¿Buscar inversión para tu startup o no buscar inversión? Esa es la cuestión

Por Manuel Delgado Tenorio · septiembre de 2015
Co-Fundador de Leads Origins
A simple vista, parece como si buscar financiación o inversión ajena fuera un ingrediente necesario de toda nueva startup. El asunto de la inversión es una de las primeras preguntas que te hacen en cuanto sacas el tema de que estás creando una empresa de este tipo.

Sin embargo, en cuanto buceas mínimamente por este “mundillo”, te ves expuesto en numerosas ocasiones a la idea de que, si puedes, debes evitar la inversión ajena. Para algunos, esa frase es casi un mantra. Esto, que resulta contraintuitivo en un primer momento, puede tener mucho sentido en función de tus circunstancias o de tu modelo de negocio. Todo emprendedor debería pensar con calma una cuestión tan crucial y que tantas consecuencias puede tener para el futuro de la empresa. Lo que voy a contar aquí no es más que el fruto de pensar en ello a lo largo del tiempo y, sobre todo, en los últimos dos meses.

Los detractores de la financiación o inversión ajena en una startup señalan, principalmente, puntos como estos:

  • En el caso de la inversión, de la noche a la mañana pierdes una parte de tu empresa, que le entregas a una serie de personas que, habitualmente, hasta hace poco eran unos perfectos desconocidos para ti.
  • En el caso de la financiación, incurres en importantes responsabilidades económicas y legales cuando aún te mueves con un altísimo grado de incertidumbre en tu negocio. Y, si eres de los que aún piensan que porque haya una sociedad limitada de por medio tú estás protegido como empresario, eso es que todavía eres muy inocente.
  • Cuanto más numeroso sea el consejo de administración de la empresa, menos agilidad, libertad y flexibilidad. Donde antes podías “pivotar” con ligereza, ahora tienes muchas explicaciones que dar y mucha gente a la que convencer, personas que no siempre cuentan con la misma información que tú y que, muy probablemente, no comparten al 100% tus objetivos ni tu visión del negocio y de la vida.
  • Cada emprendedor cuenta con un poder de negociación muy distinto. En los peores casos, te ves obligado a aceptar pactos de socios con todo tipo de cláusulas que, a la larga, pueden resultar perjudiciales para ti o para el negocio. Hay por ahí pactos de socios que parecen estar escritos sobre piel humana con la sangre de un recién nacido. Hay que andarse con ojo.

Obviamente, también existen muchos argumentos a favor de la búsqueda de inversores para una startup. Entre otros:

  • Sí, recibir dinero tiene costes y crea obligaciones, pero es de necios ignorar el efecto apalancante de la deuda. Grosso modo: 1.000 euros recibidos de golpe hoy te permiten hacer cosas que no podrías hacer cobrando 10 euros mensuales a lo largo de 100 meses. Muchos negocios necesitan una potente inyección inicial de dinero para poder llegar a existir y no pueden confiar en financiarse exclusivamente con sus ventas o con pequeñas aportaciones de sus socios. Una fuerte inyección de capital te puede permitir crecer más rápido, tener más posibilidades de probar e innovar, etc.
  • Algunos inversores ofrecen más que dinero: contactos, consejo, información, servicios adicionales… es lo que se llama “smart equity” o “smart capital”. Cuando esto es cierto, es algo que hay que tener muy en cuenta. Repito: cuando es cierto.
  • No nos engañemos: recibir dinero de inversores profesionales también te aporta “credenciales”. Tu primera ronda de inversión es la entrada de acceso al “club” de las startups, la puesta de largo. Salvo que los fundadores sean populares por otros motivos, es raro ver la noticia de la creación de una startup: habitualmente, la primera noticia es la primera ronda de inversión profesional que recibe. A partir de ahí, ya estás en el radar de los medios del sector, de otros inversores. Recuerda que para recibir una segunda ronda, necesitas haber logrado antes la primera.

Así que, con los pros y los contras en la mano, cada equipo de fundadores deberá decidir qué les merece más la pena en función de sus circunstancias y su modelo de negocio. Además, la decisión no es, realmente, si sí o si no, sino que también hay que pensar en cómo, cuándo y de quién. Eso es algo que no cabe abordar aquí hoy, pero a ver si encuentro un rato para reflexionar sobre ello, otro día.

Cómo financiar tu startup sin recurrir a inversores profesionales

¿Y qué opciones tienes si no quieres buscar inversión profesional o no quieres hacerlo todavía? Básicamente, hay tres caminos que, además, no son excluyentes entre sí:

  • Tu propia inversión. Al empezar, todo dinero que pongas tú es dinero que no le tienes que pedir a nadie más. Tu dinero aumenta el riesgo en el que estás incurriendo, sí, pero te da libertad, te coloca en una mejor posición negociadora con respecto a posibles inversores futuros y demuestra la implicación del equipo fundador.
  • La inversión no profesional de personas de tu entorno. Es lo que, popularmente, se conoce como «Friends, Family, and Fools”. Comparte varias de las ventajas y desventajas de la inversión profesional y tiene sus propias desventajas particulares pero, en general, es más fácil conseguir este tipo de inversión en los primeros momentos de existencia de la empresa, cuando aún no tienes mucho que enseñar pero las personas que te conocen confían en tu capacidad para sacar adelante el proyecto. No es lo ideal, pero quizá no tengas otra opción si realmente necesitas inversión ajena.
  • Financiarte por medio de tus clientes: si tu modelo de negocio te lo permite, esta es la fórmula ideal. En lugar de deberle dinero a nadie, la principal inyección de dinero en tu empresa viene de su actividad principal. Más allá de que evitas a los inversores, es la mejor manera de validar tu modelo de negocio y de lograr masa crítica. Esta es la fórmula por la que opté cuando creé mi empresa en el año 2000, cuando acababa de estallar la “burbuja puntocom” y montar una startup que necesitase inversión de capital riesgo se había convertido en una misión suicida. Nota: me hubiera encantado no tener que hacerlo y haber contado con más dinero para haber podido crear una startup de verdad, en lugar de un negocio de corte más tradicional. Hay incluso un buen libro dedicado a este tema (lo recomendó Luis M. Cabiedes en una charla, hace un par de semanas): The Customer-Funded Business, de John Mullins.

Si me preguntas qué es lo que queremos hacer en Leads Origins con respecto a la inversión, la mejor respuesta es que aún no tenemos nada decidido. A primera vista, no obstante, parece que el camino “natural” de la búsqueda de inversores es el más aconsejable para nuestro modelo de negocio. Queremos crecer rápido y a escala global y, para eso, hay que tener recursos en cantidad suficiente. En cualquier caso, no es algo que nos preocupe en exceso ahora mismo. Ya abordaremos la cuestión más en serio dentro de unos meses.

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