Taller sobre peaje free-flow en Bogotá

Ayer martes, participé en el seminario-taller sobre peaje free-flow organizado por ITS Colombia en Bogotá. Aunque vine aquí con pocas esperanzas sobre el aprovechamiento que iba a poder hacer del taller, salvo en lo referente al networking comercial, debo decir que los contenidos de varias ponencias resultaron de lo más interesantes. Me gustó particularmente todo lo referente a las necesidades de adecuación de la legislación en Colombia para dar seguridad jurídica a las concesionarias que opten por implantar peajes free-flow. Bogotá tiene ante sí una magnífica oportunidad para resolver muchos de sus problemas de movilidad mediante la implantación de este tipo de sistemas de peaje en las autopistas de su área metropolitana.

El taller resultó físicamente agotador, pues duró algo más de doce horas, aunque salpicadas por un par de coffee breaks y un almuerzo rápido. Si a esas doce horas le sumas mi jet lag (había llegado la noche antes desde Madrid), no sé cómo fui capaz de sacar una sonrisa y un chorro de voz cuando llegó mi turno para hablar a las 19:30, que para mi cuerpo eran las 02:30. Expuse los dos casos de estudio de peajes free-flow más destacados de mi empresa. Para mi sorpresa, recibí bastantes preguntas al finalizar (al contrario que el resto de los casos de estudio, que no recibieron ninguna), así que no debí de hacerlo del todo mal a pesar de las circunstancias. Me gusta cuando consigo despertar a una audiencia agotada.

La parte anecdótica del seminario estuvo en varios piques que se produjeron entre varios de los ponentes, todos competidores míos, por los comentarios de unos sobre la tecnología o los proyectos de los otros en sus respectivas presentaciones. ¡Qué ganas de complicarse la vida!

Venir aquí me ha dado la oportunidad de conocer la oficina de nuestra representación en Colombia y a varios de sus integrantes, todos gente majísima y con muchas ganas de trabajar y hacer negocios. Por cierto, hoy hemos ido a comer a un restaurante llamado Tienda de Café, en la zona de Usaquén: muy recomendable.

En resumen, una buena experiencia, salvo por el cansancio.


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