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¿Situación idílica en el sector startup? Sí, ya, claro.

Por si no sabes de qué va esto: hace un par de días, una emprendedora llamada Miriam Lao, a quien no tengo el gusto de conocer, se quejaba en un medio de que un grupo de inversores potenciales, relacionados con SeedRocket, le había copiado su idea. Un día después, Javier Martín publicaba este otro artículo en el que hablaba del supuesto fin de la situación idílica en la que vivíamos en el sector startup.

Permitidme que me ría: situación idílica, dice.

Vayamos por partes. Sobre lo del plagio, toda la información que tengo es la noticia con la acusación y lo que ya han contestado el “principal acusado”, Sacha Fuentes, y también la propia SeedRocket.

Obviamente, habría que haber estado dentro de las mentes de todos los implicados para saber cómo ocurrieron exactamente las cosas. Sin embargo, tengo suficientes elementos de juicio para tener una opinión al respecto: dudo que haya ocurrido ese plagio en los graves términos en los que lo expone la afectada.

Estoy convencido de que, al mismo tiempo que se lanzaba la app de Sacha Fuentes, se han lanzado en el mundo otras… ¿cincuenta? apps que compiten en el mismo espacio. Sacha y sus socios no necesitaban que Miriam Lao les demostrase que en ese mercado hay chicha, porque es algo que es evidente para cualquiera que tenga una cuenta de Facebook, por ejemplo. Tampoco necesitas acceso a sus datos de tráfico para copiar el aspecto y diseño de una app que ya está publicada, aspecto que seguro es compartido por muchas de las apps de ese mercado (sólo hay que ver los ejemplos que pone Sacha en su artículo). Además, comprobar la explicación dada por Sacha (que su app es sólo una más dentro de un roadmap más completo y que comparte plataforma, framework y aspecto con las demás) es sencillo para quien quiera dedicarle tiempo al asunto (no seré yo, que tengo que trabajar).

Distinto es que, quizá, alguien que tiene en su roadmap sacar una app que, a todas luces, es competencia de otra, no debería ni acercarse a ese otro negocio en un proceso de inversión. Desde luego, no sin avisar de antemano de esa circunstancia. Ahí sí ha podido existir un fallo, si Sacha no se lo dejó bien claro desde el primer momento, como reconoce él mismo en su artículo.

Ahora bien, si la involucración de Sacha en el asunto se limita a esa primera presentación de diez minutos, pues no sé qué más hay que decir: si tu negocio se puede copiar tras una presentación de alto nivel de diez minutos, es porque no hay mucho que copiar en tu negocio.  Eso no significa que tu negocio no pueda ser muy rentable: significa que no vas a crecer por ser distinto.

Nuestra experiencia con SeedRocket

Lo que sí tengo claro es cómo ha sido nuestra experiencia con SeedRocket y sus mentores. Fuimos seleccionados para participar con Leads Origins en la edición más reciente de su Campus de Barcelona, en mayo de este año. Al acabar aquella intensa semana, se nos comunicó que un grupo de mentores de SeedRocket tenía interés en invertir en nosotros. Nada más empezar a hablar, detectamos que en ese grupo había una persona que, más allá de que nos caía particularmente bien, tenía un evidente conflicto de intereses, así que se lo dijimos a él y a SeedRocket y asunto arreglado en cuestión de horas. Chapeau.

(Por si tienes curiosidad sobre cómo quedó la cosa y a modo de “full disclosure”: cuando decidimos dejar de buscar inversión activamente y financiarnos con nuestras ventas, dejamos que la cosa se enfriara. Seguimos formando parte de su aceleradora y trabajamos desde su espacio en Campus Madrid de Google.)

Así que, sí, en SeedRocket existe una política sobre conflictos de intereses y, además, funciona. Aunque, la verdad, no estoy muy seguro de por qué se habla tanto de SeedRocket con respecto a este tema, porque no me ha parecido entender que todo esto haya ocurrido dentro de su proceso de aceleración. Que algunos de los protagonistas sean mentores de SeedRocket es poco más que circunstancial.

La responsabilidad del emprendedor

De lo que no se está hablando suficientemente aquí es de la responsabilidad del emprendedor sobre la protección de sus intereses. No sé en qué momento algunos emprendedores entienden que, por el hecho de serlo, se les aplican unas reglas distintas de las que afectan a cualquier otro empresario, pero lo veo demasiado a menudo. De nada vale que exista una política sobre conflictos de intereses si el principal interesado no ejerce su debida cautela.

Si vas a dar acceso a alguien a información confidencial sobre tu negocio, deberías hacer los deberes y saber quién es esa persona. Y, por supuesto, en cuanto vas más allá de los primeros contactos, si crees que la información que vas a compartir lo merece, firma un acuerdo de confidencialidad y no competencia. Nos encantan los extremos: los hay que quieren firmar un NDA hasta para darte los buenos días y los hay que no firman un papel ni aunque estén haciendo negocios con Belcebú. Un poquito de término medio, por favor.

Otra faceta del asunto es que no es sencillo mantener el equilibrio entre la confidencialidad de tu información y encontrar mentores e inversores que conozcan tu sector y puedan aportarte valor real. Quienes más te pueden ayudar son quienes más saben, más activos están y mejores contactos tienen en el sector y, por tanto, quienes tienen más probabilidades de pisar terreno pantanoso. Si te va a preocupar de verdad que alguien que opera en tu mismo espacio use lo que va a aprender de ti, te toca renunciar a contar con ese tipo de mentores e inversores. Es una decisión estratégica tuya como emprendedor, de nadie más.

Sobre la supuesta situación idílica del sector

Carece de sentido querer ver un antes y un después en el sector del emprendimiento por este caso o por la supuesta madurez que está alcanzando el entorno. Puede ayudar a construir una narrativa atractiva, pero no refleja la realidad.

En el año y pico que llevo metido en esto hasta las cejas, he oído, visto y hasta vivido en primera persona suficientes cosas como para saber que este entorno es un campo de minas desde el primer día. Exactamente igual que cualquier otro ámbito del mundo de los negocios, vamos.

De hecho, yo sería de la opinión contraria: cada vez avanzamos más hacia una situación en la que los emprendedores tenemos más acceso a formación y a información como para poder detectar y evitar a tiempo a los múltiples piratas que operan en este mercado. Así que, si acaso, lo que está pasando es que algunos “inversores cáusticos”, “aceleradoras que frenan” o “consultores huecos de toda sustancia” lo van a tener cada vez más difícil para seguir con su actividad. Seguirán existiendo, por supuesto, pero si acaban cazándote será porque han mejorado sus métodos o tú has bajado demasiado la guardia.

Así que nada de que se acabó el buen rollo: el buen rollo seguirá existiendo y la gente que está dispuesta a echarte una mano de forma desinteresada (podría nombrar docenas, incluyendo sin duda a SeedRocket y quienes lo forman) seguirá estando ahí, como también lo estarán los piratas.

Aquí no ha cambiado nada, lo que pasa es que todavía abundan quienes creen que esto de montar un negocio es un juego con post-its, pizzas y cervezas.

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