Hace unos meses, la asociación CREA me invitó a participar en su congreso bianual CREAtech, dedicado a la tecnología e innovación en el sector agroalimentario. El congreso se celebró esta semana pasada en Córdoba, Argentina. Ha sido la conferencia con mayor número de asistentes, 4.000, que he dado hasta la fecha.

Han sido unos días magníficos. El congreso estaba organizado impecablemente y todos aquellos con quienes he interactuado estos días atrás han resultado ser tremendamente profesionales y profundamente agradables.

Debo reconocer que la primera sensación que tuve cuando recibí la invitación fue de sorpresa. No soy, ni de lejos, alguien tan popular como para que resulte normal que te inviten a dar conferencias desde el otro lado del charco. Tener una presencia activa en Internet desde hace años ayuda, sin duda. Según me comentaron, vieron algunas charlas mías que están en YouTube y les gustó mucho mi estilo “bullshit-free” a la hora de abordar unas cuestiones que suelen estar rodeadas de hype, humo, histeria y estériles discursos comerciales.

El objetivo de la charla era definir los conceptos de Big Data e Inteligencia Artificial para una audiencia que, de media, no estaba familiarizada en absoluto con el tema. Había que traducir e ilustrar los conceptos, limpiarlos de mitos y racionalizar las expectativas que generan. Además, quería bajarlo al terreno, dejar claro que no hablamos de tecnologías al alcance de sólo los grandes proyectos, sino que se trata de cosas que pueden usarse en iniciativas pequeñas con un esfuerzo muy moderado. De esta forma, mi charla abría el bloque dedicado a tecnologías y enmarcaba varias de las que venían a continuación.

Retos y lecciones aprendidas

El principal reto que he tenido que superar ha sido el de adaptar el discurso al sector agroalimentario. Han sido horas de trabajo de documentación sobre el estado del arte, los principales jugadores y la selección de ejemplos propios del sector.

Y, por supuesto, también había que superar el pequeño obstáculo de que yo no soy ningún experto técnico en estas materias y, en cuanto entramos a cuestiones de detalle, empiezo a tocar de oído (mi socia Ana me ayudó revisando la presentación unos días antes).

Con respecto a la ejecución, me ha faltado (como siempre) más ensayo para asegurarme bien la transición entre unas secciones y otras y lograr ceñirme al discurso preparado, evitando tener que improvisar en algunas partes. También, desplegar una presencia más eficaz sobre el escenario.

Si algún día (o en otra vida) me dedico exclusivamente a dar conferencias, tendré más posibilidades de ensayar y depurar pero, mientras tanto, tengo que asumir que las cosas no saldrán perfectas.

Bueno, perfectas según mi propia definición de perfectas, porque los comentarios recibidos no podían ser mejores, tanto por parte de la organización como del público que me paraba por los pasillos para saludarme. Aun así, estoy seguro de que en la charla se notó que, en algunos momentos, me salté las frases que debían conectar secciones y que salí de ahí como pude. Ya sé qué tengo que mejorar para la próxima.