13 de Mayo de 2008 — Manuel Delgado
La percepción de que las tecnologÃas de la información (TI o IT) suponen un lastre para las organizaciones sigue asentándose entre las cúpulas directivas. A mi entender, el motivo es muy sencillo de explicar: a pesar de que el desarrollo de las capacidades de los sistemas informáticos empresariales ha sido vertiginoso en los últimos diez años, su coste, sus riesgos, sus probabilidades de fracaso y los quebraderos de cabeza que suponen apenas se han reducido nada en el mismo periodo de tiempo. Antes bien, puesto que la dependencia de los negocios de los sistemas de IT es mucho mayor ahora y las obligaciones de integración entre múltiples sistemas son mucho más numerosas, la situación es incluso peor. En otras palabras, aunque el software y el hardware de hoy nos ofrecen funcionalidades inimaginables hace diez años, implantar un gran ERP, un CRM o un sistema de gestión documental sigue siendo el mismo proyecto de proporciones épicas, origen de todo tipo de situaciones dramáticas, que era en 1998. Como consecuencia, los consejeros delegados siguen viendo a la IT como un problema con el que lidiar a la hora de crecer, en lugar de verlo como el trampolÃn en que debÃa haberse convertido ya.
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