Publicidad financiera un tanto borrosa

Cajamadrid lleva algunas semanas anunciando a bombo y platillo su depósito "Relájate y disfruta", con el que promete a sus clientes un interés de hasta el 5,10%. Al visitar el minisite del depósito, me he encontrado con una cosa curiosa: a pesar de que la revisión médica por la que pasé hace un par de semanas confirmó que tengo la vista perfecta, no he sido capaz de leer la letra pequeña que indica las condiciones del depósito. En este caso, lo de letra pequeña es bien literal. Además, el que la hayan escrito en un color sólo ligeramente más oscuro que el blanco más puro tampoco ayuda mucho a su legibilidad. He probado a reducir la resolución del monitor para hacerla más grande y, si bien es cierto que he podido comenzar a distinguir las palabras, leer el párrafo en el que han condensado todas las condiciones del producto seguía siendo insufrible. ¿Qué pretende exactamente Cajamadrid impidiendo que incluso los jóvenes con buena vista lean la letra pequeña de su depósito? ¿Qué doble sentido pretenden darle a la expresión "Relájate y disfruta"?

Por cierto, buceando un poco por el minisite llegas a una página del sitio principal de Cajamadrid en la que sí está la letra pequeña con los saltos de párrafo correspondientes y en un tamaño y color sensatos. Cualquiera que esté pensando en invertir su dinero en cualquier producto financiero debería hacer el esfuerzo de llegar a leer las condiciones que se le aplicarán, pero apuesto a que son manada los que no estarían dispuestos a hacer tres clicks hasta llegar a esa información y Cajamadrid no se lo pone nada fácil, desde luego.

Para rematar el asunto, diré que las condiciones de este depósito de Cajamadrid son un tanto cuestionables. Para quien tenga una gran liquidez, el depósito puede suponer una buena oportunidad, pero la obligación de duplicar tu posición global en Cajamadrid cada trimestre para poder así gozar de los tipos de interés ventajosos que tanto anuncian no está al alcance de cualquiera. El común de los mortales tendrá que conformarse con unos tipos más bien normalitos, me temo.

Hoy me quejo de Fagor

Siguiendo la línea de compartir con el mundo mis quejas como consumidor, que empecé la semana pasada con Jazztel, sigo hoy quejándome del servicio de atención al cliente de Fagor. Hace un par de semanas, la lavadora empezó a hacer un ruido muy raro. Incluso cuando el tambor no gira, el ruido anuncia la inminente rotura de alguna tripa del aparato. Antes de que se produzca el luctuoso evento, llamamos al servicio de atención al cliente para que manden a alguien a reparar el electrodoméstico, que aún está en garantía. Hay que reconocer que las operadoras del call-center son muy agradables y eficientes, así que tomaron nota y nos quedamos a la espera de que el técnico nos llamara para “concertar la cita” (palabras textuales de la operadora).

Pasada una semana desde el aviso, anoche me dio por comprobar los mensajes del contestador de casa. Resulta que había una llamada perdida, de las 13:25, de un técnico de Fagor que anunciaba que se iba a pasar por casa a partir de las 14:00. Esa hora, la una y media, coincidía, además, con una llamada perdida en mi móvil (suelo acumular seis o siete llamadas perdidas a lo largo del día y no puedo contestar a todas: es lo que pasa cuando recibes otras veinte que sí coges). Hoy, he llamado al número que me dejó la llamada, sin mensaje, en el móvil y, efectivamente, era el técnico de Fagor. Pues el buen señor me ha echado la bronca porque se pasó por mi casa a las 14:15 y no había nadie, lo que le había hecho perder mucho tiempo. Con un poco de ironía, otro de sarcasmo y algo de mala leche, le he explicado que eso es lo que suele pasar cuando no “conciertas citas”, sino que “te anuncias”, como hacen los Reyes y otras Autoridades. Y encima, con menos de una hora de antelación y sin recibir confirmación. Pues eso, que si haces viajes en balde como ése muy a menudo, igual te lo tendrías que hacer mirar, por si el problema realmente es tuyo.

Esta noche, llamaré a Fagor a quejarme por el asunto. No sé cuánto caso me harán, pero más les vale hacerme la pelota un poco. Sobre todo porque, no lo olvidemos, todo esto ha comenzado porque su producto ha fallado. No es un capricho mío. Es un fallo suyo.



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