12 de Enero de 2008 — Manuel Delgado
En esta ocasión, no estoy de acuerdo ni con Bruce Schneier ni con Carlos Sánchez Almeida. Ambos, aunque con años de diferencia, defienden en sendos artÃculos (el de Schneier, en Wired, y el de Almeida en Kriptópolis) el dejar la conexión WiFi de tu casa sin proteger por contraseña. El motivo principal esgrimido por ambos para despreocuparse por quién se conecta a su conexión inalámbrica es que, si todo el mundo hiciera lo mismo, serÃa imposible afirmar que alguien ha hecho algo ilÃcito a través de una determinada conexión, puesto que cualquiera que se hubiera conectado a través de ella podrÃa haberlo hecho. En cierto modo, esta propuesta me recuerda a las escenas finales de “V de Vendetta“, en las que miles de ciudadanos se echan a las calles disfrazados como el protagonista para simbolizar su adhesión a los fines del revolucionario, asà como para lograr, mediante el anonimato, formar un único ente que se manifiesta de manera solidaria. Schneier, además, plantea que las probabilidades de que, en realidad, alguien use tu conexión con fines ilÃcitos es baja y que, en caso de ocurrir, existen probabilidades de que seas encontrado culpable aun sin serlo, independientemente de que uses o no contraseñas.
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