Google+ y sus circulitos

Diagramas de Venn, por Kevan, en Flickr (2295101454), con licencia CC by

El lanzamiento de Google+ se ha producido en una época en la que algunos empezaban a preguntarse si se avecina el declive de Facebook. Llevados por noticias como el reciente descenso de 12 millones de usuarios en Facebook, algunos han visto la entrada de Google en este mercado como la puntilla que le faltaba al gigante de Mark Zuckerberg. Nada más lejos de la realidad, en mi opinión.

A Facebook le queda aún mucha vida. Puede haber alcanzado un pico en varios de sus mercados, sí, pero eso no significa que vaya a desaparecer mañana. Le quedan 700 millones de usuarios, casi nada, muchos de los cuales hacen un uso intensivo de la red, a diario. Eso no desaparece de un día para otro. Y aún hay mercados suculentos en los que puede crecer, mucho. Facebook, además, tiene un modelo de negocio, mientras que Google sólo tiene una aplicación web y con una funcionalidad más bien escasita. Y eso, suponiendo que su objetivo sea realmente competir con Facebook. No han sido pocos los que han creído identificar una tendencia entre los usuarios hacia el “hartazgo de Facebook” y han visto en las (repito, escasas) funcionalidades de Google+, sobre todo en sus Círculos, la solución que muchos estaban reclamando. Yo no lo veo así. Si es cierto ese hartazgo de un segmento de usuarios, habría que valorar si están hartos de Facebook o si lo están de las redes sociales, en general. O de sus “amigos”. ¿Una funcionalidad como los Círculos basta para que los desencantados recuperen la ilusión? ¿Basta para liberarnos del (supuesto) tecnoestrés?

Google+ tiene el típico olor de los productos de Google: diseñados por ingenieros para las mentes de los ingenieros (pero ni siquiera todos los ingenieros del mundo, sino sólo los propios de Google). Algunos de sus productos, tras años de ir añadiendo funciones nuevas y de ir corrigiendo muchos comportamientos iniciales, han cuajado y se han convertido en grandes y buenos, como Gmail. Pero siempre que Google ha intentado definir productos en los que las relaciones humanas mandaban, sus fracasos han sido estrepitosos (¿Wave? ¿Buzz?), a pesar de que la teoría tras ellos podía sonar encantadora.

Los Círculos son otra de esas teorías que suenan bien al principio. Su hipótesis de trabajo es así: no es natural compartir algo con todos tus “amigos” de Facebook, porque en realidad tu nivel de “amistad” con todos ellos no es homogéneo; lo natural es poder decidir, fácilmente, con qué grupos de gente quieres compartir cada cosa; así que cuando trabas “amistad” con alguien en Google+, le añades a uno o varios de tus Círculos, que no son más que grupos de contactos. Más de uno, al oír esto, piensa cosas como “¡Bien! Ahora ya puedo añadir como amigo a toda la gente del trabajo sin miedo a que vean esas fotos que no quiero que vean“. Y puede que, a corto plazo, sea así. Sin embargo, esto de los Círculos es una mejora endeble de la experiencia, una funcionalidad esperada pero que no aguanta un análisis serio.

Los principales motivos por los que los Círculos no son una solución mágica al problema son muchos tienen que ver con el porcentaje de usuarios que están dispuestos a invertir tiempo y atención al cuidado de sus Círculos. Porque si tus Círculos son el reflejo de tus relaciones, tus Círculos serán tan cambiantes y sutiles como ellas. ¿Tienes el mismo nivel de confianza con todos tus compañeros de trabajo? ¿Acaso no hay dos o tres con los que empezaste llevándote bien pero con los que ahora apenas hablas? ¿Tienes el mismo trato con todos tus contactos de Twitter? Cada vez que escribas algo o publiques una foto, ¿estás dispuesto a hacer el esfuerzo de escoger con precisión quién va a poder verla? Alcanzado un cierto número de contactos en tus Círculos, el nivel de ruido e imprecisión que habrá en la composición de tus Círculos no hará más que crecer, y esa imprecisión aumenta también con el número de Círculos. ”Amigos”, “Familia”, “Trabajo” y “Otros” será lo máximo que la inmensa mayoría de usuarios esté dispuesto a mantener, con lo que habremos convertido un problema en una pequeña multitud de problemas (“no quiero que TODA mi familia vea esa foto“). Todo esto, por no mencionar que el que puedas elegir los primeros receptores de alguno de tus contenidos no significa (casi) nada sobre el camino que eso que has dicho, hecho o enseñado puede recorrer más adelante por toda Internet.

Desde luego, con la funcionalidad con la que ha salido a producción, Google+ no tiene la menor posibilidad de éxito ante el gigante Facebook, si eso es lo que pretende. Google tiene dinero en la caja como para insuflar oxígeno en Plus sine die y hacerlo evolucionar en la dirección que estimen adecuada, pero ni siquiera eso asegura el éxito. Si, en los próximos seis meses, los ingenieros de Google se dejan aconsejar por verdaderos expertos en marketing y saben subirse de forma eficaz a la ola de alguna tendencia social que verdaderamente esté ahí, quizá Google+ pueda ser una alternativa seria. Mientras sus argumentos competitivos sean tan endebles como los Círculos, si se enfrentan cara a cara con un gigante como Facebook lo veo en el cementerio de los productos fracasados de Google en el plazo de un año y poco.

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