¿A quién no le ha pasado?

Enchufe, por kreg.steppe en Flickr, con licencia CC by-sa Te levantas, te duchas, te afeitas, te vistes (camisa impecable, gemelos, traje y corbata), coges tu portátil y el proyector de viaje y te vas a una reunión. Llegas a tiempo, os vais sentando, intercambio de tarjetas, alguien va a traer cafés. Todo va bien. Sacas tu portátil, sacas el cañón, buscas dónde enchufarlos y descubres que el arquitecto técnico que diseñó esa oficina es un hijo de puta mayúsculo y sólo ha puesto enchufes debajo de la enorme mesa de reuniones. Te tiras al suelo y, a cuatro patas, cual perro impertinente oliendo la entrepierna de los comensales, te peleas con la puñetera caja de enchufes mientras intentas mantener la escasa elegancia que te queda ya. Te levantas, sofocado, con la camisa medio salida, la corbata apuntando al norte y la manga derecha de la chaqueta hecha un cagarro alrededor del codo. Empieza la reunión.

¿Es que no enseñan qué significa ergonomía en las escuelas de arquitectura? ¿Ni siquiera sensatez?

Foto de un enchufe por kreg.steppe, usada mediante su licencia Creative Commons by-sa,

Aeropuerto de Oporto, Portugal

A pesar de su ubicación periférica con respecto al centro de Europa y a no estar ubicado en la capital de su país, el aeropuerto de Oporto sorprende al viajero por su nada despreciable tamaño, su diseño moderno y elegante y, sobre todo, por un cuidado servicio que se nota especialmente en detalles importantes como la extrema limpieza de todas su áreas. Con vuelos regulares a 35 destinos de Europa y América, el aeropuerto tiene un tráfico de nivel medio, suficiente para darle la vida de la que carecen muchos aeropuertos pequeños pero no demasiado como para que suframos largas colas y aglomeraciones.

La oferta de restauración está limitada a seis locales de distintos tipos, pero con un tamaño suficiente para acoger a los usuarios del aeropuerto. La variedad de establecimientos comerciales de todo tipo, en cambio, es enorme, por lo que no tenemos motivo para aburrirnos si hemos llegado demasiado pronto al aeropuerto o nuestro vuelo se ha retrasado. Además, encontraremos un buen número de establecimientos de servicios como bancos, empresas de alquiler de coches, agencias de cambio, etc.

Recorrer los 11 kilómetros que separan el aeropuerto de Oporto no suele ser un problema por la mañana pero, por las tardes, es mejor salir con tiempo suficiente hacia el aeropuerto debido a los atascos. El metro es una alternativa perfectamente factible, pues en alrededor de media hora podemos llegar al aeropuerto desde el centro de la ciudad.



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