Martín Varsavsky sobre Venezuela y Sudamérica

No estoy de acuerdo con todo lo que dice en este post Martín Varsavsky, pero se agradecen comentarios sobre el asunto del “¿Por qué no te callas?” que no estén centrados en determinar si Aznar es o no un hijo del demonio o si Chávez es peor, mejor o igual que Mussolini.

Con lo que no estoy de acuerdo es, sobre todo, con el uso intensivo de inmigrantes para la política exterior española que él propone. Se basa en el ejemplo de Estados Unidos pero olvida que la inmigración allí tiene mucha más tradición que en España. Además, los estadounidenses no suelen poner a inmigrantes, propiamente dichos, al cargo de embajadas o misiones diplomáticas, sino a sus hijos o nietos, de los que aún hay pocos en España. Dentro de cincuenta años, aquí también será la cosa más normal del mundo.

Zapatero, el Rey, Chávez, Moratinos… mezcla explosiva

Muchos habrá estos días que vean en la actitud de Rodríguez Z. y del Rey en la Cumbre Iberoamericana de Chile un acto de valentía y de sensatez. No puedo estar más en contra de esa interpretación de los hechos. Sí es cierto que no haber dicho nada hubiera sido una clarísima muestra de indignidad y de bajeza política, pero el decirlo no te eleva a los altares. Antes bien, una respuesta como la de Rodríguez no es tanto una defensa del “buen nombre” de Aznar o de España como un lógico intento de no hacer el juego a tu contrincante en una negociación (y una cumbre de ésas no es más que una negociación o, mejor dicho, un compendio de negociaciones) y de no dejar que sea tu interlocutor quien siente las bases sobre las que vas a negociar en el futuro.

En este caso, la diplomacia española no podía permitir que se creara un clima en el que España pareciera deberle algo a Venezuela y a otros países del área, puesto que ésa es una situación de partida muy negativa para España en posteriores negociaciones. La actual diplomacia española se está encontrando con un buen número de dificultades para manejar las relaciones con Iberoamérica debido a, entre otros factores, la falta de sintonía entre nuestro discurso bienintencionado, de apoyo y de admiración a sus líderes, y el discurso agresivo de nuestras contrapartes sudamericanas que nos ven exclusivamente como una potencia neocolonialista. En resumen: les reímos las gracias sin querer darnos cuenta de que se ríen de nosotros. Lo ocurrido en Chile no es más que un cambio de postura, tardío en mi opinión, para intentar resolver la situación. Estoy convencido de que estaba estudiado y planificado: no ha sido ningún calentón.

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