Sobre la ley de economía sostenible
Hoy, el presidente del gobierno, J. L. Rodríguez Zapatero, se reunirá con los agentes sociales para presentarles su proyecto sobre una ley de economía sostenible. Casi alcanzo a entender por completo lo que el gobierno socialista quiere decir con eso de la economía sostenible, pero eso no hace que me parezca adecuado el nombre ni que confíe en la capacidad de una ley para alcanzar los objetivos marcados. Es cierto que España necesita progresar en áreas como la tecnología y la investigación y que nuestra elevada dependencia de sectores como la construcción o el turismo nos hace muy vulnerables a los vaivenes de la economía global. Sin embargo, no creo que sea sostenible el término más adecuado para definir aquello que necesitamos y, repito, me parece arriesgado confiar en la capacidad de una ley para producir cambios reales y tangibles. Bienvenido sea el intento de conseguirlo, pero mucho me temo que la cosa no irá mucho más allá de las frases pronunciadas por Zapatero hasta ahora, como la de la “reforma de las estructuras educativas para una mayor vinculación al modelo productivo”, frase altisonante pero de muy poca chicha, y de regalar 45.000 millones en subvenciones, fórmula magistral para mejorar la competitividad (nótese la ironía, por favor). ¿Se hará nuestra economía más sostenible con esas acciones? El tiempo lo dirá, pero ya saben qué pienso.
Por cierto, no sé si a alguien le parece algo irónico que el mismo que nos propone ahora este plan regalase hace unos meses 8.000 millones de euros para gastarlo en parques, jardines y otras actividades constructivas. A mí sí me lo parece, desde luego.



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