Ataque con huevos a Steve Ballmer

Huevo, por mi2starsfan en Flicjr, con licencia CC by Un exaltado con poco que hacer en su vida lanzó varios huevos a Steve Ballmer, CEO de Microsoft, durante una conferencia en la Universidad Corvinus de Budapest, Hungría. Aparentemente, el agresor quería protestar por los contratos que Microsoft ha conseguido de la administración pública húngara, en detrimento de otras opciones, como el software libre. Mientras lanzaba los huevos, gritaba “¡Devolved el dinero de los contribuyentes!”.

No me voy a molestar en criticar la cantidad de posts y comentarios que, en unas pocas horas, han surgido en Internet en los que se justifica en mayor o menor medida la agresión. Toda agresión violenta es, para mí, igualmente reprobable, así que los que se regodean porque a alguien de Microsoft le tiren huevos merecen todo mi desprecio. Pero mucho peor es la situación de aquellos que no sólo les hace gracia el asunto sino que, además, se identifican con la petición del agresor. Sospechas de corrupción aparte (cuyas responsabilidades habría que pedir, en primer lugar, a los burócratas), exigir que las administraciones públicas de cualquier país dejen de comprar software propietario, por el simple hecho de ser software propietario, es tan ridículo como exigir que dejen de contratar a empresas de construcción que no sean cooperativas, por el simple hecho de no ser cooperativas. Lo que hay que exigir es que se tomen las mejores decisiones técnicas, independientemente del modelo de licencia o de quién le pague el sueldo a los desarrolladores. Si, en algunos casos, eso indica que hay que usar software libre, fantástico. Si, en otros, se justifica el software propietario, adelante.

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Hiperproducción de películas catalanas

Es curiosa esta afirmación del nuevo director del Institut Català d’Indústries Culturals (ICIC): “en los últimos años ha habido una hiperproducción de películas catalanas. Hace falta un filtraje cualitativo para reordenar el sector: 99 películas finalizadas en el 2006 es llamativo, pero puede ser ruinoso.” Es curiosa porque no es habitual que alguien encargado de cualquier cosa relacionada con la cultura afirme que se está produciendo más de lo debido.

Lo que era de esperar, sin embargo, es la forma de resolverlo: “un filtraje al exceso de producciones catalanas que en los últimos años se han realizado bajo, más o menos, el amparo de la Generalitat (algunas básicamente con fondos comunitarios). Focalizar el flujo inversor en productos riesgoinnovadores y, a la vez, en una veintena de producciones de beneficio asegurado.”

A este señor, ¿no se le podía haber ocurrido, simplemente, dejar de financiar con dinero público las películas y que sea el mercado (recordemos que su instituto se llama “de la Industria Cultural”) quien decida qué debe y qué no debe ser creado? Si los productores no contasen con el colchón salvavidas de la subvención, ellos mismos aplicarían ese filtro y se ahorraría dinero público por dos vías: no se malgastaría la subvención y no haría falta alguien para hacer un trabajo que ya hacen los propios empresarios. Ganamos todos.

Por cierto, ¿cómo encaja todo esto con la política de subvenciones al cine porno de la Generalitat?

P. D. - Antes de que alguien salte a mi yugular por ir en contra de la cultura catalana, que nadie se equivoque: criticaría por igual estas paradójicas afirmaciones intervencionistas vinieran de donde vinieran. El despilfarro del dinero público es indignante en cualquier caso. Además, criticar a los gestores del dinero de todos no es ir en contra de ninguna cultura.



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