George Soros y la reflexividad

George Soros. Foto cortesía del World Economic Forum de Davos, con licencia CC by-saSiempre me ha interesado la vida de George Soros. De infancia y adolescencia marcadas por la amenaza del nazismo, Soros es uno de los inversores financieros más exitosos de la historia. Además, es conocido por su determinación a la hora de usar su dinero para producir cambios sociales en todo el planeta, lejos del típico modelo del millonario filántropo y más cerca de otros roles como los de lobby activo, figura en la sombra y supuesto conspirador. Su empeño por hacer que su dinero valga para algo más y su forma de hacerlo, tan alejada del buenismo y de la lágrima floja, han hecho de George Soros un personaje temido y odiado por no poca gente pero, muy particularmente, por la derecha más conservadora: sus críticas a determinados aspectos de la globalización y su insistencia en la necesidad de regulación en los mercados le han situado en el punto de mira de quienes confunden la velocidad con el tocino y el liberalismo con la anarquía.

Acostumbrado desde pequeño a afrontar situaciones ultra-complejas, George Soros fue uno de los pocos personajes públicos que, ya en 2007, previeron la crisis recesiva en la que nos encontramos actualmente. Buena parte del mérito lo tiene su método de pensamiento, que tiene en la reflexividad su pilar fundamental. No es que Soros “use” o “aplique” la reflexividad, como en alguna ocasión he leído en artículos más bien simplistas, sino que él, a la hora de analizar los mercados financieros y la situación económica en general, tiene en cuenta, muy por encima de otros factores, el efecto de la reflexividad en las decisiones y acciones de otros y, por tanto, adopta una perspectiva alejada de las distorsiones introducidas en el sistema por las erróneas percepciones de los demás.

Una vez entendido con la suficiente profundidad, este modelo de análisis de la situación en el que la reflexividad tiene tanto peso es una ayuda esencial para entender nuestro mundo, en niveles de lo más diversos: desde las meras relaciones interpersonales, hasta los grandes movimientos geoestratégicos, pasando, cómo no, por todas las fuerzas y tensiones presentes en el entorno laboral y de negocios. Los éxitos de Soros y su eficacia a la hora de prever los acontecimientos económicos y sociales internacionales son buenos ejemplos de que el método funciona. Y, si algo funciona, no resulta sabio ignorarlo.

Por cierto, que he hablado de George Soros porque este artículo del Financial Times me lo ha traído a la cabeza de nuevo.

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4 comentarios

  1. Crispal dice:

    Pues me parece que en Tailandia no se puede decir que le quieran mucho precisamente. ¿No?

  2. Y no sólo en Tailandia. En Rusia, en varias repúblicas ex-soviéticas, en el Reino Unido… Este hombre lleva ya unas décadas acumulando enemigos. Cuando no ha sido por sus macro-operaciones financieras, ha sido por sus actividades de lobby político a favor del progreso y la apertura de determinados países.

  3. Crispal dice:

    Bueno, a favor del progreso y de su bolsillo ¿no crees?

  4. ¡Qué duda cabe! De hecho, hay que distinguir bien entre aquellos países que le miran mal porque los movimientos financieros de Soros les han puesto en dificultades y aquellos que le temen/odian por su fomento de la apertura y de la libertad. Lo que no significa que el fomento de la apertura y de la libertad esté completamente exento, en el caso de Soros, de intenciones de aumentar su capacidad de influencia en esos países y, con ello, los beneficios de sus inversiones. Hay que reconocer, no obstante, que Soros dedica tales cantidades de dinero a esas causas en las que se embarca que no parece que el beneficio sea su objetivo principal en ellas pues, si así fuera, serían sus peores inversiones, con diferencia.

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