Escuela de Líderes de Bombay

Liderazgo, por www.lumaxart.com con licencia CC by-saNo, no se trata de anunciar la apertura del curso de una escuela de negocios india. Es el título que he decidido darle a este post, debido a las muchas cosas que podemos aprender de sucesos como los que han ocurrido esta semana en esa parte del mundo. No quiero ni entrar en las lecciones geoestratégicas que a veces parecemos olvidar y que acciones viles y cruentas como las de Bombay vuelven a traer a las zonas más activas de nuestros cerebros. Mis sinapsis están hoy más pendientes de las críticas recibidas por Esperanza Aguirre por haber salido de Bombay dejando atrás a una parte de la delegación que la acompañaba.

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El futuro práctico del liberalismo español

alegoria_libertad Más allá de las broncas y discusiones en esto que llamamos Internet y que no es más que una barra de bar, pero muy grande y abierta las 24 horas, el liberalismo español pasa por un mal momento. No me refiero a su definición y taxonomía, que es lo que a algunos parece tenerles muy entretenidos últimamente, sino a sus posibilidades prácticas de hacerse un hueco en el panorama político español. Tampoco quiero decir que esto sea una novedad: el mal momento dura ya décadas. En un país que considera liberal a Esperanza Aguirre por confiar la gestión no sanitaria de varios hospitales públicos a empresas privadas (¿no estaría un verdadero liberal más por la reducción de la sanidad pública en lugar de por la búsqueda de su eficiencia?) y que se dedica a repartir alegremente nuestros impuestos en todo tipo de iniciativas “sociales”, no es previsible que un liberalismo menos descafeinado atraiga un número de votos decente, puesto que incluso esas medidas “ligeritas” suelen toparse con el rechazo atávico de una buena parte de la población. Expresaré aquí mi opinión sobre las dos únicas vías posibles, en la actualidad, para conseguir que el liberalismo se incorpore al abanico de opciones de los votantes españoles, aunque de la forma atropellada que me impone la falta de tiempo.

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Simancas vs. Aguirre: no hay color

A través de “La Frase Progre“, leo una noticia de El Mundo acerca de la precampaña de Rafael Simancas, candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid y centrada en el asunto de la Sanidad. Pocos comentarios me merece la afirmación de Simancas de que, con Esperanza Aguirre de nuevo en el gobierno, los ciudadanos tendrán que ir al hospital con la tarjeta de crédito en la mano, porque Addison ya lo ha explicado magníficamente: es mentira que se vaya a privatizar la sanidad y, además, es mentira que, hoy, no haya que pagarla.

Lo que más me ha llamado la atención, no obstante, es la intención de Simancas de fijar por ley el tiempo máximo de espera para las pruebas quirúrgicas. Es un clarísimo ejemplo de la diferencia entre ambos candidatos y de por qué Esperanza le da mil vueltas. Comparemos la propuesta de Esperanza en la pasada campaña con la de Simancas en ésta:

Aguirre se comprometió a reducir las listas de espera quirúrgicas a menos de 30 días en un plazo dado o dimitir. Y lo consiguió.

Simancas, en cambio, se compromete a regular por ley cuál es el tiempo máximo que alguien debería esperar una prueba médica. Y punto. Si no se cumple, pues nada, el servicio en cuestión habrá incumplido una ley que, por otra parte, no tendrá consecuencia alguna (¿enjuiciaría Simancas a su consejero de Sanidad?)

El tufillo intervencionista, demagogo y simploncillo de Simancas queda fielmente reflejado en este asunto.

Esto me recuerda a un caso que me contó la semana pasada una compañera de trabajo, que estuvo destinada en China varios años en un proyecto que se adjudicó nuestra empresa: en China -o, al menos, en la región de Wuhan- está regulado por ley que la jornada laboral se reduce en una hora por cada grado que la temperatura supere los 40º C; como la temperatura que se considera es la oficial, es decir, la que publican los burócratas, la consecuencia inmediata es que en Wuhan, a pesar de ser una zona calurosísima, el “termómetro” rara vez supera los 40 grados y, cuando lo hace, apenas un par de días al año, nunca supera los 42. Así, da igual que los obreros trabajen a 46 o 47 y suden en consecuencia, lo que importa es que hay una ley que los protege. Simancas, chaval, regula esto también en Madrid, y así, de paso, te cepillas con un decreto el efecto invernadero.

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