Doble rasero: fútbol vs. Internet

Me hago eco de la idea expresada por Fonseca en su blog: si cualquier cosa que ocurriera en Internet provocara un muerto, 26 heridos, 165 agresiones, 58 accidentes de tráfico, 94 incendios y 47 intoxicaciones etílicas, todo ello sólo en la Comunidad de Madrid, al día siguiente nos encontraríamos con una ley que obligaría a los ISPs a guardar los datos de conexión a Internet de todos los europeos  con europarlamentarios pidiendo la identificación de todos los bloggers y cosas así. Ah, no, espera, que esas dos cosas ya han ocurrido (y sin necesidad de muertos). Y sólo son un par de ejemplos.

¿Para cuándo una ley que obligue a inscribirse en un registro a todos los aficionados al fútbol? ¿Para cuándo la obligación de dejar constancia de la presencia de uno en una algarada alrededor de Cibeles? ¿Para cuándo una unidad de la Guardia Civil dedicada a los “delitos futbolísticos? ¿Qué tal una fiscalía especial de delitos del fútbol? Nunca ocurrirá. El motivo es muy simple: el fútbol mantiene entretenidos a los votantes. Internet les da acceso a la información. Desde la perspectiva del político, está claro cuál de las dos áreas hay que mantener férreamente controlada.

Privacidad: se cachondean de nosotros

Helicóptero de policía de Sidney, por Rupert Taylor-Price, en Flickr, con licencia CC by. Las noticias relacionadas con el concepto del “terrorismo como excusa” ya llegan a tener carácter cómico. Véase esta noticia del Miami Herald sobre un helicóptero de la policía de Nueva York cargado hasta arriba de material de vigilancia ultramoderno. El aparato, que ha costado diez milloncitos de dólares a los contribuyentes estadounidenses (y no se dice cuánto cuesta su operación y mantenimiento), puede leer matrículas y reconocer caras desde el aire además de, añado yo, escuchar conversaciones. Todo esto, para luchar contra el “terrorismo”, por supuesto. Pues bien, y ahora viene la parte cómica, cuando se pregunta al capitán del helicóptero sobre las preocupaciones de aquellos que valoramos la privacidad, su contestación merece ser enmarcada: “No invadimos la privacidad de los individuos. Sólo queremos observar todo lo que ocurre en público“.

Pues eso, que no quieren invadir tu privacidad, sólo observar todo lo que haces en público. Puedes estar tranquilo. Salvo si sales a la calle, claro.

Foto: Rupert Taylor-Price

Terrorismo: qué buena excusa

Los políticos y burócratas saben que, cuando se esgrime la lucha contra el terrorismo como objetivo, los ciudadanos estamos mucho más dispuestos a admitir cualquier excentricidad: millonadas gastadas en no se sabe qué, invasiones de países variados, leyes ultra-intrusivas, recorte de libertades, creación de cuerpos de seguridad de dudosa utilidad y legalidad, poderes especiales para los gobernantes… Una vez aprobada la ley en cuestión o la partida presupuestaria, el uso que de ella se hace es de lo más variopinto, olvidando su supuesto objetivo inicial de luchar contra el terrorismo.

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Encuentra las siete diferencias

Parece que, últimamente, los hay empeñados en hacernos creer que, por definición, es lo mismo un policía que un terrorista o que un delincuente. Incluso aunque podamos estar de acuerdo en que la coacción armada por parte del Estado es uno de los instrumentos más eficientes cuando se trata de cercenar la legítima libertad individual, en aquellos países en los que la Ley rige, generalmente, el comportamiento de las instituciones públicas, la diferencia entre la amenaza que supone la policía para el ciudadano  y la que le suponen los delincuentes es abrumadoramente evidente. Bien está utilizar figuras sugestivas y provocadoras para espolear el debate, pero ahondar en ello y entrar de lleno en el ejemplo concreto como sustento de lo que no debía ser más que un ejercicio retórico no me parece ni positivo ni fiel a la realidad.

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Vandalismo navideño

IMAGE_00298Es curioso: mientras en España nos preocupa tanto el control de las armas y criticamos a otros países, sobre todo Estados Unidos, por la sobreabundancia de pistolas, rifles y demás en las calles, a nadie parece preocuparle en exceso el que, llegada la temporada de Navidad y Año Nuevo, miles de imberbes adolescentes y de adultos que sólo lo son en el DNI se echen a la calle armados con fuegos artificiales que bien podrían calificarse de armas de guerra. Acompañan a estas letras unas fotillos que ilustran el estado en que quedó ayer una ventana en casa de mis suegros después del impacto y la explosión de un cohete lanzado desde el parque de enfrente. Resultado: toldo, persiana y doble cristal destrozados. Por cierto, no, mis suegros no viven en Bagdad, viven en Madrid.

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