El lastre de la deuda pública

Es una lástima no haber guardado referencias de aquellos momentos, a lo largo de los últimos 18 meses, en los que algún miembro del gobierno (presidente incluido, desde luego) ha justificado el aumento del gasto público para hacer frente a la crisis. Que si para lo social, que si para la cohesión, que si para la solidaridad, que si para evitar el parón económico…

Como todo buen socialdemócrata sabe, la mejor salida a una crisis es arrojar más dinero sobre ella. Pues va a ser que no. Ahora, con la quiebra soberana asomando los colmillos en el horizonte, resulta que tenemos que irnos de viaje por Europa para explicar que no, que la deuda es mala y que, además, la vamos a eliminar de un plumazo.

Sólo espero que la ministra Salgado no haya explicado la fórmula que, con certeza, Zapatero habrá elegido para acabar con la deuda: cerrar los ojos bien fuerte y desear con ganas que la deuda pública baje al 3%. Pero desearlo mucho, mucho, por supuesto.

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No dejes que la realidad te estropee un buen titular

Ayer, leí una noticia en El Mundo sobre los bonus de los ejecutivos de banca londinenses: “Los ejecutivos de la ‘City’ cobrarán un 50% más en bonus este año“. En mi inocencia, confié en que, al tratarse de una publicación digital, cabía la posibilidad de que alguien en el periódico leyera la noticia, hablase con el periodista y le instara a cambiar el titular. Sin embargo, hoy sigue igual que ayer. El mismo titular falso que la propia noticia desmiente. Los ejecutivos de la City no cobrarán un 50% más que el año anterior, ni un 50% más de lo que habían pactado inicialmente, ni un 50% más de “lo que deberían”, sea esto lo que sea. No. Lo que dice la noticia es que una determinada consultora, el Centro de Investigaciones sobre la Economía y los Negocios (CEBR), que deben de ser cuatro amiguetes a juzgar por su sitio web, ha revisado al alza, en un 50%, sus estimaciones de lo que cobrarán los ejecutivos londinenses. Y eso, para El Mundo, es una noticia.

Propuesta de titular alternativo: “Una consultora desconocida falla en un 50% sus estimaciones“. Claro está que ese titular no está en la línea de tremendismo y de desinformación sobre la crisis financiera que El Mundo adoptó hace ya un tiempo. Otro ejemplo más para recordarle a los que piensan que la información de los blogs no es de fiar y la de los grandes medios, sí.

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Sobre la ley de economía sostenible

Hoy, el presidente del gobierno, J. L. Rodríguez Zapatero, se reunirá con los agentes sociales para presentarles su proyecto sobre una ley de economía sostenible. Casi alcanzo a entender por completo lo que el gobierno socialista quiere decir con eso de la economía sostenible, pero eso no hace que me parezca adecuado el nombre ni que confíe en la capacidad de una ley para alcanzar los objetivos marcados. Es cierto que España necesita progresar en áreas como la tecnología y la investigación y que nuestra elevada dependencia de sectores como la construcción o el turismo nos hace muy vulnerables a los vaivenes de la economía global. Sin embargo, no creo que sea sostenible el término más adecuado para definir aquello que necesitamos y, repito, me parece arriesgado confiar en la capacidad de una ley para producir cambios reales y tangibles. Bienvenido sea el intento de conseguirlo, pero mucho me temo que la cosa no irá mucho más allá de las frases pronunciadas por Zapatero hasta ahora, como la de la “reforma de las estructuras educativas para una mayor vinculación al modelo productivo”, frase altisonante pero de muy poca chicha, y de regalar 45.000 millones en subvenciones, fórmula magistral para mejorar la competitividad (nótese la ironía, por favor). ¿Se hará nuestra economía más sostenible con esas acciones? El tiempo lo dirá, pero ya saben qué pienso.

Por cierto, no sé si a alguien le parece algo irónico que el mismo que nos propone ahora este plan regalase hace unos meses 8.000 millones de euros para gastarlo en parques, jardines y otras actividades constructivas. A mí sí me lo parece, desde luego.

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El principio del fin… de la crisis

Ayer, durante un discurso en Carolina del Norte, Obama dijo que los Estados Unidos “podrían estar viendo el principio del fin de la recesión. Otra de esas grandes frases sobre la crisis, sólo superada en vacuidad por la de nuestro querido presidente del Gobierno el pasado enero: “La crisis tiene un principio y un final.” Sí, claro, como los perros, que empiezan en el hocico y acaban en el rabo.

Hablar del “final” de la crisis en estos términos carece de sentido real y práctico. Se puede hablar del fin del aumento del paro, del fin de la deflación, del fin de la caída del PIB, … pero hablar del fin de la crisis no es más que una consigna, una frase bonita para tranquilizar a las masas sin, en realidad, haber dicho nada. Cualquiera puede poner el hito del “fin de la crisis” donde quiera, pues “la crisis” es una suma de eventos y circunstancias y cada uno puede entender que ha acabado en momentos diversos. Por ejemplo, alguien podría ver el fin cuando el PIB deje de caer, mientras que otros no lo verán hasta que haya recuperado sus niveles pasados. Sin embargo, mucho peor que hablar del fin de la crisis es hablar del “principio del fin de la crisis”. Al fin y al cabo, igual que ocurre con la vida, la crisis comienza a desaparecer justo en el instante en que nace.

Políticos de consigna y de discurso bonito. Esperanzadores y vacíos, a partes iguales. Eso es lo que tenemos. ¿Tenemos lo que nos merecemos?

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Asociación para la Reforma de las Pensiones

Asociación para la Reforma de las PensionesJuan Pina, a quien conocí hace unos meses en una reunión del Centro Democrático Liberal, me envió el otro día un mensaje como secretario general de la Asociación para la Reforma de las Pensiones para darme a conocer esta nueva iniciativa en la que está involucrado. Con un nombre tan descriptivo, están claros cuáles son los objetivos de la asociación. Lo que quizá no quede tan claro es el medio propuesto para llevar a cabo esa reforma: la capitalización de las pensiones.

¿En qué consiste la capitalización de las pensiones? En pocas palabras: consiste en que tus aportaciones al fondo de pensiones de la Seguridad Social se dediquen de forma casi íntegra a tu pensión futura. En el actual sistema de reparto, todo trabajador está obligado a aportar dinero al fondo de pensiones pero, llegada la hora de jubilarse, el importe que percibirá no depende directamente de lo aportado a lo largo de su vida laboral, sino que se calcula en función de la normativa vigente en ese momento, influenciada por la capacidad de la Seguridad Social para hacer frente al pago de las pensiones.

La crítica que más habitualmente se hace a las propuestas de capitalización de las pensiones es que un sistema insolidario. Nada más lejos de la realidad. Aumentar la justicia y la proporcionalidad de las pensiones recibidas por la mayoría no es incompatible con la solidaridad y la protección social, como demuestra el artículo que dedican específicamente a este punto en la web de la ARP. Un porcentaje de las aportaciones corrientes puede dedicarse a un fondo de solidaridad para quienes no puedan realizar sus propias aportaciones. Nótese la diferencia con el sistema actual: se ayuda a los demás a que puedan realizar sus aportaciones, en lugar de dedicar las cotizaciones de unos al pago de las pensiones de otros.

Obviamente, una reforma de este tipo no puede llevarse a cabo de forma radical, sino que es necesario prever procesos de transición que impidan situaciones de desamparo en aquellos para los que este sistema llegue tarde. Sin embargo, la situación actual del mercado laboral y la tendencia futura del sistema de pensiones hace imprescindible y urgente una reforma de este tipo si no queremos que, al final, lo que llegue sea la desagradable experiencia de habernos visto obligados a aportar importantes cantidades de dinero toda nuestra vida y encontrarnos con una pensión de jubilación indigna y, por qué no decirlo, de risa. O de llanto, según se mire.

Ãnimo a Juan, Roald y el resto de integrantes de la Asociación para la Reforma de las Pensiones.

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Punset vs. Zapatero

Compárese esto:

Aznar, su amigo Bush y los neoconservadores han traído esta crisis.

J. L. Rodríguez Zapatero, 10 de mayo de 2009

Con esto otro:

[...] los europeos cometimos una equivocación increíble al considerar que la actual crisis o recesión mundial era algo esencialmente norteamericano, que iba a afectarnos a nosotros sólo en segundo término. Todos los datos aflorados ahora están sugiriendo que –en el mejor de los casos– la crisis es tan europea como americana y, muy probablemente, más europea que americana. Por eso, los expertos internacionales apuntan a una recuperación más rápida en EE.UU. que en Europa.

Eduard Punset, 11 de mayo de 2009

Sáquense después las conclusiones pertinentes.

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Los bonus de la discordia

Yo no lo habría dicho mejor, así que me callo:

Gracias a xkcd.

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El cierre de los servicios de Google y el acceso a nuestros activos digitales

Irene, herramienta para la conservación de activos digitales usada en la Biblioteca del Congreso de EEUU, por kqedquest con licencia CC by-ncLa noticia se ha publicado en otros mil lugares distintos, así que no es ninguna novedad contar que Google cerrará, aunque de distintas maneras, varios de sus servicios web menores: Google Video, Notebook, Catalog Search, Jaiku, Google Mashup Editor y Dodgeball. Con recortes también en algunas de sus áreas organizativas, queda claro que a Google también le afecta la crisis. Y queda claro también lo que ya tantas veces he dicho: Google es, simplemente, una empresa, por mucho que tantos hayan querido ver en ella una marca bondadosa y amable, en contraposición a otra odiosa y detestable (¿cuál? No sé). Como empresa, su responsabilidad principal es ser eficiente y rentable, así que los miles de usuarios que usaban esos servicios se van a tener que buscar las habichuelas en otro lado. A más de uno no se le va a borrar la cara de sorpresa en varias semanas pensando “no me pueden hacer esto“. Pues se lo han hecho.

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Malos (y polémicos) días para Mobuzz

Mobuzz es una de las startups más notorias en el panorama internetero español. Con sus vídeos, animan el cotarro y se han convertido en una divertida hoja parroquial de lo que pasa en la blogosfera, en Internet y fuera de ellas. Parece ser que tienen problemas de financiación y han iniciado una campaña para que sus seguidores/espectadores donen un poco de dinero para hacer frente a la crisis y aguantar en marcha hasta que se arreglen las cosas con sus inversores y los contratos publicitarios que tienen apalabrados se hagan realidad. Leer el resto del artículo »

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Intervención vs. Regulación

Estas últimas semanas han sido para todos escenario de multitud de discusiones sobre la intervención de los distintos gobiernos y bancos centrales en la crisis del mercado financiero, sobre todo en Estados Unidos. Una idea que se repite en prácticamente todas esas discusiones es si el enfoque liberal es el más adecuado para los mercados pues, al final, ha sido mediante el intervencionismo como se ha conseguido salir a flote. Se critica la falta de reglas y se exige un mayor control e intervención para que lo que acaba de pasar no vuelva a ocurrir nunca.

No quiero entrar en la discusión de cuánto hay de liberal en la política que ha llevado a los mercados a esta situación (sinceramente, creo que gastar animaladas de dinero en guerras u obligar a los bancos a conceder hipotecas de alto riesgo no son medidas que podamos calificar de liberales) o si las distintas intervenciones de estos días son una solución o un parche o incluso si lo correcto hubiera sido dejar que las empresas en apuros se fueran al garete por completo. Me preocupa mucho más hablar sobre qué entendemos por liberal y qué por intervencionista o, dicho de otro modo, dónde está la frontera entre la regulación y el intervencionismo.

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