Intervención vs. Regulación22 de Septiembre de 2008 — Manuel DelgadoEstas últimas semanas han sido para todos escenario de multitud de discusiones sobre la intervención de los distintos gobiernos y bancos centrales en la crisis del mercado financiero, sobre todo en Estados Unidos. Una idea que se repite en prácticamente todas esas discusiones es si el enfoque liberal es el más adecuado para los mercados pues, al final, ha sido mediante el intervencionismo como se ha conseguido salir a flote. Se critica la falta de reglas y se exige un mayor control e intervención para que lo que acaba de pasar no vuelva a ocurrir nunca. No quiero entrar en la discusión de cuánto hay de liberal en la política que ha llevado a los mercados a esta situación (sinceramente, creo que gastar animaladas de dinero en guerras u obligar a los bancos a conceder hipotecas de alto riesgo no son medidas que podamos calificar de liberales) o si las distintas intervenciones de estos días son una solución o un parche o incluso si lo correcto hubiera sido dejar que las empresas en apuros se fueran al garete por completo. Me preocupa mucho más hablar sobre qué entendemos por liberal y qué por intervencionista o, dicho de otro modo, dónde está la frontera entre la regulación y el intervencionismo.
¿Defiende el liberalismo el laissez-faire absoluto, la total falta de reglas en los mercados? Entiendo que no. Desde una perspectiva liberal, los mercados han de estar regulados, es decir, el Estado ha de asegurarse de que existan una reglas justas que garanticen principios como la libre competencia y la transparencia, así como la protección de accionistas y consumidores. ¿Significa esto intervenir en los mercados? Una vez más, entiendo que no. El intervencionismo supone distorsiones en el mercado, puesto que implica mucho más que el mero establecimiento de las reglas del juego, ya sea la participación activa en el mercado en condiciones no igualitarias o el dictado de reglas en función de unos objetivos ajenos a la naturaleza del mercado sobre el que se interviene. El liberalismo no es incompatible, pues, con una sana regulación de los mercados, pero sí con la intervención en ellos, innecesaria y distorsionadora. Creo que todos estamos de acuerdo en que los combates de boxeo requieren reglas y que está bien que haya árbitros y jueces encargados de que se respeten esas reglas y de reprobar a quien las incumple. Lo que ninguno veríamos bien es que el árbitro, de vez en cuando, arrease un sillazo a uno de los púgiles, que las reglas fueran distintas para cada boxeador o que el coste de los jueces y el árbitro hiciera triplicarse el precio de las entradas. Lo que ha ocurrido en los mercados financieros estadounidenses es, en mi personalísima opinión, fruto no de una falta de regulación, sino de un exceso de intervención, que ha provocado distorsiones en el mercado (como las hipotecas subprime) y que, además, lleva a muchos empresarios a arriesgar más de lo que es sensato, sabedores de que ahí está Papá Estado para ponerles una colchoneta cuando se vayan a estampar contra el suelo. 12 comentarios a “Intervención vs. Regulación”Haga un comentario |
Suscríbete
cargando...
Últimos artículosÚltimos comentariosFuentes compartidas en Google Reader
|
Nube de etiquetasAeropuertos apple blogs burocracia cambio canon digital CDL Centro Democrático Liberal chapuzas crisis datos personales derechos derechos de autor economÃa elecciones El PaÃs empresas España Estados Unidos Evaluaciones gestión del cambio gestión del conocimiento Gestión empresarial Google humor impuestos Informática información Internet justicia leyes liberalismo libertad Libros literatura Música Manuel Delgado metodologÃas Microsoft negocios Parlamento Europeo Partido Popular periodismo PolÃtica pp privacidad propiedad intelectual PSOE Schneier seguridad SGAE software tecnologÃa teléfonos móviles terrorismo tráfico viajes Web 2.0 WordPress zapatero Recomendaciones al azarHistórico de artículosVínculos recomendadosAnclaos | Antonio Andújar | Antonio España | Centro Democrático Liberal | Desde el Exilio | Desde la Concha | Doce Doce | El blog de Luis Margol | El Joven Centrista | In partibus infidelium | Javier Capitán | Lumen Dei | Malaprensa | Mensa España | Ningunterra | Proyecto Seléucida | Schneier on Security | Siracusa 2.0 | Sobre la LÃnea | Spanish Pundit | The Dilbert Blog | Wonkapistas | |




Los trolls viven bajo los puentes, como todo el mundo sabe. Usa bombas guiadas por láser y los dejarás sin techo.
22 de Septiembre de 2008 a las 16:35:41
“Creo que todos estamos de acuerdo en que los combates de boxeo requieren reglas y que está bien que haya árbitros y jueces encargados de que se respeten esas reglas ”
Hombre, Manuel, creoq ue ya tienes una edad para ser tan cándido… ¿cómo que todos estamos de cauerdo? ¿todos? ¿Seguro? yo creo que el que sale beneficiado de que la reglas no se respeten no va a estar muy de acuerdo. Y como, por regla general, el que sale beneficiado suele acabar teniendo la sarten por el mango, ya me dirás tú…
El problema del liberalismo, como de todos los “ismos” es que es utópico y se empecina en tomar como punto de partida premisas falsas. Señores, desengañémonos: la honradez es la excepción que confirma la regla. Triste, pero cierto. Mientras no obremos en consecuencia iremos de hostia en hostia.
22 de Septiembre de 2008 a las 18:00:01
Vamos resumiendo: con intervención os in ella, cada uno a lo suyo y mariquita el último. Con perdón.
22 de Septiembre de 2008 a las 18:01:28
Un curioso sÃmil el utilizado en el post.
22 de Septiembre de 2008 a las 21:29:01
A ver, mutawakil, no nos equivoquemos: el que podamos estar de acuerdo en que la falta de respeto a las reglas sea tan común como lo contrario (o más, dirás) no implica que debamos teorizar partiendo de esa base. De hecho, ésa es la mejor forma de darle argumentos a quienes quieren controlar todas y cada una de nuestras acciones. Creemos reglas justas, pongámoslas en práctica, persigamos a quienes las incumplan y todos tan contentos.
22 de Septiembre de 2008 a las 22:39:14
Seleucus: es que en cuanto hablas de algún asunto mÃnimamente polÃtico, llueven los trolls. No te imaginas. Como soy de gatillo fácil, se van todos al spam echando leches.
Butzer: gracias por dejarte caer. Curioso… ¿para bien o para mal?
22 de Septiembre de 2008 a las 22:40:52
Me vas apermitir disentir. Por supuesto que debemos teorizar partiendo de la base de que el ser humano no respeta más regla que la de su propio beneficio. De lo contrario todo el desarrollo posterior será falso, palabrerÃa vana, como han sido la gran mayorÃa de los “ismos”. Si dices que uno más uno son tres, todo razonamiento matemático que desarrolles a continuación sobre esa base va a ser falso. Si partimos de milongas roussonianas que nunca han sido ciertas todo lo que construyamos sobre esa base va a ser falso.
Como sucede hoy.
Y ojo, que no digo que la falta de respeto a las reglas sea común; lo que digo es que es natural, y si me apuras, necesaria.
23 de Septiembre de 2008 a las 11:14:33
No sólo se te permite disentir, sino que se te agradece, mutawakil.
Quizá no me expresé bien: no digo que no haya que tener en cuenta que el ser humano, en general o de forma natural, no respeta las reglas. De hecho, si no lo tuviéramos en cuenta, no necesitarÃamos mecanismos de control y de “castigo”. Lo que digo es que no se puede crear un sistema regulatorio que contemple el que nadie lo va a respetar y que, por tanto, no tenga ni siquiera intenciones de regular aquello que debe regular. Debemos teorizar sobre la base de que las reglas serán respetadas en su mayorÃa, no por voluntad innata, sino porque existirá algún beneficio por respetarlas o un perjuicio por saltárselas. Sobre esa base, sà es posible construir un sistema legal que funcione.
23 de Septiembre de 2008 a las 11:43:24
DefÃneme eso de “un sistema legal que funcione”. ¿Qué funcione según qué criterios? El sistema legal libio, que supongo será bastante aberrante funciona de PM desde la perspectiva de Gadafi. Nunca perdamos de vista que las leyes las crean los hombres, y ya se sabe, el que parte y reparte se lleva la mejor parte ( o se las ingenia para que la lleven sus amigos). ¿Es eso malo? No lo sé. Lo realmente malo es quedar fuera del reparto…
23 de Septiembre de 2008 a las 13:10:41
Paradójicamente, tu ejemplo del sistema legal libio reafirma lo que yo decÃa en mi anterior comentario: es un sistema legal que se crea con la intención de regular algo y, efectivamente, lo regula, en lugar de ceder ante la anarquÃa y dedicarse a mirar desde la barrera porque nadie va a cumplir las normas. Sólo que, obviamente, no es un ejemplo de sistema legal (ni polÃtico) justo.
25 de Septiembre de 2008 a las 23:35:30
¿Quien habla de justicia? La justicia, como la libertad, la democracia, la igualdad son sólo grandes palabras que dan brillo a los discursos pero no se realizan en la práctica. Son como las liebres mecánicas de los galgódromos, espantajos que los lÃderes agitan delante nuestra para conducirnos por aquà o por allá, y nada más. A Gadafi le importa le importa muy poco la justicia de su sistema. Lo que importa es su negocio. Y salvando las distancias, nuestros polÃticos funcionan igual. A lo que yo voy es que la cuestión no está en regular o no regular. En ambos casos, el sistema va a tener lagunas y fisuras, que tal vez sean meros accidentes o tal sean intencionadas, no lo sé. Y la cosa es que habrá que sepa aprovecharlas y gente que no. Son parte del juego. Cuando uno salta alcampo de fútbol no se pone a debatir si serÃa mejor jugar sin fuera de juego, o si serÃa mejor que no hubiera árbitro. El juego es el juego. Y no hay más. Y desde luego, las trampas forman parte del juego…
26 de Septiembre de 2008 a las 10:58:26
[...] Siempre me ha interesado la vida de George Soros. De infancia y adolescencia marcadas por la amenaza del nazismo, Soros es uno de los inversores financieros más exitosos de la historia. Además, es conocido por su determinación a la hora de usar su dinero para producir cambios sociales en todo el planeta, lejos del tÃpico modelo del millonario filántropo y más cerca de otros roles como los de lobby activo, figura en la sombra y supuesto conspirador. Su empeño por hacer que su dinero valga para algo más y su forma de hacerlo, tan alejada del buenismo y de la lágrima floja, han hecho de George Soros un personaje temido y odiado por no poca gente pero, muy particularmente, por la derecha más conservadora: sus crÃticas a determinados aspectos de la globalizacióny su insistencia en la necesidad de regulación en los mercados le han situado en el punto de mira de quienes confunden la velocidad con el tocino y el liberalismo con la anarquÃa. [...]
7 de Febrero de 2009 a las 14:40:09