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El lado oscuro del NPS

Tengo la impresión de que vivimos un repunte del uso del indicador Net Promoter Score (NPS). Tras un pico de popularidad a mediados de la década pasada, el NPS perdió fuelle durante unos años.

Sin embargo, recientemente, el NPS ha vuelto a protagonizar muchas conversaciones a mi alrededor: desde proveedores de servicios que lo destacan en su portfolio hasta clientes que re-indexan todos sus objetivos para basarlos en la mejora del NPS. Un auténtico resurgimiento, vamos.

En cierto modo, ver que las empresas se preocupan por el NPS es positivo: es una señal de que, quizá, les interesa la salud de la relación con sus clientes. Todo lo que sea preocuparse por dar una mejor experiencia debería ser bienvenido, así que sí, bien, fantástico…

O no.

Sería fantástico si no fuera porque el Net Promoter Score es un indicador muy mejorable que, además, se suele implantar muy mal.

De qué estamos hablando: cómo “funciona” el NPS

Vamos, en primer lugar, a describir el NPS, para que todos hablemos de lo mismo.

Seguro que te ha pasado cientos de veces: compras algo en un comercio online y, al terminar el proceso, la web te hace esta pregunta:

Típica encuesta de NPS

Típica encuesta de NPS

Los negocios offline también la usan: típicamente, te llaman o te mandan un email, pasados unos días.

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People-Centered Internal Marketing

A pesar de haber usado y defendido la expresión “employer branding” en no pocas ocasiones en los últimos años, no puedo evitar ver ya un fuerte desgaste en el concepto.

Lo que, inicialmente, era una idea limpia y cargada de buenas intenciones ha terminado como tantas otras cosas: convertida en un recetario facilón y descafeinado, habitualmente puesto en práctica con profunda desgana.

¿Tienes problemas para contratar a las personas que más te interesan? ¡Camisetas! ¡Organiza un evento! ¡Habla en plan molón en Twitter! Eso es employer branding para no pocas empresas: sólo fachada, sin sustancia interna. Una marca sin esqueleto, como tantas.

Por eso, agradezco encontrar artículos como este de Tim Kopp (cuyo blog deberías seguir si no lo haces ya), en el que pinta un marco de trabajo para el desarrollo de una estrategia de marketing interno, sólida y coherente.

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Los 4 MUST del marketing basado en datos para 2018

A principios de año, todas las empresas se lanzan a hacer sus “predicciones” de las principales tendencias que marcarán a su industria durante los meses siguientes.

Salvo honrosas excepciones, esos artículos aportan poco (o nada) más allá de repetir los buzzwords del momento y hacer predicciones que suelen acertar menos que una moneda lanzada al aire.

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Acabemos con el CTR… o no

Una parte de mí quiere estar muy de acuerdo con este artículo aparecido en AdAge. Su tesis principal: debemos dejar de usar el Click-Through Rate (CTR, la tasa de clics) como la medida fundamental para evaluar campañas de publicidad display.

La parte de mí en contra de esta tesis ve el riesgo de que este tipo de movimientos es el que aleja al marketing de la creación de valor real. “Oh, sí, esta campaña no ha generado ninguna visita a nuestra web, pero nos ha ayudado mucho en imagen de marca.

La parte de mí a favor de esta postura sabe que uno de los principales retos del futuro inmediato del marketing es la atribución: analizar con precisión la contribución exacta de cada canal y cada acción a la consecución de objetivos. Y sé que la atribución no puede limitarse sólo a las acciones duras y medibles sin esfuerzo, como el clic, sino que debe incorporar otras mucho más sutiles, como la visualización de creatividades (incluso aunque no se haga clic en ellas).

No en vano, la correcta atribución de resultados es una de las principales preocupaciones actuales de muchas plataformas y, de ahí, movimientos como este de Twitter o este de Google.

 

Este artículo apareció primero en mi newsletter semanal sobre marketing, tecnología y MarTech. Puedes darte de alta aquí.