¿Doble moral en la industria musical?

Ayer, se me ocurrió pasarme por la sección de música de El Corte Inglés en busca de algo de Joy Division, que no encontré, pero acabé comprándome un CD de Van Morrison. Sí, lo confieso, no suelo bajarme música de Internet. Al llegar a casa, abrí el CD y comencé a escucharlo. Mira tú por dónde, me llamó la atención una frasecilla que incluyen en la contraportada del librito. Mi traducción:

Gracias por comprar esta música y apoyar así a los artistas, compositores, músicos y todos los demás que la crearon y la hicieron posible. Recuerda que esta grabación está protegida por las leyes de derechos de autor. Puesto que no posees derechos sobre ella, no puedes distribuirla. No uses servicios de Internet que promuevean la distribución ilegal de música sometida a derechos de autor, no des copias ilegales o prestes el disco para que otros se lo copien. Todo esto, perjudica a los artistas que crearon el disco. Tiene el mismo efecto que robar un disco de una tienda sin pagar por ello.

Sin entrar en que la última frase es una gilipollez en varios niveles, me sorprendió el tono en que estaba redactado el texto, muy cercano, que casi hacía que te apenaras de los pobrecillos.

La cosa es que, pasado un rato, me picó la curiosidad por saber en qué año se había compuesto exactamente la canción Brown-Eyed Girl, que me encanta. Así que me fui a la Wikipedia, lo averigüé (1967) y casi me caigo de espaldas cuando leo el siguiente texto:

Debido al contrato que había firmado con Bang Records sin representante legal, Morrison nunca percibió, según sus propias palabras, ninguna regalía por su composición o grabación. El contrato le hacía responsable de todos los gastos de grabación producidos durante su estancia con Bang Records antes de que los royalties fueran pagados, y a posteriori, después de recuperar la suma perdida, le convertía en “súbdito de una contabilidad sumamente creativa”. Morrison vengó su frustración con la canción sarcástica “The Big Royalty Check”.

De la entrada “Brown Eyed Girl” de la Wikipedia.

Sí, ya sé que son cosas aisladas, que el asunto tiene muchas más facetas, que si bla, bla, bla. Pero no deja de tener narices la cosa, ¿no?

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El regreso de los piratas berberiscos

Esqueleto pirata en Disneyland, cortesía de Ack Ook, vía Flickr, mediante una licencia CC by-sa Hago mal en titular este post con la palabra "regreso", porque eso podría indicar que, en algún momento, dejaron de existir los famosos piratas berberiscos que hacían la vida imposible a los europeos (y a los africanos) en todo el Mediterráneo. En cualquier caso, el asunto es que, según cuenta ABC en una semi-oculta noticia, una familia de Gran Canaria vive en la angustia desde hace varios días porque piensa que el cabeza de familia, José Quevedo, ha sido secuestrado junto con el capitán que le acompañaba en su velero recién comprado, mientras navegaban de vuelta a casa desde la Península. Las pistas apuntan a que se encuentran retenidos por marroquíes en la ciudad de El Jadida.

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"¡Delinquid! ¡Ya os lo han cobrado!"

Logo Creative Commons sobre árboles por missmostly El título de este post hace referencia a las palabras de Luis Herrero, ex-periodista y eurodiputado del Partido Popular, sobre el canon digital durante un acto político hace un par de días en Barcelona. No puedo estar más en desacuerdo con esas palabras, ni con la forma actual de enfocar todo este asunto por parte del Partido Popular. En primer lugar, porque las leyes y sentencias españolas dejan bastante claro que el bajarse música de Internet no es un delito -aunque sí puedes incurrir en responsabilidades civiles por ello-. En segundo lugar, porque la copia privada dista muchísimo de ser un delito, puesto que es un derecho recogido en la Ley. Por tanto, cuando se anima a alguien a "delinquir" y a lo que se le está animando, en realidad, es a cometer actos que no son un delito, lo único que se consigue es regalar una pequeña victoria a aquellos que sí quieren que esos actos terminen siendo constitutivos de delito. Además, resulta muy poco estético ver a un político animando a los jóvenes a delinquir, por equivocado que esté sobre qué es delito y qué no.

Si el Partido Popular quiere estar verdaderamente en contra del canon digital, lo tiene muy fácil. En primer lugar, deben olvidarse de palabras como ésas de Luis Herrero y nunca aceptar que la copia privada es un delito. Si quieren mantener algún tipo de canon, deben proponer de forma clara y explícita que se aplique directamente a las obras que generan derechos de autor y no a los soportes, para acabar con la injusticia que supone pagar el canon aun cuando los soportes no se usan para la copia privada de esos materiales. Deben aparcar las "medias tintas" que suponen iniciativas como la Agencia Nacional de Propiedad Intelectual, que no son más que sueldos pagados para no resolver nada. Finalmente, deben reconocer abiertamente que la industria discográfica se encuentra en un periodo de incertidumbre y que lo mejor que puede hacer es adaptarse y sobrevivir o anquilosarse y morir: la supervivencia de la industria no puede pasar por subvenciones encubiertas como el canon, sino por adaptarse a la realidad del mercado y un partido que se califica a sí mismo como liberal debería tener este discurso muy clarito.  Las cosas sencillas no tienen por qué hacerse complicadas, así que contra los delitos, policía y jueces, y contra los abusos de los grupos de presión, serenidad y pulso firme.

Alegoría con el logo de Creative Commons cortesía de missmostly mediante una licencia Creative Commons by.

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El Ministerio de Cultura no acata las sentencias judiciales

Demasiadas veces, los políticos nos recuerdan a los ciudadanos que debemos acatar las sentencias judiciales. Esto es falso: los únicos obligados a acatarlas son ellos mismos, pues son las instituciones del Estado las que están obligadas por la Ley a acatar lo que un juez ordene. Es decir, yo puedo estar en contra de una sentencia judicial, pero un organismo de la Administración Pública o un cargo público no pueden estarlo. Esto parece olvidárseles a los políticos demasiado a menudo. Leo en Error 500, en Enrique Dans y en Versvus que el Ministerio de Cultura ha creado un microsite dedicado a concienciarnos de lo malas, malísimas, que son las descargas de música, vídeos y libros y que son piratería. Resulta, no obstante, que todas las sentencias judiciales a este respecto hasta ahora en España indican lo contrario, es decir, que no son ilegales, que no son piratería mientras no haya ánimo de lucro, con lo que el Ministerio de Cultura está dedicando el dinero que nos roba mediante los impuestos a engañarnos y, de paso, está contradiciendo las múltiples sentencias a este respecto. Cuando está en juego la amistad de quienes te han ayudado a llegar al poder, está claro que te pasas la legalidad por el forro de los cojones.

N. B. – Mi opinión personal sobre las descargas -en general, no me gusta y, concretamente, no lo practico- tiene poco que ver en este asunto. Mi opinión y mis acciones no están contempladas en la Ley. Las de los Ministerios, sí.

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