5 de Abril de 2008 — Manuel Delgado
Texas es un estado muy particular en lo que se refiere al control de armas. No exagero si digo que aquí se puede entrar a una armería -o al equivalente a un Decathlon, como conté el otro día-, cargar el carrito de la compra, pagar en la caja e irte a casa con el maletero hasta arriba de armas de todo tipo y munición, todo en el plazo de quince minutos. No hay tiempos de espera, no hay background checks, no hay… nada. Salvo que el dependiente de la tienda, a su criterio, piense que estás borracho o drogado, claro.
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