Vuelve la polémica sobre “la nube”

La caída del servicio de Gmail durante tres horas que ocurrió ayer ha vuelto a abrir el debate sobre la conveniencia de confiar en los servicios “en la nube”, sobre todo para usos empresariales. A los que ya criticaron este modelo en el pasado, se suman ahora muchas voces adicionales que advierten de la pérdida de control que supone el que tus datos y tus servicios esenciales, como el correo electrónico, estén en manos de terceros con quienes no firmas más que un contrato de adhesión (que ni siquiera te lees) y que no tiene contigo ningún compromiso de servicio.

El argumento de que confiar tu servicio de correo empresarial a un tercero de poca confianza es, como mínimo, arriesgado cuenta con una buena porción de sensatez. Sin embargo, no creo que la solución al problema sea prescindir del software como servicio (SaaS), una tendencia que comenzó hace ya años y que cuenta con importantes ventajas (comenzando por el “zapatero a tus zapatos” y terminando por unos costes de operación y despliegue enormemente reducidos). El equilibrio entre la pérdida de control que supone el SaaS y sus ventajas inherentes es el camino correcto, así como una correcta cuantificación de los riesgos que supone esta fórmula (¿cuánto cuestan seis horas de downtime de Gmail comparadas con mantener tu servicio de correo internamente?). Eso sin olvidar que los sistemas informáticos mantenidos internamente en la empresa también tienen sus interrupciones de servicio. Otras cuestiones, como la privacidad de los datos o la garantía de que la empresa no va a cancelar el servicio de un día para otro deben corregirse por la vía contractual y siempre desde la perspectiva de que no podemos pedirle a un único proveedor todas las garantías que no le pedimos al resto de los que intervienen en la cadena necesaria para disfrutar el servicio (¿de qué nos valdría tener un contrato sólido con, por ejemplo, Google, si no lo tenemos igualmente con nuestro proveedor de acceso a Internet?). Y, finalmente, recordemos que “sacarlo todo fuera” no significa desentendernos de todo: disfrutar del SaaS también implica actividades como descargar periódicamente tus datos desde “la nube” y guardar esas copias de la manera habitual, o contar con alternativas viables en caso de un fallo masivo de nuestro proveedor principal.

Sé que no estoy diciendo nada nuevo pero, tras eventos como el de ayer, son muchas las voces que se alzan en contra de “la nube” como si el asunto fuera una discusión blanco o negro, olvidando que la vida es algo más compleja que eso y que rechazar una opción cómoda, barata y flexible como el SaaS en lugar de intentar incorporarla a tus sistemas de forma sensata no es proteger a tu empresa, sino anquilosarla.

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