Sana envidia de los EEUU

Foto de una simpatizante de Hillary Clinton captando votos, por Greg Westfall en Flickr, mediante una licencia Creative Commons by En las temporaditas que estoy teniendo que pasar últimamente en Estados Unidos, he tenido oportunidad de comprobar un fenómeno que, como español, me resulta verdaderamente extraño y envidiable: la naturalidad con la que los ciudadanos de a pie exhiben con orgullo sus ideas políticas y el apoyo a un partido y/o candidato. Viviendo en un país en el que ser conocido por militar en un partido puede hacer que tus vecinos no te hablen o te miren con recelo (y eso en Madrid, en el País Vasco puedes acabar muerto) y que la gran mayoría de los afiliados de los grandes partidos lo son en la más estricta intimidad, sorprende cruzar cualquier barrio de cualquier ciudad y encontrar decenas de casas cuyo jardín delantero está decorado con una pancarta -en algunos casos, enorme- de apoyo a un partido o, actualmente, a alguno de los candidatos de las primarias demócratas. Un alto porcentaje de coches exhiben pegatinas de apoyo a un candidato a gobernador, fiscal del distrito, alcalde o presidente, sin miedo a que alguien decida romperle las lunas. Igualito, igualito que aquí.

Cuanto menos normalizada está la participación de los ciudadanos en la vida política, más alejados estamos de los políticos, lo que tiene como consecuencia directa e inevitable el asentamiento de una oligocracia que mira a los ciudadanos desde las alturas y nos considera poco más que ganado al que hay que dirigir y, cuando estima necesario, sacrificar.

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Educación para la Ciudadanía, versión americana.

Uno de los más activos viveros de la progresía mundial son las universidades estadounidenses. Recuerdo un desternillante relato de Gabriel Albiac en un curso de verano, hace un par de años, en el que narraba las aberraciones a las que sometían a los programas de sus conferencias en universidades americanas en cuanto se alejaban, aun mínimamente, de la más estricta corrección política.

Pues la cosa sigue empeorando, imparable. Este artículo en Pajamas Media sobre el adoctrinamiento en la Universidad de Delaware es muy revelador de la gravedad de la situación. El artículo incluye pasajes como:

“Students were asked if they approved of such things as affirmative action or gay marriage. If they did, they would join students on one side of the room. If they didn’t, they would join students on the other side of the room. They were not permitted to explain their reasons or to answer ‘I don’t know,’ she said.â€

Un buen ejemplo de en qué se puede convertir, en un pis-pas, una asignatura como Educación para la Ciudadanía. Eso sí, igual que aquí, el programa de enseñanza de competencias para la ciudadanía (¡Hasta en el nombre!), se puso en marcha con muy buenas intenciones. Buen rollito, que dirían algunos.

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