Descripción de los peajes free flow

Por Manuel Delgado Tenorio · noviembre de 2008
Co-Fundador de Leads Origins

El free-flow es un tipo de peaje que permite cobrar a los usuarios de una vía sin obligarles a parar, ni a reducir su velocidad, sin elementos que obstaculizan la vía. En España, aún no tenemos ejemplos de peaje free flow pero, en otros países, es habitual.

Su nombre completo es Multi-Lane Free-Flow Tolling, que se suele abreviar MLFF y que en algunos lugares, como los Estados Unidos, es más conocido como Open Road Tolling (ORT).

Independientemente de cómo se le llame y de las particularidades de cada instalación, el peaje free-flow evita la construcción de plazas de peaje y el uso de peajistas. De ahí su nombre: peaje multicarril y de flujo libre.

La empresa en la que trabajo (actualización: trabajaba) es el líder indiscutible a nivel mundial en este tipo de peajes, con dos proyectos en marcha desde hace años en Santiago de Chile y otro, el mayor del mundo por número de transacciones diarias, a punto de abrir sus puertas en Melbourne, Australia.

Cuento todo esto porque me ha sentado fatal leer en la prensa de ayer un artículo sobre uno de nuestros competidores en el que parece que ellos han inventado todo esto y son “los que cortan el bacalao“, cuando mi empresa lleva desde el año 2000 involucrada en estos desarrollos y contamos con mucha más experiencia. Está claro que ellos tienen mejor agencia de relaciones públicas.

En lugar de la tradicional plaza de peaje con sus carriles bien señalizados, sus casetas de cobro y sus barreras, en un peaje free-flow lo único que hay en la carretera es un pórtico metálico similar a los que sostienen los paneles de mensajería variable.

En el pórtico, se encuentran los equipos electrónicos que permiten al sistema detectar a los vehículos, tomar fotografías de las matrículas, calcular su tamaño para aplicarle la tarifa que le corresponde y, además, “leer” los pequeños dispositivos que pueden llevar los vehículos para hacer más económico y fiable el pago del peaje.

Estos pequeños dispositivos, los TAGs -llamados realmente unidades de a bordo o, en inglés, OnBoard Units (OBUs)– se comunican mediante microondas con las antenas colocadas en el pórtico y permiten identificar al vehículo de forma inequívoca.

Los OBUs usados en los peajes free-flow son relativamente similares a los que se usan en los peajes dinámicos, que en España llamamos Vía T o Telepeaje, y están especialmente preparados para ayudar al sistema de antenas a averiguar su posición en la vía. Esto es esencial, puesto que una de las operaciones más complejas que se realizan en la vía es, una vez detectados todos los vehículos (esto puede hacerse por visión artificial, por cortinas láser o por espiras de inducción electromagnética en el asfalto) y leídos todos los OBUs por las antenas, la correlación entre los vehículos detectados y los tags leídos. Gracias a que a esa frecuencia tan alta es posible posicionar el origen de la señal con fiabilidad, es viable determinar a qué coche pertenece cada OBU.

Una vez que un vehículo ha sido identificado en la vía, bien por su OBU o bien haciendo reconocimiento óptico de caracteres (Optical Character Recognition – OCR) sobre la foto de su matrícula, sus datos se envían desde los equipos de pista al backoffice del sistema de peaje.

El backoffice, que no es más que un gran sistema informático, suele estar dividido en dos partes bien diferenciadas: una aplicación específica de peaje que se encarga de validar las transacciones que le llegan desde la pista y de realizar otra serie de operaciones específicas de cada autopista y, por otro lado, un sistema ERP que se encarga de la gestión económico-financiera del peaje, como la facturación y el cobro, así como de las funciones de servicio al cliente.

Esto último es una de las principales diferencias entre un peaje tradicional y un peaje free-flow: mientras que, en el peaje tradicional, la empresa que opera el peaje no conoce al cliente que usa la carretera y su relación con él apenas dura unos segundos -lo que tardas en pagar en la caseta-, en un peaje free-flow la empresa sí puede conocer de antemano a los clientes, que deben darse de alta para conseguir su OBU o para optar a descuentos o fórmulas de prepago o de pago aplazado.

Por lo tanto, la gestión de un peaje free-flow se asemeja mucho a la gestión de cualquier empresa que venda servicios a usuarios registrados, como las compañías de telecomunicaciones o las eléctricas.

Hay dos ventajas principales en el uso de la tecnología free-flow sobre los peajes tradicionales:

  1. En carreteras de mucho tráfico, se evita por completo la congestión que se produce en las plazas de peaje, con lo que los usuarios se ven mucho más animados a usar la carretera, con lo que aumentan los beneficios de la empresa concesionaria.
  2. Al poder conocer al cliente, es posible ofrecerle planes de precios adaptados a sus necesidades, descuentos por uso repetido, etc. lo que es muy ventajoso para los usuarios de la vía, sobre todo para los usuarios frecuentes, que consiguen rapidez y economía en sus desplazamientos por la autopista.

Si bien la necesidad de usar peajistas que operen las cabinas 24h al día desaparece, los peajes free-flow requieren más personal dedicado al mantenimiento del sistema informático que hace que todo funcione.

Las concesionarias que quieran comenzar a usar la tecnología free-flow deben plantearse, además, contar con personal de explotación con conocimientos y/o experiencia en cuestiones tales como facturación, servicio al cliente, etc., que no suelen estar presentes en sus plantillas habituales.

Además, es necesario prever la necesidad de realizar actividades de gestión de cobro e incluso de reclamación por vía judicial, puesto que la falta de barreras hace que cualquiera pueda usar la carretera sin pagar. Por este motivo, es esencial contar con una legislación adaptada que contemple la obligación de pagar en este tipo de peajes y un mecanismo para sancionar a los infractores.

Como decía al principio, no tardaremos mucho en ver peajes free-flow aquí en España. Además, ya hay países de Europa (Eslovenia, Eslovaquia, Hungría, Alemania) que están comenzando a implantar (o ya han implantado, como en Alemania) una variante del sistema free-flow, basada en la determinación de la posición del vehículo mediante GPS.

Los mejores candidatos para la implantación del peaje free-flow en España son las grandes rutas de tráfico de mercancías (sobre todo en la versión por GPS), las autopistas de circunvalación de las grandes ciudades y los anillos protegidos, como los peajes urbanos que intentan reducir el número de vehículos que acceden al centro de las grandes ciudades.

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