Tengo mucha hambre

Llevo tres días sin comer nada. Estoy hecho polvo. Me he dejado llevar por la recomendación de Miguel Sebastián de comprar productos españoles y mi vida se ha ido a la mierda. Todo empezó el miércoles, cuando fui a ponerme mi café mañanero y caí en la cuenta de que, con toda probabilidad, el café no había sido plantado en España. No era un gran problema, siempre podía tomarme un vaso de leche, que ésa sí suele ser española, pero me di cuenta de dos detalles: me consta que mi marca de leche preferida está participada en un buen porcentaje por otra empresa europea y, además, el producto viene en un envase cuya patente es de una empresa sueca. Nada, salí de casa en ayunas, todo sea por los parados. La cosa empeoró cuando llegué a la calle y me fui a montar en mi coche japonés movido por combustible procedente de Oriente Medio (o de Venezuela, o de Nigeria, …). Decidí usar el transporte público, pero el primer autobús que llegó lo había fabricado una empresa alemana, así que opté por el metro… hasta que me di cuenta de que los vagones estaban hechos en Francia. Ya que estaba, me fui andando hasta el trabajo, bajo la lluvia, sin poder usar mi paraguas fabricado en China.

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