Soy Manuel Delgado Tenorio. Me dedico al marketing y la tecnología desde hace más de 20 años. Aquí hablo de Customer Analytics, Machine Learning, datos, MarTech y otros temas que me interesan.

Esta semana, Apple ha presentado sus nuevos terminales iPhone 8 y iPhone X. Como de costumbre tras cada presentación de Apple, se ha elevado un coro de voces críticas con los nuevos productos. Que si eso ya lo hace Samsung desde hace años, que si la diferencia con el modelo anterior no es tan grande, etc.

Soy ya demasiado viejo para caer en la trampa de una discusión online acerca de si «Apple bien» o «Apple caca». No es fácil desarrollar en Twitter o Facebook que si Apple vende tanto no es gracias a ser el principal referente tecnológico: esa no es su posición en el mercado (y ya es hora de que algunos se enteren, porque lleva dos décadas sin serlo).

Desde la perspectiva de la marca Apple, la noticia no es que por fin haya un dispositivo en el mercado con pantalla OLED (otros las tienen desde hace años), sino que por fin hay un iPhone con pantalla OLED. Analiza la diferencia.

Vale, ya lo dejo, que si no acabo hablando solo de Apple y no venía a eso.

A lo que iba

Estas discusiones y reacciones a los nuevos modelos de la marca me suelen recordar que, demasiado a menudo, confundimos e intercambiamos a lo loco tres términos cuyas diferencias son muy relevantes en gestión de productos y en marketing: características, capacidades y funciones.

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En el ámbito del Product Management, se usan a menudo los conceptos de «proceso rápido» o «proceso lento» para describir el grado de formalidad con la que se gestionan los requisitos de producto.

Un «proceso lento» se caracteriza por un elevado nivel de formalidad. Dentro de esa formalidad, es habitual encontrar estándares y directrices que dictan cómo se articula el proceso. Además, las decisiones suelen ser colegiadas y se registran de manera explícita. Para evitar la ambigüedad, el proceso suele llevarse a cabo con un nivel de detalle considerable.

Por el contrario, un entorno caracterizado por la gestión rápida de requisitos suele prescindir de casi toda esa formalidad. En ausencia de estándares y directrices formales, el juicio experto y la experiencia del equipo son la guía principal del proceso. Las decisiones personales del responsable de producto son mayoritarias. Como cabe esperar, el nivel de detalle con el que se documentan las decisiones es bajo.

Pero… ¿qué método es mejor?

Ninguno es mejor que el otro. Veamos por qué.

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Sobre el tema de la «transformación digital», tengo sentimientos encontrados.

Por una parte, la considero una necesidad básica y esencial, algo sin lo que cualquier organización está abocada a la extinción o, como mínimo,  a la irrelevancia.

Pero, por otro lado, estoy tan harto como el que más de que, en los últimos dos años, se haya convertido en «el palabro» de moda, la coletilla que todos tenemos que tener en nuestras presentaciones, nuestras bios de Twitter y, por supuesto, nuestros perfiles de LinkedIn.

De transformación digital llevo oyendo hablar desde hace 20 años. Sin exagerar. Era yo un tierno estudiante universitario y ya existía consenso sobre la necesidad de que las empresas se adaptaran a aquello que llamábamos «nuevas tecnologías».Sigue leyendo el artículo…

El sábado 20 de mayo, a las 19:00, se celebrará una nueva edición de «La Noche del Conocimiento», una iniciativa de divulgación organizada por Mensa España. Este ciclo de conferencias se ideó en Barcelona y, desde hace unos meses, tenemos la oportunidad de disfrutar de ellas también en Madrid.

En esta ocasión, me subiré al «escenario» para hablar sobre Agilismo. Eso sí, si esperas encontrarte un curso de metodologías ágiles o una serie de consejos para implantar Scrum en tu empresa… te habrás equivocado de sitio (y de persona).

La Noche del Conocimiento de Mensa España Mi charla trata sobre tres puntos básicos:

  • Por qué surge el agilismo y por qué, más de quince años después, sigue siendo necesario tenerlo presente.
  • El agilismo no es tanto una metodología de gestión de proyectos sino un enfoque humanista del trabajo y de la actividad empresarial.
  • El agilismo es mucho más que sacar adelante productos software y se puede/debe aplicar a otras áreas de la empresa.

No entraremos en el detalle de ninguna metodología concreta ni nos perderemos en matices técnicos. Intentaré explicar por qué tiene sentido aplicar los principios del Manifiesto Ágil a todas las áreas de la empresa… e incluso de nuestra vida personal.

Así que, si tienes curiosidad por saber qué es el agilismo, explicado de forma comprensible y con «0% humo», el sábado 20 te esperamos en el Far Home Hostel. La entrada es gratuita y libre hasta completar aforo.

Cómo calcular los costos fijos y cómo aplicarlos al cálculo del margen y el precio de venta: son dos de las preguntas más habituales que dejan los comentaristas en el artículo sobre cómo calcular el precio de venta dado el coste y el margen deseado.

Antes de nada, parémonos a pensar en qué es (y qué no es) un coste fijo. De forma sencilla, podemos decir que todo coste que no varía con el nivel de actividad de la empresa es un coste fijo.

Así, por ejemplo, el alquiler de una oficina sería un costo fijo muy evidente. Su importe se mantiene fijo mes a mes y debes pagarlo incluso si te vas de vacaciones y no pasas por tu oficina en todo el mes.

Lo mismo ocurre con los sueldos de los empleados: el salario es más o menos invariable y se cobra todos los meses, independientemente de que la empresa venda más o menos.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla como decir sin más que ciertos tipos de coste son fijos siempre. Calcular tus costes fijos con precisión te permite entender bien tu estructura de costes para, por ejemplo, no equivocarte con tus previsiones de tesorería. Por eso, hay que analizar las características de cada coste y determinar si son fijos o no.

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Primera Ley del Consumidor de Marketing de Contenidos:

Desconfía del valor y la exactitud de lo creado por quien necesita crear contenidos para construir su marca.

Los contenidos de marketing sólo reflejan nuestro programa comercial. No son una visión centrada y meditada sobre un tema, sino la visión de ese tema que se te quiere transmitir.

La semana pasada, di una charla en Campus Madrid sobre cómo crear e iterar un MVP (producto mínimo viable). Estuvo dirigida a emprendedores que están dando sus primeros pasos, definiendo sus MVP y decidiendo qué funcionalidad poner en ellos.

Me quedó la sensación de que la charla gustó mucho: se superó, con creces, el aforo del espacio que se había reservado, hubo que cortar el turno de preguntas y el posterior rato de networking estuvo tremendamente animado. Sin duda, la definición de tu MVP es un asunto peliagudo y de los que más dudas siembran entre quienes crean una startup.

La charla no se grabó. Como parece que hay interés en todo lo que tiene que ver con crear tu primer MVP, he creado un vídeo con una narración muy similar a la que hice en Campus y lo he publicado en YouTube:

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