La generalizada confusión sobre el Diccionario

He querido dejar pasar unos días para que este artículo no estuviera cargado de connotaciones políticas. Es cierto que lo escribo a raíz de la idea genial de nuestra ministra de Igualdad y su sugerencia de que se incluya la palabra “miembra” en el Diccionario de la Real Academia pero, como no quiero politizar en exceso este blog (en esta temporada, al menos), he preferido dejar una cierta distancia entre la polémica y este post.

La absurda sugerencia de la ministra Aído no es más absurda que la frecuentísima confianza ciega del españolito medio en el Diccionario como forma de comprobar si una palabra existe o si es correcta. En lo que a la lengua se refiere, los españoles mostramos una especial querencia por una Autoridad (así, con mayúsculas) que nos diga qué está bien y qué está mal y que incluso insufle sustancia y vida en las palabras, como si hasta no recibir el beneplácito de la Real Academia las palabras no existieran y fueran creadas sólo en el momento mismo de su inclusión en el Diccionario.

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