El futuro práctico del liberalismo español

alegoria_libertad Más allá de las broncas y discusiones en esto que llamamos Internet y que no es más que una barra de bar, pero muy grande y abierta las 24 horas, el liberalismo español pasa por un mal momento. No me refiero a su definición y taxonomía, que es lo que a algunos parece tenerles muy entretenidos últimamente, sino a sus posibilidades prácticas de hacerse un hueco en el panorama político español. Tampoco quiero decir que esto sea una novedad: el mal momento dura ya décadas. En un país que considera liberal a Esperanza Aguirre por confiar la gestión no sanitaria de varios hospitales a empresas privadas, aunque luego se dedique a repartir alegremente nuestros impuestos en todo tipo de iniciativas "sociales", no es previsible que un liberalismo menos descafeinado atraiga un número de votos decente, puesto que incluso esas medidas "ligeritas" suelen toparse con el rechazo atávico de una buena parte de la población. Expresaré aquí mi opinión sobre las dos únicas vías posibles, en la actualidad, para conseguir que el liberalismo se incorpore al abanico de opciones de los votantes españoles, aunque de la forma atropellada que me impone la falta de tiempo.

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