Mi defensa de la propiedad intelectual8 de Enero de 2010 — Manuel Delgado
La tesis de la que parte RodrÃguez Ibarra es que, al fin y al cabo, toda creación humana no es sino una recombinación de elementos anteriores, ya sean creaciones colectivas, personales o incluso naturales. AsÃ, cada vez que alguien compone una poesÃa, lo hace recombinando elementos creados colectivamente por los humanos a lo largo del tiempo, como el idioma o la métrica, algunos elementos creados por alguien concreto (le ha podido inspirar una poesÃa de un autor, o haber hecho mofa de la de otro) y, desde luego, otros elementos como el lenguaje, fruto de la evolución, o la capacidad del aire de transmitir sonidos, caracterÃstica fÃsica intrÃnseca a nuestra realidad. PodrÃamos ir más allá y decir, también, que si alguien se dedica a la poesÃa es porque alguien se ha molestado en enseñarle a leer y escribir y, ya que estamos, gracias a que los hay que fabrican la tinta con la que se alimentan las imprentas en las que se crean los libros que ha leÃdo nuestro poeta. AsÃ, según RodrÃguez Ibarra, el creador de esa nueva poesÃa no puede reclamar ningún derecho de propiedad sobre ella porque, al fin y al cabo, lo único que ha hecho ha sido aprovechar lo ya hecho por muchos otros antes que él y, por tanto, no cabe el reconocimiento exclusivo de ningún derecho sobre esa creación. Periodismo independiente y delito informático18 de Septiembre de 2009 — Manuel Delgado
Destaco un párrafo que resume, con toda crudeza, la situación a la que nos enfrentamos actualmente con respecto al respeto de nuestros derechos fundamentales en Internet:
No dejes de visitar el siempre recomendable sitio del Bufet Almeida. El precio de la justicia22 de Marzo de 2009 — Manuel DelgadoAcabo de leer un estupendo post de un abogado en ejercicio en el que narra cómo ha logrado recuperar su móvil robado. Con la Ley en la mano y no poco tesón y perspicacia, este abogado logró que la maquinaria judicial y policial se pusiera en marcha y recorriera el camino necesario para algo que deberÃa ser más común: que se haga justicia incluso en los casos más pequeños y poco llamativos, pero que nos afectan a todos repetidas veces en nuestra vida. Suscribo las palabras con las que termina su artÃculo:
Sin embargo, hay algo que me preocupa y que el autor no ha tenido en cuenta: todo lo que ha ocurrido en su caso ha sido posible porque él conoce de primera mano los recursos que tiene a su disposición y porque, dejando a un lado el tiempo dedicado al asunto, todas las actuaciones le han salido prácticamente gratis, puesto que no ha tenido que pagar a ningún abogado y sólo ha tenido que recurrir a una procuradora para, según parece, evitar más frenazos en el procedimiento después de un primer malentendido al respecto. Me pregunto si no serÃa mucho más avanzado nuestro sistema judicial si además de eficaz fuera también más abierto, entendiendo por tal más económico e intuitivo. ¿Por qué hay que dirigirse a los juzgados por medio de un procurador? ¿Por qué no existe un manual para legos que nos permita saber nuestras opciones de actuación en cada momento del proceso? ¿Por qué hay que redactar escritos con un lenguaje de hace tres o cuatro siglos? ¿Por qué, en definitiva y salvo que seas abogado, sale más caro recuperar tu móvil robado que comprarte uno nuevo? No tendremos un sistema judicial avanzado mientras embarcarte en una aventura como ésta no esté a disposición de cualquiera con unos rudimentos mÃnimos y tiempo y ganas para hacerlo. Para los demás, siempre estarán los profesionales. Estoy radicalmente a favor del canon20 de Diciembre de 2007 — Manuel DelgadoMuchos se sorprenderán ante la afirmación que da tÃtulo a este post. Hombre, es por causar algo de polémica, nada más. En realidad, si de mà dependiera no habrÃa canon. Ahora bien, eso no quita para que entienda que cada uno es libre de querer cobrar por su trabajo lo que a cada uno le parezca adecuado (que los demás estén dispuestos a pagártelo es otra cosa). Por tanto, la pretensión de los artistas de querer cobrar dinero a cambio de las copias privadas que sus compradores harán (o no) de sus obras me parece completamente legÃtima. Sin embargo, el que alguien tenga derecho a aspirar a algo no significa que deba, necesariamente, conseguirlo, del mismo modo que se le puede conceder en muy diversas formas y grados. Y es ahà donde creo que habrÃa que hacer más hincapié en la actualidad y por eso propongo una fórmula para dejar el canon en lo que debe ser y eliminar sus gravÃsimas deficiencias. |
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