La generalizada confusión sobre el Diccionario

He querido dejar pasar unos días para que este artículo no estuviera cargado de connotaciones políticas. Es cierto que lo escribo a raíz de la idea genial de nuestra ministra de Igualdad y su sugerencia de que se incluya la palabra “miembra” en el Diccionario de la Real Academia pero, como no quiero politizar en exceso este blog (en esta temporada, al menos), he preferido dejar una cierta distancia entre la polémica y este post.

La absurda sugerencia de la ministra Aído no es más absurda que la frecuentísima confianza ciega del españolito medio en el Diccionario como forma de comprobar si una palabra existe o si es correcta. En lo que a la lengua se refiere, los españoles mostramos una especial querencia por una Autoridad (así, con mayúsculas) que nos diga qué está bien y qué está mal y que incluso insufle sustancia y vida en las palabras, como si hasta no recibir el beneplácito de la Real Academia las palabras no existieran y fueran creadas sólo en el momento mismo de su inclusión en el Diccionario.

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La envidia me corroe

Envy, por Christina Snyder, via Flickr con licencia CC by Sí, así es, me corroe la envidia. Hoy he pasado el día con un compañero de trabajo y su agradable familia. Son portugueses y viven aquí en Texas desde hace un año, cuando mi empresa abrió la oficina de EEUU y él vino a hacerse cargo de ella. Tienen varios hijos, entre los que destaca por su simpatía el pequeño, de tres años, que es el ser al que más envidio en estos momentos: a sus tres añitos, tiene un acento americano perfecto, habla más inglés que la mayoría de los españoles, su lengua nativa es el portugués, entiende el castellano sin problema e incluso se lanza a chapurrearlo. Y todo esto sin esfuerzo alguno, sin haber abierto un libro, sin haber pagado un profesor particular, sin haberse tenido que examinar del First, del Advanced, del Proficiency… ¡qué envidia!

Foto de la envidia hecha manzana (verde, por supuesto) por Christina Snyder, reproducida mediante una licencia Creative Commons by.

¿Idiomas en peligro de extinción?

Poco se puede añadir a lo ya muy bien dicho por Manuel Molares en sus Crónicas Bárbaras, sobre el llamamiento de la UNESCO para evitar la desaparición de 22 dialectos de la lengua maya. Sí me gustaría hacer, no obstante, una precisión: no he encontrado aún el llamamiento concreto al que se refiere Molares en su columna, pero existen dos formas para "evitar la desaparición" de un idioma y sólo una de ellas es reprobable.

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Acerca de Cloverfield

Nota: puede contener spoilers. No, no es que venga con alerones.

cloverfield_cartel El pasado sábado, fui a ver "Cloverfield". Me encantó. No puedo decir otra cosa. Debido a que está grabado (como) con una cámara digital casera, no es una película apta para los que se mareen fácilmente, pero incluso ellos deben hacer el esfuerzo y acercarse a un cine para vivir durante ochenta y pocos minutos en la piel de unos jóvenes neoyorquinos que ven cómo una noche que se antojaba divertida y agradable (fiesta, alcohol, ligoteo, …) termina por convertirse en una pesadilla de dimensiones, nunca mejor dicho, leviatánicas. Realismo puro y una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados en el cine de monstruos gigantescos: aquí no hay equipo formado por el guaperas, el científico, la reportera buenorra y el alivio cómico, sino que sólo tenemos a un grupo de jóvenes profesionales normales y corrientes que se convierten no en protagonistas, sino en meros peleles en medio de una historia que no alcanzan a comprender y, ni mucho menos, a dominar. Todo un soplo de aire fresco en un género tan desgastado por los clichés.

Por cierto, para mí, la película que fui a ver se llama "Cloverfield", no "Monstruoso". Coincido con mi amigo Seleucus en que el título español es horrible. Hace meses que me enteré de su existencia y, desde entonces, he visto diversos trailers [YouTube 01:50] y teasers [YouTube 07:12], he leído muchas páginas de fans, visitado los sitios web teasers que creó la productora y, en prácticamente todos los casos, todo el mundo se ha referido a la película como "Cloverfield", independientemente de su nacionalidad, al menos desde un determinado momento allá por septiembre. Monstruoso era poco más que un subtítulo que aparecía, en inglés, en unas pocas ocasiones. ¿Por qué las productoras y las distribuidoras españolas nos tratan como si fuéramos tontos de baba y nos cambian los títulos de las películas? Hasta podría entender que se traduzcan de forma ajustada algunos títulos (por ejemplo: "As good as it gets" –> "Mejor imposible") pero no entiendo por qué se cambian por completo títulos como éste. Además, en el pasado, podía haber razones sociodemográficas que lo explicaran (pocos hablantes de inglés y, quizás, un cierto rechazo a lo extranjero, principalmente) pero, actualmente, es injustificable porque no sólo se han reducido esos motivos (no insinúo que ahora todos los españoles hablemos inglés pero sí estamos más acostumbrados a él) sino que, además, ha surgido otro que aconseja mantener los títulos originales: Internet. Cuando una distribuidora decide cambiarle el título a una película para su proyección en España, está desaprovechando los esfuerzos globales de promoción que se puedan estar haciendo en la red. En el caso de Cloverfield, en el que la campaña vírica ha durado meses y costado algún que otro millón, el ejemplo es paradigmático: millones de internautas hablando de Cloverfield y los españolitos buscando "Monstruoso" por ahí.

Por cierto, éste no es el monstruo de la película, aunque durante un tiempo se decía en Internet que sí:

Falso monstruo de Cloverfield



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