Internet y los impuestos

Foto por Dawn Endico, en Flickr, con licencia CC by Internet es el campo de juego en el que los viejos y anquilosados dinosaurios quedan más expuestos, más a la vista de cualquiera que los quiera ver. Dos buenos ejemplos son, por una parte, los Estados intervencionistas y falsamente proteccionistas y, por otra, la industria discográfica, que sigue negándose a ver la realidad y continúa en su empeño por ponerle puertas al campo. Ambos dinosaurios se empeñan en extorsionar y chantajear a quienes más deberían proteger, los ciudadanos, a través de cuya satisfacción debería medirse lo bien o lo mal que lo están haciendo los unos y los otros. Internet tiene el potencial necesario para cambiar muchas reglas de juego, para ayudar a crear un mundo bien distinto del que creemos conocer ahora, pero siempre habrá un dinosaurio dispuesto a devorar a cualquiera que quiera enseñarle el camino hacia la extinción.

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Un mileurista es un dosmileurista después de impuestos

Billetes varios con mucho macro. La foto es mía y se distribuye con licencia CC by-sa. Versión grande, en Flickr. No estoy del todo de acuerdo con algunas cosas concretas que dice Martín Varsavsky en su artículo sobre la elevada presión fiscal a la que está sometido el ciudadano medio en España, pero la argumentación central de su post es inmaculada: los españoles no somos conscientes de cuánto ganamos realmente antes de impuestos, ni de cuántos impuestos vamos pagando por ahí a diario sin darnos cuenta. Es esencial mucha más transparencia para que el ciudadano no se queje sólo de lo poco que le sube el sueldo su jefe o de lo caras que están las cosas sino, además, de lo mucho que se le va en impuestos por todas partes.

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El Ministerio de Cultura no acata las sentencias judiciales

Demasiadas veces, los políticos nos recuerdan a los ciudadanos que debemos acatar las sentencias judiciales. Esto es falso: los únicos obligados a acatarlas son ellos mismos, pues son las instituciones del Estado las que están obligadas por la Ley a acatar lo que un juez ordene. Es decir, yo puedo estar en contra de una sentencia judicial, pero un organismo de la Administración Pública o un cargo público no pueden estarlo. Esto parece olvidárseles a los políticos demasiado a menudo. Leo en Error 500, en Enrique Dans y en Versvus que el Ministerio de Cultura ha creado un microsite dedicado a concienciarnos de lo malas, malísimas, que son las descargas de música, vídeos y libros y que son piratería. Resulta, no obstante, que todas las sentencias judiciales a este respecto hasta ahora en España indican lo contrario, es decir, que no son ilegales, que no son piratería mientras no haya ánimo de lucro, con lo que el Ministerio de Cultura está dedicando el dinero que nos roba mediante los impuestos a engañarnos y, de paso, está contradiciendo las múltiples sentencias a este respecto. Cuando está en juego la amistad de quienes te han ayudado a llegar al poder, está claro que te pasas la legalidad por el forro de los cojones.

N. B. - Mi opinión personal sobre las descargas -en general, no me gusta y, concretamente, no lo practico- tiene poco que ver en este asunto. Mi opinión y mis acciones no están contempladas en la Ley. Las de los Ministerios, sí.

El desglose del IVA

Acabo de comprarme un paquete de Marlboro, como casi todos los días (sí, volví a fumar tras varios años de abstinencia). Al comprarlo, no sé por qué, he tenido la sensación de estar pagando mi pequeño impuesto diario. Todos lo sabemos: el tabaco costaría mucho menos si no fuera por la cantidad de impuestos con los que está gravado. Lo mismo se puede decir del alcohol y la gasolina, por ejemplo. Pero, exactamente, ¿cuántos impuestos pagamos por cada paquete de tabaco? ¿Y al repostar? ¿Y al comprar una botella de ginebra? Seguro que no es difícil averiguarlo dedicándole un ratillo a investigar en Google pero, ¿por qué esos impuestos no se desglosan claramente en las correspondientes facturas de compra? Así, cada vez que comprásemos un producto de algunas de esas categorías ultra-gravadas, podríamos ver de verdad cuánto vale el producto y cuánto se va en impuestos. También tendríamos una idea más clara de eso que se llama “presión impositiva” y podríamos entender mejor cómo aunque nos vendan la moto de que nos bajan o quitan tal o cual impuesto, seguimos siempre en las mismas.

Existe obligación de desglosar el IVA (IGIC, para los afortunados) en las facturas, pero esto no ocurre igual con el resto de impuestos. A primera vista, sólo se me ocurre otro caso: creo recordar que, en las facturas de electricidad, se especifican cosas cómo qué parte del importe se destina a sustituir las fuentes de energía sucias por otras más “limpias”. Qué bonito, hasta me emociono. Pero, claro, de decirte cuántas cenas de ministros se van a pagar con lo que te dejas en llenar el depósito cada semana, de eso nada.

Exijo que en los tickets y facturas del tabaco, el combustible y el alcohol se desglose claramente el precio del producto y los impuestos que lo gravan. Lo exijo, aunque nadie me haga caso.

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