El inquietante futuro de nuestros datos en Internet

No es que este asunto me resulte novedoso, ni mucho menos, pero no puedo evitar la sorpresa cuando me pasan cosas como ésta de hoy. Me meto en la sección de tecnología de El Mundo y veo, una detrás de otra, estas dos noticias:

No soy el único que, a la vista de la primera noticia, se asusta ante las consecuencias indeseadas -pero previsibles- de la segunda noticia, ¿verdad?

Malos tiempos para la privacidad

Anuncio sobre las bases de datos de la TV License en el Reino Unido, en Flickr, por codepo8 con licencia CC byEn general, el ciudadano de a pie es poco consciente de cuántas veces al día sus datos personales, sus acciones, su ubicación, sus gustos, son registrados en una base de datos. En muchos casos, tenemos la posibilidad de darnos cuenta, de intuir, que eso va a ocurrir, como cuando pagamos con una tarjeta de crédito, pero son muchas otras las ocasiones en las que nuestra privacidad queda almacenada en algún sitio sin que se nos informe de ello, como al pasar bajo una cámara de vigilancia con reconocimiento automático de matrículas o cuando se usa la señal de nuestro teléfono móvil para ubicarnos. Los políticos y burócratas no son propensos a impedir o limitar esta recolección constante de datos. Antes bien, no dudan en ampliar y justificar cualquier ataque a nuestra privacidad si intuyen que con él podrán controlarnos mejor. Leer el resto del artículo »

Enésimo ataque a la privacidad de los ciudadanos

Esta vez, en Chile. Parece que lo de pasarse por ahí mismo la privacidad de quienes pagan tu sueldo no es patrimonio de la Vieja Europa. Veo en Barrapunto que los datos de seis millones de chilenos, provenientes de varios registros oficiales, han sido publicados en Internet por un sujeto que afirma hacerlo para llamar la atención sobre la falta de seguridad de esos registros. Mal por el sujeto y muy mal por los burócratas que debían custodiar esos datos. Seguro que, si le pillan, al tipo le meterán un puro de cuidado. Matarán al mensajero: ningún burócrata sufrirá consecuencia alguna.

TMI: Too Much Information

Por si alguien pensaba que sólo los periodistas y medios de comunicación españoles demuestran casi a diario su incultura sobre Internet con artículos sensacionalistas carentes de base y justificación, sirva este ejemplo para ilustrar que en otros sitios padecen la misma lacra: leo en el centro de la portada del USA Today de hoy un artículo titulado “Social, work lives collide on networking websites”, algo así como “La vida personal choca con la profesional en los sitios de redes sociales”. O sea, más de lo mismo sobre lo mala, malísima, que es Internet y lo desprotegidos que estamos en ella. Como ejemplo paradigmático, el periódico nos cuenta la historia de una señora llamada Wadooah Wali, que se quedó preocupadísima después de que un contacto de negocios viera en Facebook una foto de su reciente boda con otra señora, a pesar de que ella mantiene su homosexualidad en secreto en su “vida profesional”. Curiosamente, a la señora Wali no parece importarle que su historia se publique en portada en el USA Today y que la misma foto de Facebook se reproduzca a buen tamaño en la página 2 (en el artículo en la web, no aparece). Debe de ser que sus contactos de trabajo no leen el USA Today y por eso está tranquila, no preocupada como en Facebook. Así, sólo unos cuantos cientos de miles de personas han visto hoy su foto abrazando a su mujer, infinitamente más que el número de visitas de su perfil de Facebook en los últimos años, seguro.

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Felicitaciones de Navidad poco afortunadas

En los últimos días, tanto en mi correo personal como en el profesional, he recibido una serie (no menos de seis, que pueda enumerar de memoria) de mensajes con cálidas y afectuosas felicitaciones navideñas con dos características comunes: 1) provienen de empresas de la industria informática de las que soy cliente -de una forma u otra- y 2) muestran en la línea “Para” las direcciones de correo electrónico de los destinatarios, que son varios cientos en todos los casos y en los que es perfectamente identificable el nombre completo, dirección de correo electrónico y empresa para la que trabajan (o, mejor dicho, trabajamos).

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