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¿Aplicación nativa o web móvil? Una disyuntiva que, en realidad, no existe

Desde que comenzaron a proliferar los dispositivos móviles, el principal debate al que se ha enfrentado toda compañía al plantear su estrategia móvil es si abordar la creación de aplicaciones móviles (apps) o limitarse a tener un sitio web móvil completamente adaptado. En realidad, esas alternativas son una falacia, puesto que no cabe decidir, sin más, entre unas y otras.

A estas alturas del juego, a nadie se le debería escapar que las apps juegan un papel distinto del que juegan las webs móviles. Y esa diferencia no está tan relacionada con las capacidades técnicas de unas y de otras, como muchas veces se nos hace creer, sino en lo que podemos hacer con unas y otras:

  • las apps son una forma concreta de abordar la relación con el cliente y suponen una competición por el share of screen en su dispositivo.
  • las webs móviles complementan a las apps y juegan un papel fundamental en la captación de esos clientes, así como en los esfuerzos SEO y de distribución de contenidos.

No cabe optar, sin más: si quieres fomentar el uso repetido y “acompañar” a tu cliente allá donde vaya con su dispositivo móvil, formando parte de sus actividades diarias o recordándole tu existencia a menudo, necesitas una app. Y, por supuesto, necesitarás esa app si hay algún requisito técnico que te lo exige, como acceder al teléfono o aprovechar al máximo las capacidades gráficas del dispositivo

Sin embargo, seguirás necesitando una versión móvil si también quieres atender a clientes ocasionales, si necesitas convencer de tus bondades a quienes aún no te conocen o si en tu negocio es importante fomentar que se compartan vínculos a tus contenidos en blogs o redes sociales. Recuerda que el momento perfecto para convencer a alguien de que se instale tu app es cuando está usando su dispositivo móvil, por lo que debes asegurarte de que quien te conozca a través de tu web móvil disfrute de una experiencia de uso óptima.

Así que, normalmente, no se trata de elegir, sino de complementar en mayor o menor medida. Ya no estamos en 2010, cuando apenas había profesionales con experiencia en desarrollo móvil y la incertidumbre sobre qué plataforma iba a “prevalecer” parecía un obstáculo insalvable. Con la madurez del desarrollo de aplicaciones móviles híbridas (full disclosure: trabajo en la empresa a la que apunta ese vínculo), se ha desvanecido el miedo a tener que desarrollar una app para cada una de las plataformas (iOS, Android, Windows Phone, BlackBerry…) o de los tipos de dispositivos (smartphones vs. tablets), por lo que ya no hay “excusas” para no disponer de una aplicación móvil si resulta recomendable para tus planes. Del mismo modo, la generalización del HTML5 y del paradigma responsive hacen muy llevadero tener una versión de tu web completamente adaptada a dispositivos móviles y que incluso pueden acceder a algunas de las características del hardware, como la cámara. Por tanto, repito, no se trata de elegir, sino de decidir qué vas a hacer con cada herramienta para combinarlas de forma exitosa y aprovechar al máxima las capacidades de cada opción.

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