Riesgos de tener tu información valiosa en “la nube”

Hexálogo del buen backup

  1. Las máquinas fallan. Los humanos, mucho más. Haz backups de todo lo que tenga valor para ti.
  2. No dejes para mañana el backup de hoy.
  3. Nunca confíes en que otro va a hacer tus backups por ti.
  4. Recuerda que las máquinas fallan: comprueba tus backups.
  5. Guarda tus backups de forma ordenada y segura. Preferiblemente, lejos de tus datos.
  6. Si no has probado a restaurar tu backup, no tienes backup.

Manuel Delgado, 1976-??

Aunque soy de los que confían (hasta cierto punto) en “la nube” como sitio donde guardar información que uso a diario (uso Google Apps, por ejemplo), hay que reconocer que casos como éste hacen que uno se replantee ciertas cosas: T-Mobile Sidekick Disaster: Danger’s Servers Crashed, And They Don’t Have A Backup. No es que vaya a abandonar el uso de los servicios “en la nube” pero, desde luego, toca reevaluar si mi política de backups tiene suficientemente en cuenta la potencial ineptitud de determinados proveedores de servicio a los que se les supone un nivel bastante mayor de seriedad.

Tengo una duda: ¿los propietarios de dispositivos Sidekick estaban tranquilos confiando sus datos a una empresa cuyo nombre es, ni más ni menos, Danger?

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Vuelve la polémica sobre “la nube”

La caída del servicio de Gmail durante tres horas que ocurrió ayer ha vuelto a abrir el debate sobre la conveniencia de confiar en los servicios “en la nube”, sobre todo para usos empresariales. A los que ya criticaron este modelo en el pasado, se suman ahora muchas voces adicionales que advierten de la pérdida de control que supone el que tus datos y tus servicios esenciales, como el correo electrónico, estén en manos de terceros con quienes no firmas más que un contrato de adhesión (que ni siquiera te lees) y que no tiene contigo ningún compromiso de servicio.

El argumento de que confiar tu servicio de correo empresarial a un tercero de poca confianza es, como mínimo, arriesgado cuenta con una buena porción de sensatez. Sin embargo, no creo que la solución al problema sea prescindir del software como servicio (SaaS), una tendencia que comenzó hace ya años y que cuenta con importantes ventajas (comenzando por el “zapatero a tus zapatos” y terminando por unos costes de operación y despliegue enormemente reducidos). El equilibrio entre la pérdida de control que supone el SaaS y sus ventajas inherentes es el camino correcto, así como una correcta cuantificación de los riesgos que supone esta fórmula (¿cuánto cuestan seis horas de downtime de Gmail comparadas con mantener tu servicio de correo internamente?). Eso sin olvidar que los sistemas informáticos mantenidos internamente en la empresa también tienen sus interrupciones de servicio. Otras cuestiones, como la privacidad de los datos o la garantía de que la empresa no va a cancelar el servicio de un día para otro deben corregirse por la vía contractual y siempre desde la perspectiva de que no podemos pedirle a un único proveedor todas las garantías que no le pedimos al resto de los que intervienen en la cadena necesaria para disfrutar el servicio (¿de qué nos valdría tener un contrato sólido con, por ejemplo, Google, si no lo tenemos igualmente con nuestro proveedor de acceso a Internet?). Y, finalmente, recordemos que “sacarlo todo fuera” no significa desentendernos de todo: disfrutar del SaaS también implica actividades como descargar periódicamente tus datos desde “la nube” y guardar esas copias de la manera habitual, o contar con alternativas viables en caso de un fallo masivo de nuestro proveedor principal.

Sé que no estoy diciendo nada nuevo pero, tras eventos como el de ayer, son muchas las voces que se alzan en contra de “la nube” como si el asunto fuera una discusión blanco o negro, olvidando que la vida es algo más compleja que eso y que rechazar una opción cómoda, barata y flexible como el SaaS en lugar de intentar incorporarla a tus sistemas de forma sensata no es proteger a tu empresa, sino anquilosarla.

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El cierre de los servicios de Google y el acceso a nuestros activos digitales

Irene, herramienta para la conservación de activos digitales usada en la Biblioteca del Congreso de EEUU, por kqedquest con licencia CC by-ncLa noticia se ha publicado en otros mil lugares distintos, así que no es ninguna novedad contar que Google cerrará, aunque de distintas maneras, varios de sus servicios web menores: Google Video, Notebook, Catalog Search, Jaiku, Google Mashup Editor y Dodgeball. Con recortes también en algunas de sus áreas organizativas, queda claro que a Google también le afecta la crisis. Y queda claro también lo que ya tantas veces he dicho: Google es, simplemente, una empresa, por mucho que tantos hayan querido ver en ella una marca bondadosa y amable, en contraposición a otra odiosa y detestable (¿cuál? No sé). Como empresa, su responsabilidad principal es ser eficiente y rentable, así que los miles de usuarios que usaban esos servicios se van a tener que buscar las habichuelas en otro lado. A más de uno no se le va a borrar la cara de sorpresa en varias semanas pensando “no me pueden hacer esto“. Pues se lo han hecho.

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Subiéndome a una nube

Rey nube, por Akakumo en Flickr con licencia CC by-sa No, no es que me haya dado por tomar psicotrópicos ni nada parecido. Hace un par de días, decidí lanzarme y pasar mi servicio de correo a Google Apps. He estado un tiempo dándole vueltas a si hacerlo o no. Por una parte, es una forma de resolver el problema de usar habitualmente varios ordenadores desde varias ubicaciones. Por otra, me obliga a dedicar más esfuerzo para disponer de mi correo cuando estoy off-line (¿para cuándo Gears para Gmail?).

En realidad, se trata de un movimiento de lo más anodino, lo sé. Lo que me lleva a comentarlo es la polémica de las últimas semanas con respecto a esto de los servicios en la nube, el cloud computing, que es como se llama ahora a cosas tan dispares como disfrutar el software como un servicio a través de Internet o sustituir los grandes supercomputadores corporativos por grandes números de ordenadores pequeños de bajo coste gestionados por terceros. Hasta hace poco, parecía que todo lo relacionado con el cloud computing gozaba de buena prensa. Pero hete aquí que, la semana pasada, llega el mismísimo Richard Stallman, gurú entre los gurús, y dice que el cloud computing es una estupidez. Seguramente, esto debió de gustarle mucho al CEO de Oracle, Larry Ellison, que había dicho unos días antes que el cloud computing es poco más que palabrería y moda. En el portal de la comunidad de computación de alto rendimiento (HPC) de Sun se preguntan si Ellison había tomado demasiado Cialis ese día.

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