El Project Charter y la declaración de guerra. Analogías.

Soldiers from A Company, 101st Airborne Division, Special Troop Battalion, air assault into a village inside Jowlzak valley, Parwan province, Afghanistan. Afghan National Police searched the village while Soldiers provided security and conducted key-leader engagements. Foto cortesía del Ejército de EEUU.

Leía el otro día un artículo del fundador de Stratfor, titulado “¿Qué ha pasado en Estados Unidos con la declaración de guerra?” y, supongo que por deformación profesional, no pude evitar encontrar ciertos paralelismos entre el tema del que trataba y la gestión de proyectos. Ya ves, raro que es uno.

En el artículo, Friedman comenta sobre el abandono de una buena costumbre democrática en Estados Unidos como es la obligación de que una declaración formal de guerra anteceda a cualquier acción militar contra una nación extranjera. La última vez que se cumplió con esa formalidad fue en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, diversas fórmulas han sustituido a la declaración de guerra. En España, estamos prácticamente en las mismas: tanto EEUU como España han bombardeado Libia, recientemente, sin una declaración formal de guerra y pidiendo la autorización de sus respectivos parlamentos a posteriori.

Esta práctica no es inadecuada por ilegal, puesto que el ordenamiento jurídico de ambos países lo permite, sino porque supone una merma de las garantías que toda nación debería exigir a sus gobernantes antes de entrar en guerra y, al mismo tiempo, coloca a esos mismos gobernantes en una clara situación de debilidad una vez comenzadas las acciones bélicas. Me quedo con esta frase del artículo: “Going to war should be difficult; once at war, the commander in chief’s authority should be unquestionable.

La declaración formal de guerra es a un conflicto bélico lo que el acta de constitución (project charter) es a un proyecto. Como génesis del proyecto, el acta de constitución no sólo le da forma y lo define, sino que no entra en vigor mientras no recibe las firmas de aquellos que tienen el poder y la autoridad para que ese proyecto comience, avance y finalice como es debido. El acta es el fruto de un esfuerzo por definir el proyecto y por recabar apoyos para que éste sea posible y es un compromiso por parte de los principales interesados para hacer que el proyecto ocurra.

Pues igual que ocurre en el mundo de la geopolítica con las declaraciones de guerra, el ámbito de la gestión de proyectos suele ignorar la conveniencia de la redacción formal del acta de constitución y de su firma. Podemos imaginar cuántos análisis post mortem de proyectos fallidos señalan como causa de ese fracaso a la falta de esfuerzo inicial por definir el proyecto y embarcar a quienes pueden hacerlo posible. Avisado estás, project manager.

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