En defensa de la ética y la honestidad empresarial

La bolsa de Frankfurt iluminada durante el festival anual de luz "Luminale", por Travel Aficionado, en Flickr (2396824478) con licencia CC by-ncA principios de septiembre, saltó la noticia del fichaje por parte de Oracle de Mark Hurd como nuevo presidente, en sustitución de Charles Phillips, que se había visto salpicado por un escándalo de índole sexual. Hasta ahí, todo podía parecer un movimiento corporativo de lo más natural, de no ser por un par de matices importantes: Hurd era presidente de Hewlett Packard hasta un mes antes de su nombramiento, empresa de la que salió también por cuestiones relacionadas con una amante.

Con el nivel de información disponible en aquel momento, la mayor parte de los comentarios respecto al nombramiento de Mark Hurd, incluido el mío, se centraron en lo reciente que estaba su salida de HP y en lo curioso que resultaba que de allí le hubieran echado por “inflar unas notas de gastos”. Es decir, los que nos limitamos a comentar esas cuestiones en las primeras horas no acertamos a ver la completa profundidad del asunto, más allá de insinuar si no estaría todo orquestado para conseguir saltar a la competencia libre de cláusulas de blindaje. Una perspectiva esencial de la salida de Hurd de HP pasó casi inadvertida.

Ahora, con más información disponible y después de que se haya criticado al Consejo de administración de HP por despedir a Hurd por una nimiedad y para evitar un problema de relaciones públicas, comienzan a salir las voces que defienden la decisión del Consejo y critican duramente la actitud de Mark Hurd (y, por ende, la de Larry Ellison al contratarle). Este es el caso de Ben Horowitz, socio fundador de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz, que defiende en su blog al Consejo de HP porque considera que, si el CEO de una gran corporación cotizada en bolsa falsifica notas de gastos y contratos para apañarse unas escapaditas con una ex-actriz porno a cuenta de la empresa, se desmorona la credibilidad de las cuentas y los informes de gestión presentados por esa empresa y firmados por ese mismo CEO. Y tiene razón.

Horowitz va más allá en su artículo y realiza una pausada y sensata defensa de los estándares, la ética y las cuentas claras en las empresas. Su premisa es sencilla y potente: un CEO tiene infinitas tentaciones a lo largo del día para falsear la información que sale de su empresa, engañando así a socios, inversores, empleados, reguladores y acreedores. Mostrarse comprensivo con las veleidades sexuales de un CEO es darle carta blanca para convertir su empresa en el próximo Enron o Worldcom. A finales de 2010, cuando aún no hemos salido de una crisis provocada, en gran medida, por unos gestores incapaces de ver más allá del próximo trimestre y a quienes las consecuencias a largo plazo de sus actos les traen sin cuidado, bonus mediante, deberíamos mostrarnos especialmente inflexibles ante comportamientos como los protagonizados por Mark Hurd y su acompañante femenina, incluso aunque, en términos proporcionales, supusieran una minucia en las gigantescas cuentas de HP.

Así, pues, me uno a la defensa de la ética y la honestidad empresarial que hace Horowitz en su artículo y confío en, la próxima vez, estar más atento a esa faceta de las noticias para azotar sin piedad a quienes piensan que haber llegado a lo más alto les da patente de corso para jugar con la confianza y las esperanzas de los demás.

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