Pedro J. Ramírez vuelve a las andadas con el 11M

Sinceramente, no entiendo por qué los periodistas se quejan tanto de lo mal que está su profesión. Conseguir que te publiquen algo en un periódico de tirada nacional es facilísimo. Aquí está la fórmula:

  1. Ten acceso a un informe de parte sobre algo relacionado con el 11M.
  2. Leételo por encima. Seguramente, el informe es de carácter técnico, pero no necesitas ser un experto en la materia para entenderlo. De hecho, no necesitas entenderlo.
  3. Créete a pies juntillas lo que diga el informe en sus conclusiones, sobre todo en las más impactantes y en aquellas que apoyen lo que ya creías de antemano.
  4. No es necesario que contrastes o verifiques el informe, incluso aunque sepas de la existencia de otros expertos igualmente acreditados que nieguen todo lo que dice el informe que tú tienes.
  5. Extrae del informe un par de gráficos o de tablas, aíslalos de su contexto y no expliques qué quieren decir.
  6. Descarta cualquier explicación simple y llana a cualquiera de las incógnitas que te puedan surgir: si no ves claro algo, es que detrás hay algo oscuro y complejo. Prepara una batería de preguntas retóricas y de insinuaciones basadas en esas cuestiones “inexplicables”.
  7. Con todo ello, prepara una serie de artículos que, en apariencia, expliquen en profundidad unos hechos. Seguramente, tu artículo suscitará muchas dudas entre quienes lo lean con atención, pero tú no te cortes.
  8. Envía el artículo a la redacción de El Mundo. En el asunto del mensaje escribe “Toda la verdad sobre el 11M”.
  9. Espera a ver cómo, a la mañana siguiente, tu artículo aparece en portada.

Desde luego, que en la investigación del 11M se cometieron fallos no se le escapa a nadie. Hay incongruencias y hay lagunas. Pero la mayoría de ellas se puede explicar por el caos que es de esperar en una situación así, por nimios errores que cualquiera podría cometer al redactar un informe o firmar un registro y, en más de un caso, por falta de celo profesional. Sin embargo, Pedro J. Ramírez y sus secuaces han conseguido montar una macro-versión alternativa basándose en especulaciones, conclusiones precipitadas, testimonios interesados y, sobre todo, en una interpretación de los hechos que no ve más que fantasmas detrás incluso de los deslices más inocentes. En lugar de limitarse a señalar las chapuzas y buscar el castigo adecuado para quienes las cometieron (desde el mero desprestigio hastas las responsabilidades que pudieran aplicarse en cada caso), Pedro J. ha preferido lanzarse al género de la ciencia-ficción cutre. Y no ceja en su empeño.

11M: queremos saber la verdad, desde luego. Pero también queremos que no nos tomen por idiotas.

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