ves en tu timeline.

Lo de la “muerte del contenido orgánico en Facebook” no debería sorprendernos, a estas alturas. Periódicamente, Facebook le da un meneo a sus algoritmos y, por el momento, todos han ido en la misma línea: más obstáculos a los contenidos de marca, con énfasis reciente en la lucha contra el contenido falso o de baja calidad.

El cambio de ahora afecta a marcas y medios sin distinciones, limitando el alcance de sus contenidos para dejar pasar sólo aquellos que realmente generan engagement en tu red y liberando el espacio para los contenidos creados o compartidos por tus amigos.

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Radiografía de un viral: el caso Tizón

Hace un par de días, publiqué un hilo en Twitter acerca de mi encuentro con Tizón, un perro pastor de Navacerrada (Madrid) que me maravilló con su “genio y figura”.

Ese hilo se “viralizó” y la historia ha salido en multitud de medios, tanto online como en la radio.

Si no sabes de qué va la historia, quizá quieras leerla antes:

Voy a analizar los acontecimientos, tanto desde la perspectiva personal como, inevitablemente, desde la visión de un profesional del marketing.

Os cuento.

Lo primero: ¿es real la historia de Tizón?

Real como la vida misma. Lo que cuento ocurrió el 31 de diciembre, mientras iba en bici desde Colmenar Viejo hasta Cercedilla. Yo fui el primer sorprendido por descubrir que Tizón es un “viejo conocido” de la policía de Navacerrada.

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¿Retomamos las notas de Facebook?

Si os pasa como a mí, vuestros blogs personales están más desiertos que un páramo del estado de Nevada. No compensa publicar algo en tu blog y confiar en que lo lean tus pocas docenas de seguidores fieles.

La atención de la mayoría del público ya no está ahí: está en los feeds de notificaciones que les concentran y les presentan lo que quieren ver, filtrado por una selección previa (las personas a las que siguen o con las que están conectados) y dinámica (lo que los demás consideran más interesante en cada momento).

Por eso, ahora cobra fuerza el publicar fuera de tu blog, de tu propiedad, para alcanzar a las huidizas audiencias que ya no nos hacen ni puñetero caso. Dentro de poco, escribiré sobre lo abismalmente más eficaz que resulta, por ejemplo, escribir en LinkedIn Pulse. Otras opciones más abiertas, como Medium, son ya gigantes y siguen cobrando fuerza día a día.

Facebook se ha dado cuenta y se une a la fiesta resucitando una vieja función que dejó morir (o, más bien, mató) hace unos años: las “notas”. A lo que no eran más que “actualizaciones largas”, el equipo de Facebook le ha hado ahora un editor potente y sencillo muy al estilo de Medium o LinkedIn Pulse y un aspecto final también muy en esa línea. Todo ello, con el propósito de que blogueemos dentro de Facebook. A pesar del “miedo” que da el cross-posting, habrá que pensar en probarlo.

Si no encuentras el botoncito mágico en tu perfil de Facebook, ve directamente a https://www.facebook.com/notes

¿Qué sabe LinkedIn sobre ti?

Creé mi perfil de LinkedIn hace ya muchos años. Han sido muchas las cosas que he hecho allí: crear y participar en grupos, administrar páginas de empresa, compartir innumerables contenidos, complementar mi CV con archivos, responder a ofertas de empleo, hacer click en anuncios…

Durante todo ese tiempo, LinkedIn ha estado recopilando, con la paciencia de la que sólo gozan las máquinas, mis datos de actividad para usarlos en su negocio. Ahora, he podido descargarme toda la información de mi actividad en LinkedIn para juguetear con ella yo también.

A pesar de ser bastante activo en LinkedIn, desconocía que era posible descargarse toda la información que tienen almacenada sobre ti. He estado buscando y parece que es algo que anunciaron el pasado mes de septiembre. Conseguir el archivo con todo tu historial es sencillo y, una vez que lo solicitas, prometen generártelo en un máximo de 72 horas (el mío estuvo listo en menos de un día). Seguir leyendo

Plague: una app para infectar el mundo con contenidos virales

Plague es una app que apuesta por una forma de compartir contenidos (texto, imagen, vídeo o enlace) distinta a lo que encontramos habitualmente en las redes sociales.

El punto de partida más común en las redes y medios sociales es la creación de una red de “contactos” (o amigos o seguidores o el nombre que se le dé en cada caso). Cuanto más extensa sea tu red de contactos, más probable es que lo que en ella compartes acabe siendo visto por un número elevado de personas. En Plague, sin embargo, no existe la posibilidad de crear ese “séquito” de seguidores o contactos. Todo contenido compartido por cualquier usuario cuenta, en un primer momento, con las mismas probabilidades de acabar “viralizándose”.

Además, la geolocalización de los usuarios es fundamental en Plague: cada contenido que compartimos es difundido a otros tres usuarios físicamente cercanos a ti que, a su vez, elegirán si ignorar ese contenido o si se lo enviarán a otros cuatro usuarios. Cada grupo de usuarios es elegido por su cercanía física con quien difunde el contenido y no hay forma de enviar algo a un usuario concreto. A medida que aumenta tu “índice de infección”, aumenta también el número de usuarios a los que se les envía lo que difundes. Seguir leyendo

Cómo elegir a quién seguir en Twitter. Y a quién no.

Hace poco, un ex-compañero de trabajo me preguntaba que cómo podía hacer para seguir a tanta gente en Twitter. Mi respuesta fue: ¿Tanta gente? Sólo sigo a unas 1.900 personas. ¡Eso deberías preguntárselo a quienes siguen a 200.000!

Lo cierto es que no sigo ninguna regla rígida para decidir a quién sigo en Twitter y a quién no. Lo que sí hago es usar una serie de criterios y de prácticas en mi uso diario de Twitter que me permiten tener la casa más o menos ordenada (ahora entro en detalle en eso), pero suelo concederme libertad absoluta para saltarme esos criterios cuando me apetece o cuando encuentro a alguien realmente sorprendente, pero que no encaja en ningún patrón anterior que me hubiera llamado la atención. Al final, si eres más o menos coherente al elegir a quién sigues, seguir a 2.000 personas no es complicado si no aspiras a leer todas y cada una de las cosas que digan y si pasas por tu timeline con suficiente frecuencia.

Supongo que, como en tantas cosas, lo primero y fundamental es decidir qué quieres lograr con tu cuenta de Twitter. ¿Estar informado? ¿Darte a conocer? ¿Divertirte? Seguro que no habrá un único motivo, sino una mezcla de varios y, también, seguro que habrá motivaciones que no querrás verbalizar pero que ahí estarán, en mayor o menor medida: demostrar cuánto sabes de un tema, entrar en contacto con mujeres/hombres, acumular followers para sentirte importante… Sea lo que sea lo que persigas, lo importante es que analices si las personas o marcas a las que sigues en Twitter son coherentes con tus intenciones.

En mi caso, uso mi cuenta de Twitter con fines profesionales, con unos leves tintes personales. A lo largo del tiempo, me ha permitido lograr estos objetivos: Seguir leyendo

¿Qué son, realmente, los influencers?

Todos hemos oído hablar del término influencer. Lo que quizá no esté tan claro es qué es realmente un influencer y a quién podemos considerar como tal. En lo único en lo que parece haber consenso, en la actualidad, es que identificar a un influencer es mucho más complicado que el mirar un simple par de métricas.

Cuando se empezó a hablar de influencers, hace ya algunos años, rápidamente hubo que echar mano de cifras simplonas para poner el corte en algún sitio y poder decir “a partir de aquí, estos son influenciadores“. Si tenemos en cuenta que, en el año 2008 o 2009, tener más de 1.000 followers en Twitter era muy poco común (ojo, en España), en aquellos tiempos resultaba muy sencillo identificar a eso que se entendía como influenciador: sólo bastaba con poner el corte en la cifra que te pareciera más adecuada y contactar con quienes la superasen, que tampoco eran tantos. Incluso hubo un tiempo en que algunos te lo ponían muy fácil y se definían a sí mismos como influencers. Ahí es ná.

Por aquella época, surgieron herramientas (la más famosa, Klout, en 2008) que prometían mayor precisión y fineza, además de comodidad, al evaluar la capacidad de influencia de alguien. Estas herramientas, entre las que también hay que mencionar a PeerIndex o a Kred, se dedican a masticar los datos de la actividad online de un usuario y generan, básicamente, una puntuación que resume el nivel de supuesta influencia de esa persona. Grosso modo, esas puntuaciones se calculan usando como base las reacciones (likes, retuits, menciones, etc.) y sus métricas más básicas (crecimiento en seguidores, ratio seguidores/seguidos, la propia puntuación de sus seguidores, etc.). De estas herramientas ya hablé también de pasada en un artículo sobre el SIM Score, que es un concepto relativamente cercano a este que nos ocupa hoy. Seguir leyendo