Reseña de El desorden, de Juan Carlos Girauta8 de Junio de 2008 — Manuel Delgado
El conocimiento que no nos deja conocer4 de Abril de 2008 — Manuel Delgado
¿Qué es el conocimiento?3 de Abril de 2008 — Manuel Delgado
Libros para la Nit del Foc4 de Marzo de 2008 — Manuel Delgado
Obviamente, me dejo alguna que otra, pero ya os podéis hacer a la idea de qué tipo de cosas no soporto. Paso este meme a Kasulibes y a Stewie Griffin, con la esperanza de que puedan sumarse a él a pesar de tanto que da para hablar la actualidad política. Fotografía fallera cortesía de Clav mediante una licencia Creative Commons by. Libros que leeré próximamente19 de Febrero de 2008 — Manuel DelgadoMe he puesto a enumerar los libros que se apilan en mi mesa a la espera de ser leídos y me ha surgido la idea de crear un meme con ellos y torturar con él a un par de personas. Aquí van los libros que tengo intención de leer próximamente:
Los tres últimos son un reciente regalo del padre de una buena amiga, por cierto. Por molestar un poco, lanzo este meme a Seleucus, Snipfer, Joselito y Mutawakil bin al Farsi. Breve apunte sobre Robert Burns9 de Febrero de 2008 — Manuel Delgado
Cualquiera que esté interesado en la poesía y la literatura en general disfrutará con Robert Burns. Merece la pena hacer un esfuerzo investigador antes de lanzarse a comprar cualquiera de sus libros: debemos elegir aquél en que encontremos el mayor número de notas aclaratorias del idioma y, salvo que seamos expertos en el fin del período jacobita o la postura sobre Escocia de la dinastía de Hannover, tantas referencias y aclaraciones históricas como sea posible. Así, conseguiremos acercarnos a Burns con mayores probabilidades de gozar de cada estrofa y conseguir una visión global de su vida y su pensamiento. Yo tengo una edición de Geddes & Grosset y no está mal, pero puede haber cosas mejores por ahí. Por cierto, para quienes crean no conocer nada de lo escrito por este caballero, hay que decir que una de sus canciones, o al menos su melodía, es mundialmente conocida: Auld Lang Syne [versión karaoke en Flash, bastante hortera]. Sí, sí, ésa que los americanos cantan en Nochevieja o que sale en las películas cuando toca despedir a alguien. Foto cortesía de David Paul Ohmer mediante una licencia Creative Commons by. Premio ManuelDelgado a la difusión de la Literatura4 de Enero de 2008 — Manuel Delgado
Asà las cosas, en reconocimiento de sus esfuerzos encaminados a la difusión de la Literatura y de la buena literatura (una vez más, no es una repetición), otorgo el “I Premio ManuelDelgado a la Difusión de la Literatura” a Seleucus. El ganador será invitado a café y bollos la próxima vez que nos veamos. Foto de Seleuco I (bueno, de una escultura suya, porque él no estaba disponible ese dÃa) cortesÃa de Massimo Finizio, mediante una licencia CC by-sa. Yo maté a Grover Burch (003)3 de Diciembre de 2007 — Manuel DelgadoA Doña Carmen no le solÃa gustar que sus huéspedes llevasen invitados sin avisar con antelación. Sin embargo, a mà nunca me ponÃa mala cara si me presentaba con alguien a cenar sin haber dicho siquiera si yo iba a ir a cenar. No es que la buena señora me tuviera un cariño especial, sino que agradecÃa todo el comercio que hacÃamos juntos y que le permitÃa mantener bien abastecida la cocina de la pensión, con lo que se aseguraba tanto la fidelidad de sus inquilinos como el incesante engorde de su sobrina, llamada Maria Dolors y que habÃa venido desde un pequeño pueblo de la provincia de Gerona a echarle una mano a su tÃa, a cambio de cama y siete u ocho comidas diarias. Por todo ello, cuando aquella noche llegué a la pensión con las dos siluetas que habÃa avistado frente a la puerta del edificio, doña Carmen resolvió la situación con una sonrisa en los labios y un par de órdenes a su sobrina para que colocara tres platos en la mesa. Ãbamos a cenar solos, pues el resto de huéspedes ya habÃan despejado el pequeño comedor, alicatado en azulejo blanco hasta la altura del pecho e iluminado por una única bombilla que, unos dÃas antes, se habÃa escurrido de una caja que uno de mis proveedores más estimados ayudaba a descargar de un barco proveniente de Italia. Yo maté a Grover Burch (002)1 de Diciembre de 2007 — Manuel DelgadoLa Semana Santa llegó a Barcelona, que la acogió con más ganas de lo que algunos habÃan supuesto. Hasta entonces, no habÃa vuelto a ver a Grover Burch. En realidad, ni siquiera sabÃa aún cuál era su nombre. Para mÃ, sólo era aquél marinero extranjero tan grande, de pelo castaño claro muy corto, que me habÃa pagado con dos cartones de rubio americano un paseo a lomos de la Manoli un par de meses antes. Uno de aquellos cartones me lo fumé a su salud, pero el otro lo convertà en mantequilla con la ayuda de un carabinero y, a su vez, aquella grasa amarilla se convirtió en unas pesetas al contacto con el señor Ferrer, que regentaba una panaderÃa en la calle de la Princesa y siempre estaba en busca de ingredientes con los que satisfacer a su clientela. Cuando aquellas pesetas se disolvieron en el fondo de mi cartera, olvidé por completo al grandullón y a su enorme abrigo azul. Yo maté a Grover Burch28 de Noviembre de 2007 — Manuel DelgadoConocà a Grover Burch en 1940, uno de aquellos años que pasé en Barcelona ganándome la vida con el intercambio de mercancÃas a espaldas de los carabineros y con la protección de un par de muchachas que habÃan acudido a la capital pensando que allà vivirÃan mejor que en su pueblo. La primera vez que le vi fue en un tugurio sin nombre de la calle de la Merced que a la Montse y la Manoli, que asà se llamaban mis inversiones, les gustaba frecuentar, siempre en busca de algún marinero con la paga aún caliente en la cartera. Aquella tarde, la Manoli se me acercó a consultarme si podÃa aceptar el precio que le ofrecÃa un mozarrón extranjero que se habÃa quedado prendado de ella. Por aquellos dos cartones de rubio americano, el grandullón aquél podÃa disfrutar del apretado culo de la Manoli toda una noche, pero yo puse gesto de fatiga e hice un par de aspavientos con las manos como si aceptase el trato a regañadientes. Yo siempre fui de los que daban mucha libertad a sus protegidas, que eran libres de irse con quien ellas eligieran, pero debÃan pactar conmigo cualquier variación en el precio. Desde unas mesas más allá, Grover me sonrió de medio lado al ver acercarse a la Manoli, ya liberada de los cartones de rubio. Se levantó y, al llegar ella a su lado, ambos se perdieron entre el humo y las tinieblas que invadÃan el fondo de aquél tugurio sin nombre. Lo último que pude ver de ellos dos mientras se alejaban hacia la puerta fue la inmensa manaza del marinero dándole un tiento al carrillo derecho del apretado culo de la Manoli. |
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Mutawakil Bin Al Farsi, comentarista habitual de este blog, me atiza con un meme: libros que quemaría en la próxima
El pasado lunes, 31 de diciembre, 

