La “subasta inversa” es un modelo de compra por el que una empresa anuncia su deseo de adquirir un determinado producto, acepta ofertas de diversos proveedores y se queda con la más baja.

Es relativamente habitual en los portales de compras de grandes empresas, sobre todo para adquirir productos “comoditizados” como suministros de oficina o equipos electrónicos que cumplan con un pliego de requisitos.

¿Qué ocurre cuando aplicas ese modelo a la adquisición de servicios de muy alto valor añadido como es, al menos en teoría, lo que te ofrece una agencia de publicidad? Pues quizá lo sepamos dentro de unos años, porque podría ser que el modelo se estuviera popularizando también en ese mercado. Ha hecho mucho ruido en los medios que Nike se haya animado a probar.

Voy a hacer mi apuesta: si esto sigue adelante, tendremos un par de años de muchas subastas inversas, se hablará mucho del tema y muchos directivos se colgarán medallas por su perspicacia a la hora de ahorrar costes; pasado ese tiempo, esos directivos se irán a otros sitios con grandes bonus en los bolsillo y, poco a poco, irán apareciendo los cadáveres que se ocultaban debajo de las alfombras, hasta que nadie quiera volver a oír de subastas inversas hasta dentro de seis o siete años. El ciclo de vida normal de estas cosas, vamos.

 

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