Nostalgia de otros tiempos

Por Manuel Delgado Tenorio · mayo de 2019
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Hace unos días, me descubrí haciéndome esta pregunta: «¿cuándo fue la última vez que puse un vínculo a otro blog personal en algún artículo?«

Y la verdad es que no supe contestarme. Hace mucho, mucho.

Supongo que es normal pasar por momentos de nostalgia por los tiempos pasados. Pues a mí, estos días, me ha dado por echar de menos aquellos primeros años de «la web 2.0».

Sí, he dicho «web 2.0». ¿A que llevabas años sin oírlo?

Me refiero, por supuesto, a los tiempos previos a la hegemonía de Facebook, Twitter y un par más. Cuando los reyes de Internet eran Blogger y WordPress.com

Cuando los periódicos online eran malas copias de sus ediciones impresas y aún no habían cambiado su orgullo por un puñado de clicks en una casa de empeños.

Cuando el descubrimiento de la información que te interesaba ocurría en lectores RSS, en foros especializados y, atención, en newsletters. Cuando los visitantes dejaban comentarios en tu blog.

Antes de que se pronunciara por primera vez la expresión «timeline algorítmico».

Antes de que el SEO lo cubriera todo con su promesa de visibilidad y riqueza y recibiéramos a cambio una cosecha de ruido y anuncios.

Antes de que la tostadora que ya te compraste te persiguiera durante semanas por toda Internet.

Tampoco es que atásemos a los perros con longaniza

A ver, tampoco nos flipemos. Un poquito de nostalgia está bien. Y es inevitable, de vez en cuando. Un efecto secundario de la edad, supongo.

Pero esa misma edad (llamémosla ahora «experiencia») nos debe ayudar a no exagerar en la idealización del pasado. También aquella época tenía sus cosas malas. Muchas.

Para empezar, la proporción entre creadores de contenido original y meros consumidores, anónimos y silenciosos, no era muy distinta de la actual. No existió una época dorada en la que todo quisque tenía su blog o su «página personal». Éramos los mismos, pero sin el ruido del SEO y la pseudo-profesionalización de los contenidos. En España, la blogosfera del año 2002 cabía en un auditorio municipal.

Y qué decir de las cámaras de resonancia esas de las que nos quejamos tanto en las redes. El fenómeno ya existía entonces y, contra lo que podríamos creer hoy, creo que era más férreo e intenso que ahora.

El descubrimiento de lo que te interesaba era mucho más arduo e ineficiente: requería un esfuerzo profesional y dirigido identificar y ampliar tus fuentes de información. Cuando encontrabas algo de valor, tu relación con ello era más intensa y duradera que hoy, porque sabías que no había mucho más a tu alcance. Las redes sociales resolvieron una buena parte de ese problema, aunque más tarde nos saliera el tiro por la culata.

Y, por supuesto, no bastaba con crear tu blog y tener buenos contenidos para conseguir una audiencia fiel e involucrada. También entonces había que buscarse la vida para que tu esfuerzo tuviera el mínimo impacto. Y también entonces había que optar: todo el control en tu propia casa o grandes dosis de visibilidad en un sitio de terceros. Hoy, nos vamos a Medium; entonces, nos íbamos a los blogs de los periódicos.

De los avances meramente tecnológicos para qué voy a hablar. A años luz estamos ahora.

Y ahora, ¿qué?

Reflexionar está bien, pero la reflexión útil es la que nos lleva a la acción.

Ya empecé a cambiar, hace tiempo. Menos redes sociales, para empezar. Fin a los experimentos de publicar fuera de «mi casa».

Hay que seguir en esa línea. Menos redes sociales y más construir mi casa.

Y la de otros, que hay que arrimar el hombro. Sigo usando un lector RSS, como en los viejos tiempos, pero hace mucho que no es una forma de estar al tanto de lo que dicen otras personas: mi categoría de «blogs personales» apenas tiene entradas. Porque yo no lo fomento y porque muchos han dejado de existir. Así que voy a hacer un esfuerzo por encontrar y seguir más blogs de personas que hablen como personas.

Y más vínculos a otras personas. Vínculos a quienes tienen algo de interés que merece la pena conocer.

A ver cómo se me da.

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