Mi defensa de la propiedad intelectual

Poster mindmap de la web, por Paul Downey (psd) en Flickr (1805709102) con licencia CC by.Me preguntaba el otro día un amigo por email acerca de los motivos por los que dije que no estoy de acuerdo con la postura expuesta por Juan Carlos Rodríguez Ibarra en su artículo de El País sobre la propiedad intelectual. Como, en estos días, se está hablando mucho del tema y, de hecho, el Consejo de Ministros de hoy ha parido una nueva ley de defensa de los inmerecidos privilegios de los autores y sus intermediarios, voy a explicar el porqué de mi desacuerdo aquí, por si necesito reaprovecharlo en el futuro.

La tesis de la que parte Rodríguez Ibarra es que, al fin y al cabo, toda creación humana no es sino una recombinación de elementos anteriores, ya sean creaciones colectivas, personales o incluso naturales. Así, cada vez que alguien compone una poesía, lo hace recombinando elementos creados colectivamente por los humanos a lo largo del tiempo, como el idioma o la métrica, algunos elementos creados por alguien concreto (le ha podido inspirar una poesía de un autor, o haber hecho mofa de la de otro) y, desde luego, otros elementos como el lenguaje, fruto de la evolución, o la capacidad del aire de transmitir sonidos, característica física intrínseca a nuestra realidad. Podríamos ir más allá y decir, también, que si alguien se dedica a la poesía es porque alguien se ha molestado en enseñarle a leer y escribir y, ya que estamos, gracias a que los hay que fabrican la tinta con la que se alimentan las imprentas en las que se crean los libros que ha leído nuestro poeta. Así, según Rodríguez Ibarra, el creador de esa nueva poesía no puede reclamar ningún derecho de propiedad sobre ella porque, al fin y al cabo, lo único que ha hecho ha sido aprovechar lo ya hecho por muchos otros antes que él y, por tanto, no cabe el reconocimiento exclusivo de ningún derecho sobre esa creación.

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Periodismo independiente y delito informático

Farola de la policía de Pittsburg, por macwagen en Flickr, con licencia CC by-ncn-dInsuperable e imprescindible la intervención de Carlos Sánchez Almeida en el II Congreso Andaluz de Periodismo Digital, celebrado en Huelva, y que reproduce Kriptópolis.

Destaco un párrafo que resume, con toda crudeza, la situación a la que nos enfrentamos actualmente con respecto al respeto de nuestros derechos fundamentales en Internet:

Seguridad y confianza en las transacciones electrónicas: proteger los derechos fundamentales, proteger a los consumidores, proteger a los menores. Es la letanía permanente del poder, en su aspiración inalcanzable de controlar Internet. Y es una letanía falsa: al poder no le importan en absoluto los derechos fundamentales, los consumidores o los menores. Al poder el único derecho que le importa es el derecho de propiedad…

No dejes de visitar el siempre recomendable sitio del Bufet Almeida.

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El precio de la justicia

Acabo de leer un estupendo post de un abogado en ejercicio en el que narra cómo ha logrado recuperar su móvil robado. Con la Ley en la mano y no poco tesón y perspicacia, este abogado logró que la maquinaria judicial y policial se pusiera en marcha y recorriera el camino necesario para algo que debería ser más común: que se haga justicia incluso en los casos más pequeños y poco llamativos, pero que nos afectan a todos repetidas veces en nuestra vida.

Suscribo las palabras con las que termina su artículo:

Y es que la nota diferencial de los sistemas avanzados está precisamente en la garantía de la pequeña justicia, la que impide que un policía nos pida “propinaâ€, la que protege con toda su fuerza hasta la más pequeña de las propiedades, la que nos da los medios necesarios para defender nuestros más particulares intereses…

Sin embargo, hay algo que me preocupa y que el autor no ha tenido en cuenta: todo lo que ha ocurrido en su caso ha sido posible porque él conoce de primera mano los recursos que tiene a su disposición y porque, dejando a un lado el tiempo dedicado al asunto, todas las actuaciones le han salido prácticamente gratis, puesto que no ha tenido que pagar a ningún abogado y sólo ha tenido que recurrir a una procuradora para, según parece, evitar más frenazos en el procedimiento después de un primer malentendido al respecto. Me pregunto si no sería mucho más avanzado nuestro sistema judicial si además de eficaz fuera también más abierto, entendiendo por tal más económico e intuitivo. ¿Por qué hay que dirigirse a los juzgados por medio de un procurador? ¿Por qué no existe un manual para legos que nos permita saber nuestras opciones de actuación en cada momento del proceso?  ¿Por qué hay que redactar escritos con un lenguaje de hace tres o cuatro siglos? ¿Por qué, en definitiva y salvo que seas abogado, sale más caro recuperar tu móvil robado que comprarte uno nuevo?

No tendremos un sistema judicial avanzado mientras embarcarte en una aventura como ésta no esté a disposición de cualquiera con unos rudimentos mínimos y tiempo y ganas para hacerlo. Para los demás, siempre estarán los profesionales.

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Estoy radicalmente a favor del canon

Muchos se sorprenderán ante la afirmación que da título a este post. Hombre, es por causar algo de polémica, nada más. En realidad, si de mí dependiera no habría canon. Ahora bien, eso no quita para que entienda que cada uno es libre de querer cobrar por su trabajo lo que a cada uno le parezca adecuado (que los demás estén dispuestos a pagártelo es otra cosa). Por tanto, la pretensión de los artistas de querer cobrar dinero a cambio de las copias privadas que sus compradores harán (o no) de sus obras me parece completamente legítima. Sin embargo, el que alguien tenga derecho a aspirar a algo no significa que deba, necesariamente, conseguirlo, del mismo modo que se le puede conceder en muy diversas formas y grados. Y es ahí donde creo que habría que hacer más hincapié en la actualidad y por eso propongo una fórmula para dejar el canon en lo que debe ser y eliminar sus gravísimas deficiencias.

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