Burbuja, por Jeff Kubina, en Flickr (1386970832), con licencia Creative Commons by-sa
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¿Estallará la burbuja de Silicon Valley? Pues claro que sí, diantres.

Ya estoy cansado de la discusión sobre si estallará la burbuja de Silicon Valley o no. Asumámoslo lo antes posible: por supuesto que estallará. Porque, por si alguien no se ha dado cuenta, la economía se comporta de forma cíclica y los humanos somos lentos aprendiendo según qué lecciones, así que sólo es cuestión de tiempo que vuelva a ocurrir.

La cuestión no es, por tanto, si veremos una crisis financiera que afectará a las startups sino cuándo ocurrirá, por qué y hasta qué punto realmente podemos hablar de burbuja. Y aquí es donde todos los agoreros que proclaman la llegada del Apocalipsis llevan años fallando. Cuando estalle, se colgarán la medalla aquellos que más se hayan acercado en términos temporales o que, de pasada, mencionaran en algún artículo algún factor que desencadenara el pinchazo de la burbuja pero, en el fondo, todos ellos habrán acertado de manera completamente aleatoria y habrán metido en un mismo saco a empresas con valoraciones erróneas y a muchos que sí valen lo que cuestan (o más de lo que cuestan). >> Seguir leyendo ¿Estallará la burbuja de Silicon Valley? Pues claro que sí, diantres.

Clientes de IKEA, por Samantha Marx, en Flickr (5086790234), con liccencia CC by
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IKEA, me echas de menos

Me echas de menos, IKEA. Yo no quería tener nada serio contigo pero, aun así, me convenciste para que me sacase tu tarjeta IKEA FAMILY. Creía que aquello iba a ser un a mera relación de conveniencia: yo te doy mis datos para que me conozcas mejor y puedas enviar comunicaciones comerciales y tú, a cambio, me acumulas puntos por mis compras futuras.

Está claro que tú esperabas algo más. Pequé de ingenuo, porque está claro que por algo las llaman tarjetas de fidelización. Querías fidelidad y no te la he dado. Por eso, me has mandado una newsletter para decirme que me echas de menos.

En cierto modo, tu newsletter ha sido un gesto muy humano. La has empezado con un “Hola, ¿estás ahí?” Ha sido bonito, como esos WhatsApps que recibes de vez en cuando desde un número que no figura en tu agenda: “Hey, hace mucho que no nos vemos, a ver si quedamos.” Parecía que me lo enviase un amigo del colegio al que llevo veinte años sin ver. Lo que me ha dejado un poco contrariado ha sido ese “¡Te echamos de menos!”. Ahí, has roto la magia, querida IKEA: si hubieras usado el singular, podrías haber oído el chispazo de emoción desde Suecia. >> Seguir leyendo IKEA, me echas de menos

Diccionario, por Jonathan Gray, en Flickr (3745559121), con licencia CC by
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A vueltas con los diccionarios online

En mi vida diaria, hay un patrón muy habitual: con eso de chapurrear varios idiomas, a menudo me encuentro con que me falta alguna expresión o palabra para escribir algo en un mensaje, así que abro el navegador y, de pronto, me puede la pereza, así que en lugar de irme a alguno de los diccionarios online “buenos” que conozco, tecleo en la barra de navegación lo que estoy buscando, veo qué me ofrece Google y, entonces… se me cae el alma a los pies.

No nos engañemos, salvo honrosas excepciones, la mayoría de los diccionarios online y sitios de “traducciones” que hay por ahí sueltos no tienen ninguna intención de serte de ayuda: su único objetivo es seducirte en los resultados de búsqueda de Google para que hagas click. Una vez has caído en su web, lo más probable es que sólo encuentres montones de user-generated content en los que tendrás que bucear para, con suerte, encontrar lo que buscas. Eso sí, esquivando por el camino un buen montón de publicidad hábilmente colocada. >> Seguir leyendo A vueltas con los diccionarios online

  • Imagen: Diccionario, por Jonathan Gray, en Flickr (3745559121), con licencia CC by
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Llamas, por Pete (comedynose), en Flickr (3724359284), con licencia CC by
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¿Acaso el PMP sólo vale para proyectos informáticos? ¡¡NO!!

La semana pasada, en una conversación con un amigo, ingeniero informático, surgió una cuestión a la que ya me he enfrentado en multitud de ocasiones: la identificación de la certificación PMP con la gestión de proyectos informáticos. Y, además, el recurso al PMP como excusa para trabajar mal.

Es incuestionable que abundan las personas certificadas como Project Management Professional provenientes del mundo de la informática, como es incuestionable que el número de proyectos informáticos que se desarrollan cada día es enorme (¡el software se está comiendo el mundo!). Sin embargo, esto no significa que la disciplina de la gestión de proyectos o las certificaciones del PMI sólo sirvan para los proyectos de desarrollo o integración de software. Sin ir más lejos, el PMI se fundó a finales de los años 60, alrededor de las prácticas de gestión de proyectos que comenzaban a generarse en la industria aerospacial y en la construcción, y que no tardaron en extenderse a otras áreas de la ingeniería.

El PMBoK es el corpus de conocimiento que recoge las mejores prácticas en gestión de proyectos recopiladas y “aceptadas” por el PMI, y es la base teórica de certificaciones como el PMP. Cualquiera que conozca el PMBoK sabe que, en él, no se menciona ni una sola vez un concepto que sea propio y exclusivo de los proyectos informáticos. Tanto es así, que el PMI edita una extensión del PMBoK dedicada específicamente al desarrollo de software, que ayuda a los jefes de proyecto a “traducir” el contenido del PMBoK a las especificidades de este tipo de proyectos, igual que también hay extensiones para la gestión de proyectos en organizaciones públicas y en la construcción. >> Seguir leyendo ¿Acaso el PMP sólo vale para proyectos informáticos? ¡¡NO!!

Señal de "slow", por smlp.co.uk, en Flickr (2207398366), con licencia CC by
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La web sufre de obesidad mórbida

A finales de julio, recibí un SMS de mi operador móvil, Movistar, en el que me informaban de que había consumido ya el 90% de mi tarifa de datos de 2GB. Un par de días después, recién estrenado el mes de agosto, llegó el siguiente SMS, con la funesta noticia de que había consumido ya el 100% del plan de datos, con tan sólo 13 días transcurridos de mi ciclo de facturación. Pasaba a convertirme en un paria digital, limitado a una velocidad de navegación más propia de los módems que usábamos en los años 90.

No te vayas: esto no va a ser un chorreo sobre los operadores de telefonía móvil y sus leoninas condiciones. El problema no está en mi compañía telefónica. Todo ocurrió según el contrato y resolverlo me resultó cómodo e incluso económico. Analicé lo que había pasado y vi dónde estaba la causa: navegar por la web ya no es tan “económico” como en el pasado. Unos días de mayor dependencia del 3G pueden hacer que, incluso sin apenas ver vídeos o descargar música, consumas datos como si no hubiera mañana. El problema está en las webs que visitamos a diario.

Resulta que, actualmente, el tamaño medio de una página web es de más de 2 megabytes (2.099 KB, para ser exactos), medido en el millón de webs con más tráfico. Este tamaño medio se ha duplicado en los últimos 3-4 años y se ha multiplicado por 150 desde 1995. Es cierto que, al mismo tiempo, también han crecido la potencia de nuestros equipos, el ancho de banda que disfrutamos o la eficiencia de nuestros navegadores, pero no parece que esas mejoras estén compensando por completo el sobrepeso de las páginas webs: según Radware, el tiempo de carga medio de las 100 principales webs de retail a nivel mundial ha pasado de 7,1 segundos en 2012 a 10,4 segundos en la actualidad. Esto último medido en PCs, no en los cada vez más importantes dispositivos móviles, donde hay, además, una enorme diversidad de capacidades de rendimiento en función de la gama de la que hablemos.

El desglose del peso de esa “página web media” de 2 MB es llamativo: más de la mitad de ese peso (1.310 KB) corresponde a imágenes, con los scripts en segundo lugar (329 KB), el vídeo en tercero (227 KB), el CSS en cuarta posición (63 KB) y, finalmente, en último lugar, el pobre y humilde HTML, que sólo aporta 56 KB a la suma. Claramente, corren malos tiempos para el texto. Me pregunto si la forma de medir de HTTP Archive tiene en cuenta todo lo que esos scripts se descargan tras la carga inicial y de forma dinámica a medida que el usuario interactúa con la página. Apostaría algo a que no, porque eso no es fácil de conseguir por medio de bots. >> Seguir leyendo La web sufre de obesidad mórbida

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