Una de ocio: VEN, el mentalismo de Manolo Talman

Manolo Talman, con los revólveres con los que se juega el tipo en su espectáculo de mentalismo VENAyer, sábado, estuvimos con unos amigos en el espectáculo de magia VEN del mentalista Manolo Talman, que estará hasta el mes de marzo en los cines Ãbaco del C. C. Diversia de Alcobendas, Madrid (viernes, sábados y domingos). Cuando me lo propusieron, lo primero que pensé fue “¿magia en un cine?“. Pues, sí, magia en un cine. Quizá no sea el entorno más habitual para espectáculos de este tipo pero, mientras no hablemos de una macro-sala, la cosa funciona. El espectáculo de mentalismo de Manolo Talman se ajusta al tamaño de la sala y, de hecho, se funde con ella al aprovechar la pantalla y la capacidad de sonido envolvente para incorporarlos como ingredientes de los números.

Los juegos, en los que Talman es capaz de crear la ilusión de poder leer la mente, mover objetos, establecer conexiones sensoriales entre personas y detectar sin lugar a dudas la mentira, no dejan frío al público, que incluso llega a ofrecerse de forma animosa para participar en ellos. Especial mención merecen el juego en el que el mago “domina” la voluntad de tres voluntarios del público con los que se ha apostado 1.000 euros y aquel otro en que Talman acierta una combinación de Euromillones compuesta por el público.

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Avatar: cinco preguntas sin respuesta

Me encantó Avatar. La he visto dos veces en menos de una semana, en 3D y en versión normal (me quedo con la versión 3D, sin duda). La historia, como se dice en muchos sitios, es un refrito de tópicos, pero no importa en absoluto: lo importante, lo genial, es el mundo en que nos sumergimos al verla. Sublime espectáculo para la vista.

Aunque, como digo, el argumento carece de importancia, hay un hecho que me dejó un tanto preocupado. [Atención, pedazo de spoiler el que viene a continuación.] Creo que el protagonista toma muy a la ligera la decisión de “traspasar su mente” a su avatar para quedarse a vivir en Pandora. Hay, al menos, cinco preguntas que este buen hombre debería haberle hecho a su novia antes de dar el gran paso:

  1. ¿Cuál es la esperanza de vida de los Na’vi? Es por saber si merece la pena el riesgo.
  2. ¿Es frecuente que os caigáis de los árboles, os partáis el espinazo y os quedéis paralíticos? Ya he pasado por ahí y esto parece un estilo de vida un tanto extremo.
  3. En vuestra especie, también sois las hembras las que os quedáis embarazadas, ¿verdad?
  4. ¿Cuál es la postura de vuestra tribu con respecto a la poligamia?
  5. Y, sobre todo, lo de que si juego con eso me quedaré ciego aquí también es de coña, ¿no?
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Los videoclubs y la ausencia de innovación

Es evidente que los videoclubs no pasan, desde hace ya muchos años, por su mejor momento en España. Lejos quedan ya los años 80 que los vieron surgir y florecer, de la mano del Beta y del VHS. La sonada salida del mercado de Blockbuster en 2006 hizo oficial lo que cualquiera podía percibir como evidente desde un buen tiempo antes.

Sin haber profundizado en exceso en este mercado, hay para mí una serie de factores que explican esta situación de crisis de los videoclubs:

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Acerca de Cloverfield

Nota: puede contener spoilers. No, no es que venga con alerones.

cloverfield_cartel El pasado sábado, fui a ver "Cloverfield". Me encantó. No puedo decir otra cosa. Debido a que está grabado (como) con una cámara digital casera, no es una película apta para los que se mareen fácilmente, pero incluso ellos deben hacer el esfuerzo y acercarse a un cine para vivir durante ochenta y pocos minutos en la piel de unos jóvenes neoyorquinos que ven cómo una noche que se antojaba divertida y agradable (fiesta, alcohol, ligoteo, …) termina por convertirse en una pesadilla de dimensiones, nunca mejor dicho, leviatánicas. Realismo puro y una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados en el cine de monstruos gigantescos: aquí no hay equipo formado por el guaperas, el científico, la reportera buenorra y el alivio cómico, sino que sólo tenemos a un grupo de jóvenes profesionales normales y corrientes que se convierten no en protagonistas, sino en meros peleles en medio de una historia que no alcanzan a comprender y, ni mucho menos, a dominar. Todo un soplo de aire fresco en un género tan desgastado por los clichés.

Por cierto, para mí, la película que fui a ver se llama "Cloverfield", no "Monstruoso". Coincido con mi amigo Seleucus en que el título español es horrible. Hace meses que me enteré de su existencia y, desde entonces, he visto diversos trailers [YouTube 01:50] y teasers [YouTube 07:12], he leído muchas páginas de fans, visitado los sitios web teasers que creó la productora y, en prácticamente todos los casos, todo el mundo se ha referido a la película como "Cloverfield", independientemente de su nacionalidad, al menos desde un determinado momento allá por septiembre. Monstruoso era poco más que un subtítulo que aparecía, en inglés, en unas pocas ocasiones. ¿Por qué las productoras y las distribuidoras españolas nos tratan como si fuéramos tontos de baba y nos cambian los títulos de las películas? Hasta podría entender que se traduzcan de forma ajustada algunos títulos (por ejemplo: "As good as it gets" –> "Mejor imposible") pero no entiendo por qué se cambian por completo títulos como éste. Además, en el pasado, podía haber razones sociodemográficas que lo explicaran (pocos hablantes de inglés y, quizás, un cierto rechazo a lo extranjero, principalmente) pero, actualmente, es injustificable porque no sólo se han reducido esos motivos (no insinúo que ahora todos los españoles hablemos inglés pero sí estamos más acostumbrados a él) sino que, además, ha surgido otro que aconseja mantener los títulos originales: Internet. Cuando una distribuidora decide cambiarle el título a una película para su proyección en España, está desaprovechando los esfuerzos globales de promoción que se puedan estar haciendo en la red. En el caso de Cloverfield, en el que la campaña vírica ha durado meses y costado algún que otro millón, el ejemplo es paradigmático: millones de internautas hablando de Cloverfield y los españolitos buscando "Monstruoso" por ahí.

Por cierto, éste no es el monstruo de la película, aunque durante un tiempo se decía en Internet que sí:

Falso monstruo de Cloverfield

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Hiperproducción de películas catalanas

Es curiosa esta afirmación del nuevo director del Institut Català d’Indústries Culturals (ICIC): “en los últimos años ha habido una hiperproducción de películas catalanas. Hace falta un filtraje cualitativo para reordenar el sector: 99 películas finalizadas en el 2006 es llamativo, pero puede ser ruinoso.” Es curiosa porque no es habitual que alguien encargado de cualquier cosa relacionada con la cultura afirme que se está produciendo más de lo debido.

Lo que era de esperar, sin embargo, es la forma de resolverlo: “un filtraje al exceso de producciones catalanas que en los últimos años se han realizado bajo, más o menos, el amparo de la Generalitat (algunas básicamente con fondos comunitarios). Focalizar el flujo inversor en productos riesgoinnovadores y, a la vez, en una veintena de producciones de beneficio asegurado.”

A este señor, ¿no se le podía haber ocurrido, simplemente, dejar de financiar con dinero público las películas y que sea el mercado (recordemos que su instituto se llama “de la Industria Cultural”) quien decida qué debe y qué no debe ser creado? Si los productores no contasen con el colchón salvavidas de la subvención, ellos mismos aplicarían ese filtro y se ahorraría dinero público por dos vías: no se malgastaría la subvención y no haría falta alguien para hacer un trabajo que ya hacen los propios empresarios. Ganamos todos.

Por cierto, ¿cómo encaja todo esto con la política de subvenciones al cine porno de la Generalitat?

P. D. – Antes de que alguien salte a mi yugular por ir en contra de la cultura catalana, que nadie se equivoque: criticaría por igual estas paradójicas afirmaciones intervencionistas vinieran de donde vinieran. El despilfarro del dinero público es indignante en cualquier caso. Además, criticar a los gestores del dinero de todos no es ir en contra de ninguna cultura.

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