Negocios tradicionales y la amenaza de Internet

Las Maldivas, por nattu en Flickr con licencia CC by Es difícil estar más de acuerdo con Edu William en su análisis de la situación actual y futura de las agencias de viajes con respecto a la amenaza que supone para ellas la compra directa de productos turísticos a través de Internet. Su análisis es, además, extrapolable a multitud de otros sectores que no están sabiendo adaptarse al cambio de paradigma. Como solución a sus problemas, es extraño que recurran a algo que no sea, simplemente, quejarse de su mala suerte, meter miedo sobre Internet a sus clientes, intentar conseguir la protección de la administración o recalcar cómo sus “valores tradicionales” son una ventaja competitiva que todo cliente debe saber apreciar. No se dan cuenta de que la solución no está en resistirse, sino en unirse a la corriente, en adaptarse.

Foto: nattu.

La reputación empresarial en la Red

Tarjetas de visita recicladas por System One Gang en Flickr, con licencia CC byAntoni Gutiérrez-Rubí me mandó la semana pasada un vínculo a uno de sus artículos, titulado “La reputación empresarial en la Red”, publicado en Cinco Días poco antes. Hasta hoy, no había tenido oportunidad de prestarle atención y es una pena, porque coincido plenamente con lo que expresa Antoni en su texto: gestionar la reputación de una empresa en este entorno [la web 2.0] supone una actitud de cambio, de transformación tan profunda que sólo aquellos que asimilen la intensidad de la “nueva naturaleza del mercado y de la sociedad†podrán reorientar, diseñar y programar el principal activo hoy de nuestras compañías: el valor de los intangibles. Los que no se den cuenta de todo el peso de esa frase, de la gravedad que acumula y de lo inevitable que resulta, tienen poco que hacer en el futuro empresarial inmediato. Los intangibles como la reputación digital o el conocimiento son la clave actual en la gestión empresarial y de su correcto manejo depende TODO. Las empresas que no sean capaces de cerrar la brecha digital que los separa del mercado o que no sepan cómo complementar y reorientar a sus élites desconectadas, simplemente, no sobrevivirán.

La Ley D’Hondt, por Ramón Tamames

Gráfico sobre la Ley D'Hondt por Ramón Tamames Merece la pena leer este artículo del blog de Ramón Tamames sobre la ley D’Hondt, reproducción de su original en La Razón, en el que el prolífico autor proporciona una calmada descripción de los efectos de la ley D’Hondt sobre los resultados electorales y una explicación de por qué y para qué se optó por esta fórmula para determinar la composición del Congreso de los Diputados. Si bien somos muchos los que pedimos una reforma de la mecánica por la que se rigen nuestras elecciones generales, no está de más recordar que no es la ley D’Hondt la culpable de la sobrerrepresentación de ciertos grupos minoritarios sino que, en muchos casos, la amortigua. Por eso, no es la eliminación de esta fórmula lo que debemos pedir, sino otras fórmulas que aseguren la gobernabilidad y la transparencia en las elecciones. Personalmente, la supuesta sobrerrepresentación de los grupos nacionalistas me preocupa muchísimo menos que la falta de listas abiertas.

Recomiendo, además, leer algunos otros artículos escritos con respecto a la ley electoral y a sus consecuencias en el pasado:

Empresa 1.0, mercado 2.0

Llego vía Internet, networks, SMEs and tourism a esta columna publicada el sábado en Cinco Días, que habla sobre la reticencia de la alta dirección de muchas empresas (¿la mayoría?) a darse cuenta de lo que está pasando en sus mercados y en sus propias compañías y adaptarse convenientemente. Me alegra ver que no estoy solo en esto de criticar que la alta dirección de las empresas esté tan sumamente alejada de las nuevas tecnologías, las redes sociales y los drásticos cambios que esto está suponiendo en la forma en que empleados y clientes se comportan a diario.

Cuatro consejos sobre la gestión del cambio

A pesar de ser poco más que un listado de obviedades, al menos dos de los siguientes puntos son olvidados a la hora de afrontar cualquier proceso de gestión del cambio:

  1. Hay que perderle el miedo al cambio. Las empresas están en constante cambio. Las personas van y vienen, nuevas versiones de software sustituyen a las anteriores, nuevas prácticas de gestión, nuevos productos, nuevos proveedores… Sin embargo, cuando alguien dice que una determinada acción va a suponer “un cambio muy grande”, todo el mundo se echa a temblar. Sin motivo. Gestionar el cambio correctamente no es algo que deba hacerse a la ligera, pero tampoco se ha de afrontar la actividad como si fuera un obstáculo insalvable.
  2. Comunica, comunica y comunica. De nada vale el esfuerzo por planificar la implantación de cualquier cambio o evolución, para nada cuentan los carísimos consultores que podamos involucrar y todo el presupuesto que dediquemos será en vano si no informamos convenientemente a todos los que se vean afectados por el cambio o a todos aquellos de los que necesitemos su apoyo o su trabajo. Y no sólo al principio, sino a lo largo de todo el proceso de cambio.
  3. Conócete a ti mismo. La mayoría de los procesos de cambio que fracasan lo hacen porque la base desde la que se creía partir es errónea. Tanto el optimismo infundado como la desconfianza en las posibilidades propias son terreno inadecuado para construir cualquier proceso de cambio organizativo. Los habrá que piensen que la situación de partida es muy buena y los habrá que piensen que es un caos. Normalmente, ni unos ni otros están en lo cierto.
  4. Date el tiempo necesario, ni más, ni menos. Como el buen vino, todo cambio importante necesita un tiempo adecuado para madurar. Adecuado no siempre significa mucho. Los procesos precipitados fallan estrepitosamente. Los procesos demasiado largos provocan falta de concentración, dispersión de los esfuerzos y percepción de que no ocurre nada. Mide bien cuánto tiempo necesitas.

Elementos del cambio organizativo

Esquema de elementos del cambio organizativoA lo largo de los próximos meses (¿años?), es muy posible que me enfrente a un ambicioso proyecto dentro de mi empresa: la implantación de un sistema de gestión del conocimiento que abarque a toda la compañía y que cambie radicalmente los procesos de generación, recopilación, almacenamiento y difusión de todo tipo de información, interna y externa. Tratándose de una empresa chapada a la antigua y con un tamaño considerable, incluso aunque mi grado de involucración en el asunto está aún por determinar, no es de suponer que el asunto vaya a ser un camino de rosas.

Aunque se trate de instaurar un sistema de gestión del conocimiento, abordo este proyecto como un proceso de cambio organizativo más que como la implantación de algo. Es sólo una diferencia de enfoque, pero creo que es importante. Durante el trabajo hecho hasta la fecha en este proyecto, los miembros del grupo de trabajo hemos plasmado en los documentos de conclusiones que hemos generado una serie de inquietudes y advertencias acerca de lo complicado que va a ser el proceso de cambio. Sin embargo, esos obstáculos, que suponen un evidente riesgo para el proyecto, son a su vez los motivos más importantes para llevarlo a cabo: aunque el proyecto esté cargado de riesgos e incertidumbres, el riesgo de no hacer nada es infinitamente superior al de fallar en el intento, puesto que te aboca al fracaso más estrepitoso en el medio plazo. Leer el resto del artículo »



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