Golpe a la homeopatía en el Reino Unido

Además del informe de la CMT que ya comenté ayer, esta semana nos ha traído otro que, afortunadamente, no sufre los mismos defectos técnicos: el informe en el que el Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento británico concluye que la homeopatía carece de base científica que avale ni sus principios ni sus resultados. Además, el Comité recomienda al Gobierno británico que mejor dedique el dinero a otras cosas más útiles en vez de tirarlo por el retrete del agua con agua y las pastillas de azúcar. El informe está disponible en PDF.

Algunas de las conclusiones del informe:

  • Llegamos a la conclusión de que el principio de que lo similar cura lo similar es teóricamente débil.
  • Consideramos que la idea de que las ultra-disoluciones pueden mantener rastros de las sustancias previamente disueltas en ellas es científicamente inverosímil.
  • En nuestra opinión, los estudios sistemáticos y los meta-análisis demuestran que los productos homeopáticos no funcionan mejor que el placebo.
  • Ha habido suficiente investigación de la homeopatía y abundantes evidencias que muestran que no es eficaz. Existe una feroz competencia por los fondos de investigación y no podemos imaginar cómo más investigación sobre la eficacia de la homeopatía estaría justificada a la vista de otras prioridades.
  • Resulta poco ético hacer participar a pacientes en estudios cuyo objetivo sea resolver incógnitas que ya están resueltas.

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Prensa para el sábado

Dos artículos con sustancia para la mañana del sábado, encontrados a través de una lista de correo:

Pues eso, a disfrutar del sábado.

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El lastre de la deuda pública

Es una lástima no haber guardado referencias de aquellos momentos, a lo largo de los últimos 18 meses, en los que algún miembro del gobierno (presidente incluido, desde luego) ha justificado el aumento del gasto público para hacer frente a la crisis. Que si para lo social, que si para la cohesión, que si para la solidaridad, que si para evitar el parón económico…

Como todo buen socialdemócrata sabe, la mejor salida a una crisis es arrojar más dinero sobre ella. Pues va a ser que no. Ahora, con la quiebra soberana asomando los colmillos en el horizonte, resulta que tenemos que irnos de viaje por Europa para explicar que no, que la deuda es mala y que, además, la vamos a eliminar de un plumazo.

Sólo espero que la ministra Salgado no haya explicado la fórmula que, con certeza, Zapatero habrá elegido para acabar con la deuda: cerrar los ojos bien fuerte y desear con ganas que la deuda pública baje al 3%. Pero desearlo mucho, mucho, por supuesto.

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Reflexiones sobre privacidad

Candado, por Frederic Poirot, en Flickr (109993995) con licencia CC by-nc-ndLa semana pasada, se organizó un buen revuelo con las palabras de Eric Schmidt, CEO de Google, sobre la necesidad de aceptar el hecho de que si haces algo que, de hacerse público, podría ocasionarte problemas, lo mejor que puedes hacer es no hacerlo en absoluto. Lo que dijo fue:

I think judgment matters. If you have something that you don’t want anyone to know, maybe you shouldn’t be doing it in the first place. If you really need that kind of privacy, the reality is that search engines — including Google — do retain this information for some time and it’s important, for example, that we are all subject in the United States to the Patriot Act and it is possible that all that information could be made available to the authorities.

A estas palabras, han contestado no pocas personas, empezando por mi admirado Bruce Schneier:

Privacy protects us from abuses by those in power, even if we’re doing nothing wrong at the time of surveillance.

We do nothing wrong when we make love or go to the bathroom. We are not deliberately hiding anything when we seek out private places for reflection or conversation. We keep private journals, sing in the privacy of the shower, and write letters to secret lovers and then burn them. Privacy is a basic human need.

[...]

For if we are observed in all matters, we are constantly under threat of correction, judgment, criticism, even plagiarism of our own uniqueness. We become children, fettered under watchful eyes, constantly fearful that — either now or in the uncertain future — patterns we leave behind will be brought back to implicate us, by whatever authority has now become focused upon our once-private and innocent acts. We lose our individuality, because everything we do is observable and recordable.

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Obama y su discurso de aceptación del Nobel de la Paz

Obama en el Marine One. Foto de la Casa Blanca, en Flickr (4154455466), de dominio público.Hace un par de años, tuve la oportunidad de interactuar, por motivos de trabajo, con un consultor que, en su tiempo libre, formaba parte del equipo de campaña de Barack Obama en Austin, Texas. Culto, medido e inteligente, su exposición de las principales diferencias ideológicas entre Demócratas y Republicanos, particularmente las relacionadas con la war on terror, me permitió comprender con profundidad el abismo que separaba a los dos principales partidos estadounidenses de la mayor parte de los políticos europeos. Una magnífica experiencia intelectual.

Obama, sus discursos, sus promesas, su oferta de esperanza y de cambio, no llegaron a encandilarme en ningún momento. Poca chicha tras tanta fachada, sigo pensando. Pero este hombre tiene momentos de lucidez y de valentía que para sí los quisieran nuestros políticos patrios, aunque sólo les durase media mañana. El más reciente ejemplo es el discurso que pronunció ayer al recibir el (por otra parte, sorprendente, por prematuro) premio Nobel de la Paz. Lectura imprescindible para quienes tengan el mínimo interés por lo que pasa en este mundo. Magnífica vacuna contra los rancios localismos, el antiamericanismo simplón y el pacifismo de salón.

A destacar:

I face the world as it is, and cannot stand idle in the face of threats to the American people. For make no mistake: evil does exist in the world. A non-violent movement could not have halted Hitler’s armies. Negotiations cannot convince al Qaeda’s leaders to lay down their arms. To say that force is sometimes necessary is not a call to cynicism – it is a recognition of history; the imperfections of man and the limits of reason.

I raise this point because in many countries there is a deep ambivalence about military action today, no matter the cause. At times, this is joined by a reflexive suspicion of America, the world’s sole military superpower.

Yet the world must remember that it was not simply international institutions – not just treaties and declarations – that brought stability to a post-World War II world. Whatever mistakes we have made, the plain fact is this: the United States of America has helped underwrite global security for more than six decades with the blood of our citizens and the strength of our arms. The service and sacrifice of our men and women in uniform has promoted peace and prosperity from Germany to Korea, and enabled democracy to take hold in places like the Balkans. We have borne this burden not because we seek to impose our will. We have done so out of enlightened self-interest – because we seek a better future for our children and grandchildren, and we believe that their lives will be better if other peoples’ children and grandchildren can live in freedom and prosperity.

So yes, the instruments of war do have a role to play in preserving the peace. And yet this truth must coexist with another – that no matter how justified, war promises human tragedy. The soldier’s courage and sacrifice is full of glory, expressing devotion to country, to cause and to comrades in arms. But war itself is never glorious, and we must never trumpet it as such.

Y, el texto íntegro del discurso de Obama, imprescindible (repito), aquí mismo.

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González-Sinde, el Manifiesto y uno que pasaba por ahí

A estas alturas del partido, no es cuestión ya de ponerse a hablar de “la ley de la patada en el router“, el Manifiesto, la reunión y esas cosas que tanto y tan justificado revuelo organizaron la semana pasada. Es lo que tiene esto de haberme alejado del blog, de Twitter y de estas cosas para concentrarme en otras que requieren a jornada completa el escaso poder de proceso de mis neuronas. Desgraciadamente, el asunto sigue dando titulares esta semana. No me refiero ya a que quienes han liderado el movimiento de protesta sigan trabajando para evitar el cerrojazo a nuestros derechos fundamentales (esfuerzo que, por cierto, a alguno de ellos le ha costado más de una inmerecida crítica), sino a las declaraciones que pude escuchar ayer de Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, y que hoy he encontrado recogidas en algunos medios (por ejemplo, aquí).

Decía ayer González Pons que, en la Red, “no puede ser todo gratis” y que “en materia de derechos de autor, los piratas van en fragata y la Policía en un ’skipper’”. Ambas frases demuestran lo que podemos esperar del principal partido de la oposición en cuanto a la protección de nuestros derechos en Internet: nada. Expresiones como “todo gratis”, “piratas” y pintar la situación como una persecución son evidencias de la visión que tiene el PP de este asunto.

A ver, D. Esteban, se lo voy a intentar explicar: nadie está reclamando que todo sea gratis, ni en Internet ni en ningún sitio, ni esta polémica tiene nada que ver con una supuesta carrera armamentística entre los “piratas” y policías. Lo que ocurre es que el gobierno al que usted debería dar caña ha intentado colar de matute una nueva ley para poder cerrar sitios web a su criterio (y el de sus nada bienintencionados asesores y “expertos”) y, potencialmente, sin respetar derechos tan básicos como el de ser escuchado o el de disfrutar de tutela judicial (cuidado: no confundir con que la orden deba emanar de un juez) que ya están recogidos en el Paquete de Telecomunicaciones recientemente aprobado en el Parlamento Europeo. Lo que ocurre es que donde usted, D. Esteban, ve piratas vulnerando derechos de autor sable en mano, los demás nos vemos con una mordaza no vaya a ser que un día te cierren la web por enlazar a una noticia de un “medio tradicional” o por citar de ella más palabras de las que algún genio considere adecuadas. Y, en realidad, ni siquiera estoy hablando de que la arbitrariedad pueda imperar sobre el derecho de cita, no, estoy hablando de que ésas puedan ser meras excusas para cerrar una web cuando ésta pueda serle incómoda a cualquiera con las influencias adecuadas. De eso, y no de piratas, debería estar hablando usted, D. Esteban.

Por cierto, D. Esteban, ¿qué cree usted exactamente que es un “skipper”? ¿No querría decir “esquife”? Si es que a veces nos queremos poner pijos al hablar y nos sale el tiro por la culata.

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El mensaje secreto de Schwarzenegger

Puestos a que la política sea zafia, mucho mejor si, al menos, la zafiedad va de la mano de algo de creatividad. Atención a la carta enviada por la oficina del Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, al Parlamento estatal. Busquen el mensaje secreto:

Mensaje secreto de Schwarzenegger

Visto en el San Francisco Chronicle, vía TechCrunch, donde se puede ver fácilmente la solución, si se resiste a ser encontrada.

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Más sobre presión fiscal

Tras el post de ayer, sobre una nota de Antonio España acerca de la cantidad de impuestos que generan aun las más simples transacciones económicas, Francisco Avilés me llamó la atención en Facebook sobre otro post suyo, también de ayer, que trata un tema relacionado: por qué una subida en el IVA afecta más a quienes menos tienen. Aunque creo que alguna de sus asunciones podría ser discutida, la conclusión es sencilla: ese 2% que, supuestamente, el Gobierno pretende subir en el IVA afectará más, en términos proporcionales, a quienes tengan menores ingresos. Algo bastante obvio pero que, a pesar de ello, muchos prefieren ignorar al reclamar subidas de impuestos.

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La presión fiscal explicada con sencillez

Quienes defendemos que el Estado reduzca su tamaño y su intervención en la vida de los ciudadanos nos encontramos, a menudo, con que aquellos con los que hablamos de estos temas no suelen tener claro la cantidad de dinero que se lleva el Estado (en todas sus formas: administración estatal, comunitaria, …)  en cada movimiento económico que hace una empresa. En su siempre recomendable blog, Antonio España ilustra con sencillez la cuestión. Quienes hemos sido empresarios tenemos bastante claro el resultado, pero seguro que la cifra sorprende a más de uno.

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Como la vida misma

“¡Tres melones, un euro!”, clamaba el gitano en el mercadillo, tras una pila de, adivínenlo, melones. Tamaña oferta atrajo a no pocos compradores. Mientras cerraban la transacción, alababan en sus pensamientos la alta eficiencia en costes que había alcanzado aquel gitano en sus métodos productivos. “Es que aquí no hay intermediarios”, informó una señora a su cuñada mientras se alejaban con media docena de maduros productos hortofrutículas en las bolsas, inconscientes de cuánto había dado en el clavo con sus palabras. A su vez, dos señores, ya repuestos del impacto producido por tamaña oferta, retomaron su conversación: “es que en este país los políticos roban a manos llenas y eso no hay que permitirlo”. Calle abajo, dejaron la política para concentrarse en decidir si el melón lo tomarían con jamón o, si no, de postre.

Y, después, votaron. Y así nos va.

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