21 de Abril de 2008 — Manuel Delgado
Los políticos y burócratas saben que, cuando se esgrime la lucha contra el terrorismo como objetivo, los ciudadanos estamos mucho más dispuestos a admitir cualquier excentricidad: millonadas gastadas en no se sabe qué, invasiones de países variados, leyes ultra-intrusivas, recorte de libertades, creación de cuerpos de seguridad de dudosa utilidad y legalidad, poderes especiales para los gobernantes… Una vez aprobada la ley en cuestión o la partida presupuestaria, el uso que de ella se hace es de lo más variopinto, olvidando su supuesto objetivo inicial de luchar contra el terrorismo.
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